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Qué es la delincuencia vial y quiénes son sus víctimas

Qué es la delincuencia vial y quiénes son sus víctimas
Las víctimas no son solo los afectados directamente en los accidentes, también sus familias.
07/12/2016 05:55
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Actualizado: 07/12/2016 11:36
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La Criminología, por lo general, se ha centrado en estudiar otras tipologías delictuales (delincuencia juvenil, terrorismo, violencia de género…) dejando tente un lado otras como la violencia vial, que tan importante lugar ocupa en la sociedad pasada, presente y futura a nivel mundial.

Para más inri, en este tipo de delincuencia (la delincuencia vial) lo poco que se ha estudiado y analizado tiene que ver con el delincuente vial, sin caer en la cuenta el protagonismo y la acción directa que la víctima vial asume. Es por lo que, se hace necesario empezar a revisar y reflexionar sobre dicha premisa.

Desde el comienzo de estas líneas, se invita al lector a que caigan en la cuenta de que detrás de cada cifra, hay personas con nombre y apellidos, con familias y amigos sobre los cuales se vierten también los efectos por la acción de la delincuencia vial.

Para conectar mejor con esa problemática es preciso conocer la situación que envuelve a España.

Y es que, según últimas tablas estadísticas de la Dirección General de Tráfico, el número de accidentes asciende a total de 91.570, con 1.688 personas fallecidas (8 más que en 2013) y 9.574 heridos graves (512 menos que el año anterior), siendo un total de 11.262 personas.

Si el tamaño medio en cada hogar (según cifras de 2014 del Instituto Nacional de Estadística) es de 2,51 personas, (es decir, familiares a los que se les considera víctimas indirectas, bien porque han perdido un familiar o bien porque tienen que encajar su nueva vida y cuidar a esa persona que sufre lesiones y necesita de cuidados constantes), conforman un total, entre víctimas directas e indirectas, de 28.267,62 personas; personas con nombre y apellidos que, en España en el año 2014, fueron víctimas (directas e indirectas) de siniestros de tráfico.

Repunte de víctimas viales en horarios laborales

Las estadísticas muestran como además, existe un mayor repunte de víctimas viales en días y horario laborales, dando por hecho que dichas personas ocupan un puesto de trabajo en el que están presentes y pueden verse afectados compañeros, amigos, que de alguna manera experimentarán en mayor o menor medida el impacto y la sacudida de la siniestralidad vial.

Lo cierto es que, y atendiendo a la realidad, es cierto que nuestro país ha experimentado un descenso de los siniestros con fallecidos en lo últimos años, aunque sigue siendo la primera causa de muerte, sobre todo, en población menor de 30 años.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud refiere que los accidentes de tráfico son considerados como un problema de salud pública, siendo la octava causa mundial de muerte a nivel mundial, y predice, además, que si no se toman medidas urgentes, en 2030 se convertirán en la quinta causa de muerte.

Cifras (recordatorio al lector: detrás de cada número hay una persona con nombre y apellidos, con familia, amigos…) que muestran una realidad grave que afecta de manera directa a aspectos fundamentales de la vida personal, familiar, social y laboral.

Ante esta situación, en 2010 la Organización de Naciones Unidas y los gobiernos de todo el mundo proclamaron el “Decenio de Acción para la Seguridad Vial (2011 – 2020)”, con el objetivo de estabilizar, primero, y reducir después, la cifra de víctimas por accidentes de tránsito”.

Hemos desde ya, incorporar la ciencia criminológica y victimológica para conocer mejor todas las aristas que conforman la criminalidad vial, para actuar desde todos los puntos posibles, contribuyendo a implantar medidas cada vez más óptimas con rigor y validez, en pro de una seguridad vial para todos.

Se ha de lograr tratar de disminuir al máximo los delitos viales, evitando que la víctima llegue a serlo, pero atendiendo entre tanto, las necesidades y la restitución de todos las víctimas afectadas por este tipo de criminalidad.

¿Quién es la víctima vial?

Por lo general, y extrapolado a otro tipo de delitos, nos es más fácil identificar al delincuente, resultando a veces más costoso definir quién es la víctima.

Y en relación a la delincuencia vial, además, es difícil detectar como víctimas viales a determinados segmentos de la población o colectivos que, de manera directa e indirecta padecen las consecuencias de la criminalidad vial.

Por lo que, si no identificamos un problema, (si no consideramos víctimas a la familia, amigos, a la sociedad), ¿cómo vamos a darle la entidad suficiente para disminuir y prevenir los daños?

Entonces, las víctimas viales son quienes han sufrido el siniestro en sí, pero sin  olvidarnos de esos familiares y amigos que han perdido a un ser querido o que, tras dicho acontecimiento esa persona no podrá valerse por sí misma, generándose una nueva situación vital física y emocional, con necesidades que hemos como sociedad, atender.

La víctima de siniestros viales, pertenece a todas las edades, los grupos sociales, culturales, incidiendo sobre ellas secuelas severas irreversibles tanto físicas como psicológicas.

Por lo que conocedores de esta realidad, se ha de tener especial cuidado y atención en el tratamiento, intervención y prevención con este tipo de víctimas.

Atención e intervención de la víctima vial

Poco a poco vamos tomando contacto, conciencia y nos vamos responsabilizando a todos los niveles, con un problema que nos afecta a todos.

Ejemplo de medidas que se están poniendo en marcha a razón de la víctima vial, es la Estrategia de Seguridad vial 2011-2020 del Ministerio de Interior, donde se prioriza el tratamiento a víctimas de los accidentes de tráfico como una de sus 11 áreas prioritarias de actuación, exigiendo protección y apoyo no sólo a las personas afectadas (víctimas directas) sino también a sus familiares (víctimas indirectas).

En este tránsito de medidas, campañas, cambios que hemos venido experimentando, parece que estamos en un punto en el que hemos parar, para reparar a la víctima. Y es en este momento, cuando entrando en contacto con población víctimas el tráfico rodado, resulta curioso cómo ni siquiera ellas mismas se consideran como tal. Simplemente consideran que “les ha tocado”, que su vida se ha roto.

Aprenden a vivir con dolor y con sufrimiento.

Que importante resulta identificar a una persona como víctima, para atenderla como tal, pero eso sí, para que deje de serlo (desvictimización), siendo éste (como criminólogos) uno de nuestros objetivos base.

Deberíamos intervenir desde el minuto uno, tanto con víctimas directas, como con víctimas indirectas para aunque con dolor, podamos ayudarlas a continuar sus vidas sin sufrimiento, depositando una cierta esperanza para que recuperen así el control de sus vidas.

El proceso que supone retomar una vida tras un hecho tan traumático, supone hacer entender a las víctimas, que nada será como antes, pero se puede trabajar para lograr una nueva vida, simplemente diferente, con nuevas ilusiones y proyectos.

Y este proceso es responsabilidad y labor a nivel social, institucional (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, responsables de esa victimización secundaria), profesional (recursos y medios para una atención integral) y es labor y responsabilidad a nivel individual (la persona víctima tiene que ser parte activa en su proceso de desvictimización)

Una de las medidas pasa por informar a la ciudadanía de la existencia de Unidades de Atención a Víctimas de Accidentes de Tráfico en cada Jefatura Provincial de Tráfico, a la que pueden acudir para una primera orientación. Unidades, que a propósito, deberían conformar profesionales especializados como lo son los criminólogos.

Y para poderles ofrecer, según necesidades, los recursos disponibles para su asistencia y atención de manera individualizada y reducir así, los efectos negativos de los siniestros viales, hemos de empezar por escucharlas.

Solo así, lograremos efectuar y satisfacer los derechos de las víctimas viales, consiguiendo la adecuada y esperada desvictimización.

Una buena atención a las víctimas, pasan también por ofrecer una asistencia, atención e intervención por parte de las fuerzas y fuerzas de seguridad del estado para reducir la llamada victimización secundaria.

No debemos olvidar la importancia de la especialización a nivel jurídico y profesional (presente en otras tipologías victimales) para darle la entidad que requiere y disponer de más y mejores recursos para el gran número de personas (superando con creces al número de otras víctimas) afectadas e implicadas en la siniestralidad vial.

Es por lo que se requiere  una formación especializada para todos los profesionales e instituciones relacionadas con la víctima vial, de un lado y la inclusión de profesionales como los criminólogos, capacitadas y necesarias para el tratamiento, intervención y prevención de la criminalidad vial.

Victimología Vial

Hasta ahora, se ha ido centrando la problemática en la figura del conductor como peligro base considerando de otro lado, a la víctima como inocente. Pero sería un error olvidar que ambos pertenecen al iter-criminis por lo que hemos de abordar de manera global y conjunta ambas figuras.

En el pasado reciente, el accidente de circulación era considerado como un acto imprevisible, inevitable, motivado por causas del azar. Hoy, sabemos que son múltiples los factores que interaccionan en dicho proceso, por lo que podemos trabajar e incidir sobre ellos.

Es decir, en gran medida, se pueden prevenir y evitar. La Victimología vial dispone de herramientas y recursos de carácter preventivo y analítico para incidir sobre aquellos factores que conforman una red de interacciones entre el conductor, entorno físico y vehículo. Factores predisponentes y precipitantes (los sino son únicamente casualidades, sino causalidades).

Empezando por ejemplo con una buena recogida de datos para tras su correspondiente análisis, optimizar y perfilar planes y medidas cada vez más efectivos (quién mejor que el criminólogo para llevar a cabo esta función).

Este proceso de recogida de datos ha de ser en primera instancia correcto desde las instituciones, utilizando un único sistema de recopilación con variables similares al que tengan acceso a nivel nacional todas las instituciones implicadas, facilitando el desde las instituciones se ha de tomar conciencia de un lado de la importancia de una correcta recogida de datos para que el criminólogo vial pueda elaborar los pertinentes informes en pro de un análisis más certero y científico, para poder ofrecer planes de actuación sobre la población diana o de riesgo ( como son los niños y mayores de 65 años), motivando así ofrecer más formación, información y educación.

Con seguridad, a la larga, ahorraremos costes personales y materiales.

Conclusiones

Es por lo que, hemos de un lado tomar conciencia que el problema de la criminalidad vial nos afecta a toda la sociedad, por lo que tenemos que responsabilizarnos, y pasar a la acción para seguir logrando objetivos, al final, para todos.

Es cierto que en las últimas décadas hemos visto progresos destacables en cuanto al número de fallecidos en las carreteras, y eso nos permite a modo de termómetro, valorar que se han hecho cosas bien, pero que todavía se pueden mejorar e implantar nuevas adaptadas al momento en el que vivimos.

No podemos seguir cayendo en el error de considerar a la víctima vial como un mal llamado “efecto secundario”, restando culpabilidad al delincuente vial, por estar su conducta no demasiado condenada por la sociedad (por ejemplo, conducir bajo los efectos del alcohol). Debemos empezar a hablar de violencia vial, de delincuencia vial y de criminalidad vial.

Y debemos sobre todo escucharla.

Una de sus demandas es cambiar el accidente por siniestro, pues si se pudo evitar no es un accidente (escuchamos sus necesidades, y las atendemos). Sólo así, podremos seguir trabajando (a través de la criminología y la Victimología vial, gracias a la labor del criminólogo como profesional) para disminuir al máximo el número de víctimas viales (directas e indirectas).

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