¿Qué significa HACER UNA DETENCIÓN “MIRANDIZADA”?

¿Qué significa HACER UNA DETENCIÓN “MIRANDIZADA”?

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15/7/2015 00:00
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Actualizado: 15/7/2015 00:00
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El mundo se ha hecho más pequeño que nunca. Las normas que se adaptan en EE.UU. tienen su versión correspondiente en Europa o viceversa. Es lo que ocurre con las detenciones. Todas están “mirandizadas”. ¿Sabe lo que significa? Aquí se lo contamos.

– Tiene derecho a guardar silencio, no declarando si no quiere.

– Tiene derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable.

– Tiene derecho a un abogado.

– Tiene derecho a que se ponga en conocimiento del familiar o persona que desee que ha sido detenido.  

Seguro que identifican esta fórmula. Los policías la recitan siempre, en las películas –y en la vida real-, cuando detienen a una persona.  

No es un recurso aparente de los guionistas sino una obligación que, en lo que se refiere a España, está reconocida tanto en la Constitución como en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.  

Lo que seguro que no saben es que es el resultado de una doctrina judicial, concebida en Estados Unidos, la llamada «doctrina Miranda».

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Toma su nombre de Ernesto Miranda, un hispano de nacionalidad estadounidense que, en 1963, fue detenido en Phoenix, Arizona.

Miranda fue acusado de robar 8 dólares a un empleado de banca a punta de pistola. Para obtener su confesión, los policías se condujeron de forma muy amigable, pero sin advertirle de su derecho a permanecer en silencio y su derecho a un abogado.

Sin advertirle, en suma, de la trascendencia que sus palabras podían tener para su propio futuro.

Miranda confesó no sólo el robo a mano armada, sino que reveló que había cometido, once días atrás, dos delitos mucho peores: el secuestro y la violación de una joven de 18 años.

A consecuencia de aquello, con su propia confesión como principal prueba de cargo, Miranda fue condenado a 20 años de cárcel por el secuestro y a 30 por la violación.

Sin  embargo, aquel, que parecía un caso más, estaba llamado a hacer historia en el mundo de la justicia.

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Sobre estas líneas, la ficha policial de Ernesto Miranda. 

John Frank y John Flynn, dos abogados defensores de los derechos civiles, asumieron la defensa de Miranda en el proceso de apelación ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Su argumento fue que a Ernesto Miranda nunca se le leyeron, y mucho menos, le explicaron sus derechos. Nadie le dijo que podía permanecer en silencio ni que tenía derecho a un abogado.

Según sus defensores, se había vulnerado la Sexta Enmienda.

En España, estos derechos están contemplados en el artículo 17.3 de la Constitución.

El Tribunal Supremo estadounidense finalmente falló a favor de los defensores del hispano en el histórico caso Miranda vs. Arizona.

Se anuló la condena, dando lugar a la “doctrina Miranda”, que todos los policías del mundo democrático han asumido como propia y que aplican desde entonces.

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Todas las detenciones, en todos los países democráticos del mundo, se hacen «mirandizadas», siguiendo todo el protocolo expuesto al principio de este artículo. 

A Miranda, sin embargo, la violación no le salió gratis.

El Estado de Arizona abrió un nuevo juicio contra él, poco tiempo después, por los mismos delitos. Como no podían utilizar su confesión, el fiscal se valió del testimonio de un testigo muy cercano a Ernesto Miranda: La mujer con la que convivía y a la que le había contado toda la verdad.

Gracias al testimonio de la mujer, Ernesto Miranda fue nuevamente condenado a las mismas penas, de 20 y 30 años de cárcel.

Cuando había cumplido once años, recibió el tercer grado y recuperó la libertad. Murió poco tiempo después, de un navajazo, en el curso de una pelea de bar. Fue de la forma más tonta. 

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