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¿En qué consiste la Ley del embudo?

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Muchas veces hemos oído hablar de la Ley de la Selva, que viene a significar que allí, entre los animales, impera la ley del más fuerte: o comes, o te comen. También se suele decir que lo que más diferencia a los animales de los hombres, es la capacidad de este último para pensar. Sin embargo, a veces, esta capacidad de pensar nos sirve de muy poco y, otras la utilizamos sólo en beneficio propio sin importarnos demasiado los demás. Es lo que se conoce como Ley del embudo.

Se trata de una expresión acuñada popularmente para denunciar una injusticia surgida en alguna confrontación o disputa, en el que el más fuerte se queda con el lado ancho, mientras que el débil se queda con el estrecho, en clara referencia a la forma del embudo.

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Todos sabemos que el mandato único de esta ley puede resumirse en el dicho: «La ley del embudo/lo ancho para mi/lo estrecho para ti«. Pero lo que seguramente desconocen quienes aplican esta máxima es que la “Ley del embudo” es contraria a los principios de igualdad ante la ley y de equidad.

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Como bien decía Fernando de Rojas, el autor de «La Celestina», hace cinco siglos: «Inicua es la ley que igual a todos no es». Un dicho que aún hoy sigue en plena vigencia. De poco sirven las leyes que no se aplican igual a todos. Traducido al ámbito del Derecho flaco favor se hace cuando éste se aplica a unos y otros con distinta vara de medir, por eso algunos dicen que aman la Ley del embudo, para ellos el escudo, para nosotros, los males.

Vivimos en un Estado de Derecho, en una sociedad civilizada en la que las leyes marcan y definen nuestros caminos y estas establecen que todos somos iguales ante la Ley. Así, concretamente lo garantiza el artículo 14 de nuestra Constitución al afirmar que “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

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Sin embargo, cuando hablamos de corrupción, uno de las grandes preocupaciones de los ciudadanos según el barómetro del CIS, la sociedad percibe que los cientos de imputados con cargos políticos salpicados por ella no irán a prisión. Que la Justicia optará por el ancho del embudo, y esto no es así. Ya estamos viendo como algunos grandes nombres están inmersos en procesos judiciales y algunos, tras ser juzgados y declarados culpables, entrena en prisión.

En Estado de Derecho como el nuestro no tiene cabida la citada ley del embudo: donde a los amigos se les aplica el lado ancho y a los enemigos, el lado estrecho. Los jueces aplican la Ley sin distinciones, haciendo real el dicho de que la Justicia es ciega.

La ley es universal y no admite excepciones, y por eso, la Justicia es para todos o no será de ninguno. Porque la justicia cuando no es pareja deja de serlo para convertirse simplemente en venganza.

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