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El confinamiento por la COVID-19 agrava la situación de los pacientes con daño cerebral

El confinamiento se está cebando especialmente en los sujetos con trastornos ansiosos y depresivos anteriores, como sucede en gran cantidad de ocasiones en los pacientes con daño cerebral.
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La situación de alerta sanitaria que estamos viviendo va a ocasionar, sin duda, una serie de problemas de salud a largo plazo, de los que cada vez más profesionales comienzan a hacerse eco.

Además del estrés y la ansiedad, que se incrementan durante el confinamiento, hay que añadir otras complicaciones como el sedentarismo, el cambio de las dietas, la falta de luz solar o los trastornos del sueño, que se producen fundamentalmente en aquellos pacientes más susceptibles como los sujetos con daño cerebral de diversos orígenes.

De acuerdo con las Asociaciones APRODACE (Asociación de profesionales de Daño Cerebral) y Neurolegal (Profesionales en la defensa de los derechos tras un DCA), la incertidumbre de qué ocurrirá y de cuánto tiempo durará esta situación está provocando importantes efectos psicológicos entre la población.

Se está cebando especialmente en los sujetos con trastornos ansiosos y depresivos anteriores, como sucede en gran cantidad de ocasiones en los pacientes con daño cerebral.

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Según señala el doctor Pedro Bermejo, neurólogo, presidente de APRODACE, el confinamiento se ha asociado también a complicaciones como la hipertensión, cefaleas de diversos tipos incluyendo la migraña, mareo, palpitaciones y estados depresivos, muchas situaciones que ya ocurren en con mayor frecuencia en los pacientes con daño cerebral.

Esto puede dar errores diagnósticos puesto que en el caso de un paciente con lesiones cerebrales que inicie estas complicaciones, no sabremos si son debidas a la propia lesión o a un efecto directo del confinamiento.

En niños con daño cerebral, el confinamiento puede ser especialmente contraproducente.

Existen estudios que afirman que los niños que están aislados pueden experimentar una importante pérdida de peso y retraso en el crecimiento, debidos a complicaciones digestivas y dolor abdominal de origen psicológico. Parece que estas manifestaciones son típicas en los niños que sufren ansiedad intensa o deprivación sensorial.

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El neurólogo Pedro Bemejo, presidente de la Asociación de Profesionales de Daño Cerebral (APRODACE), advierte que para los niños con daño cerebral el confinamiento puede ser especialmente contraproducente.

DÉFICIT DE VITAMINA D

La falta de exposición solar y, por consiguiente, el déficit de vitamina D, es otro de los problemas que está causando estragos en la población en general, sobre todo en nuestros mayores, y de forma muy intensa en los sujetos con lesiones cerebrales.

Las investigaciones han demostrado que los suplementos de vitamina D son útiles en el tratamiento de las lesiones cerebrales agudas, y que su deficiencia empeora la recuperación en los casos de daño cerebral traumático.

El confinamiento también está asociado a una falta de ejercicio físico.

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La imposibilidad de caminar en la vía pública se asocia a un incremento nada recomendable del tiempo que destinamos a actividades sedentarias como ver la televisión, estar en la cama o leer.

El ejercicio físico, tanto aeróbico como anaeróbico, han demostrado incluso incrementar el tamaño y la multiplicación celular en diversas áreas del sistema nervioso.

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Otra de las consecuencias derivadas del confinamiento que debemos tener en cuenta es la falta de seguimiento por sus médicos correspondientes.

LA TELEASISTENCIA NO ES SUFICIENTE

Si bien la teleasistencia y las nuevas tecnologías suplen parcialmente las revisiones periódicas algunos aspectos no adquieren la misma calidad como la exploración neurológica, cuando esta es necesaria, o la neurorrehabilitación en sus diferentes dominios motora, cognitiva o terapia psicológica entre otras, por lo que el seguimiento de los afectados por daño cerebral en la situación actual no es ni mucho menos óptima para su recuperación

Por otro lado Abelardo Moreno, abogado, director de Neurolegal, afirma que la interrupción de los programas de neurorrehabilitación “por imposibilidad de salir a la vía pública por el estado de alarma o bien porque los centros donde estaban realizando sus programas de rehabilitación no pueden garantizar que no sean contagiados por el COVID-19, tenemos una conjunción de factores que, irremediablemente, se asociará con una progresión de los síntomas neurológicos en los pacientes con lesiones cerebrales”.

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Estas consecuencias pueden perfectamente conllevar a una avalancha de solicitudes de revisión por agravamiento tanto del grado de discapacidad como del grado de incapacidad laboral permanente.

En especial solicitudes de modificación del grado de discapacidad por encima del 65% o  modificaciones en la declaración de una incapacidad total para la profesión habitual (que deja la opción de trabajar en otras actividades distintas) a una absoluta (que implica la incapacidad para cualquier trabajo).

Abelardo Moreno Jiménez es abogado y presidente de la Asociación Neurolegal de Profesionales para la defensa de los derechos por Daño Cerebral Adquirido.

RECLAMACIONES PATRIMONIALES 

Aparte de las posibles reclamaciones patrimoniales que se pudieran ejercer por los perjudicados, siempre que concurran los requisitos para ello, por los daños producidos ante la falta de a debida  atención por parte de las administraciones ante un colapso sanitario por la COVID-19 y que, si bien, era inevitable si pudiera ser previsible o de mejor previsión por los responsables para minimizar el gran impacto en la salud que está teniendo en la ciudadanía.

Dentro de las limitaciones de cada uno, a los pacientes con daño cerebral no les queda otra que hacer lo posible para minimizar estas complicaciones derivadas del confinamiento ya que todas ellas van a incidir de forma muy negativa en sus secuelas neurológicas, dificultarán la recuperación e interferirán en los programas de rehabilitación.

Estas son controlar la alimentación, evitar conductas claramente perjudiciales como el consumo de alcohol o el tabaquismo, mantenerse activo físicamente en la medida de lo posible, exponernos al sol o consumir alimentos ricos en vitamina D. Son conductas que, si bien son recomendables para la población general, resultan imprescindibles para los sujetos con lesiones cerebrales.

En definitiva, la situación de confinamiento que puede suponer un paréntesis en la vida de muchas personas, no puede serlo para aquellos que tienen lesiones cerebrales ya que un mal planteamiento de esta situación puede provocar un empeoramiento de las secuelas y ensombrecer el pronóstico de las enfermedades neurológicas en el largo plazo, coinciden el doctor Bermejo y el abogado Moreno.