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Rafael Catalá: «El 30 de septiembre cerramos las candidaturas al Premio de la Mediación Empresarial, es el premio al poder del diálogo»

Rafael Catalá anima a optar al IV Premio al Impulso de la Mediación Empresarial hasta el 30 de septiembre y critica la mediación por burofax.

24/09/2026 03:09

Rafael Catalá tiene por delante una tarea delicada. Como presidente del Centro Español de Mediación (CEM) y de su jurado, le toca decidir la cuarta edición del Premio al Impulso de la Mediación Empresarial, un galardón que en solo tres convocatorias se ha convertido en un referente nacional en esta materia.

Hasta el 30 de septiembre, recuerda, se pueden presentar candidaturas a las dos categorías establecidas: mejores prácticas, para los proyectos que impulsan la mediación civil y mercantil; y mejor publicación divulgativa, para los trabajos que la acercan al público.

Queda, por último, el Premio de Honor, que no admite candidaturas. Lo elige el jurado, y el listón está muy alto. Los elegidos en las tres primeras ediciones han sido el magistrado Pascual Ortuño, el expresidente del Gobierno Felipe González y el padre de la Constitución, Miquel Roca Junyent.

«Los más evidentes ya están premiados», admite Catalá. «Lo que buscamos en la persona no es que sea un buen mediador sino que haya dedicado su vida al diálogo, a la negociación y al acuerdo», precisa.

El premio llega, además, en un momento incómodo. Año y medio después de que la Ley de Eficiencia Procesal obligara a intentar negociar antes de litigar, Catalá constata que demasiadas empresas despachan ese requisito con un burofax. Y pide a los tribunales que dejen de darlo por bueno.

El Premio al Impulso de la Mediación Empresarial está en su cuarta edición. ¿Cuál es su balance, llegados a este punto?

En el Centro Español de Mediación queremos fomentar la cultura de la mediación, tanto en el ámbito empresarial como en el conjunto de la sociedad. Se trata de demostrar que los conflictos pueden resolverse mediante el diálogo y la negociación, sin necesidad de acudir siempre a los tribunales.

Con ese objetivo nacieron nuestro Premio, que reconoce experiencias de éxito, buenas prácticas empresariales, publicaciones e investigaciones académicas sobre mediación.

Porque para que la mediación se consolide en España no basta con aprobar leyes.

Hace falta un cambio cultural, especialmente en la abogacía, y dar visibilidad a quienes ya están demostrando que otra forma de resolver los conflictos es posible. Nosotros estamos en ese cambio cultural.

¿Hasta qué punto el desconocimiento sigue siendo el principal obstáculo para la implantación de la mediación?

La Ley de Eficiencia Procesal ha establecido la obligación de intentar resolver determinados conflictos mediante la mediación u otros medios alternativos antes de acudir a los tribunales.

Ya contamos con un marco legal adecuado, aunque mejorable. Ahora el reto es conseguir que la mediación sea conocida y utilizada.

Si preguntamos a diez personas en la calle qué es la mediación, probablemente ocho no sabrían responder. Y las otras dos difícilmente podrían explicar en qué se diferencia del arbitraje. Existe un importante desconocimiento.

A ello se suma una cultura jurídica basada en el litigio. Los abogados llevamos siglos formándonos para defender a nuestros clientes ante los tribunales y ganar juicios.

La mediación propone algo diferente: sentarse con la otra parte y buscar una solución razonable, rápida, eficaz y económica, sin necesidad de llegar a juicio.

Cambiar esa mentalidad requiere tiempo y esfuerzo, pero ya estamos avanzando en esa dirección.

Es tan distinto que nos queda mucho tiempo de trabajo por delante. Pero en el camino estamos.

Rafael Catalá considera que la mediación necesita mayor visibilidad y un cambio cultural para consolidarse como alternativa a los tribunales. Foto: Confilegal.

El primer premio, el de Honor, reconoce una trayectoria profesional. Hasta ahora han premiado al magistrado Pascual Ortuño, a Felipe González y a Miquel Roca Junyent. Va a ser difícil encontrar un perfil de tan alto nivel para la cuarta edición, ¿no le parece?

Es verdad que cada año, cuando vas otorgando premios, no es que se te acaben los candidatos —en España hay muchos y muy buenos— pero los más evidentes ya están premiados.

Lo que buscamos es una acreditación de una vida dedicada al diálogo, a la negociación, al acuerdo, a la generación de consensos: esa es la base conceptual de la mediación.

No buscamos mediadores —no ha habido históricamente mediadores como tales— pero sí muchas personas con esas características, que se personifican, por ejemplo, en Pascual Ortuño, en Felipe González o en Miquel Roca. Y eso es lo que vamos a volver a encontrar este año.

Ha pasado un año y cinco meses desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2025 de Eficiencia Procesal. ¿Ha aumentado realmente la mediación empresarial o se ha convertido en un mero trámite de la demanda?

Uno de los problemas que tenemos en el entorno de la mediación, y en general en el mundo jurídico en España, es la falta de información.

El Consejo General del Poder Judicial tiene datos sobre cómo va la justicia, con cierto desfase temporal, pero en mediación no sabemos nada: no hay nadie que se dedique a compilar esa información.

No quiero echarle más carga a las administraciones públicas o al Ministerio de Justicia, pero alguien debería tenerla. Yo no soy capaz de decirle cuántos asuntos se han resuelto en mediación en España: es imposible, no hay ningún sistema estadístico.

«En materia de mediación tenemos un problema de información: lo que no se mide, no se puede evaluar y, por tanto, tampoco mejorar».

Nosotros tenemos un registro de mediadores. Si miramos la estadística judicial, en el primer trimestre de 2026 empezamos a ver una cierta bajada en asuntos civiles y mercantiles.

Alguien dijo que eso se debía a la mediación. A mí no me lo pareció. Porque luego los números han vuelto a subir. En materia de mediación tenemos un problema de información: lo que no se mide, no se puede evaluar y, por tanto, tampoco mejorar.

Dicho esto, la experiencia de quienes estamos en este mundo —que son comentarios, no datos estadísticos— es que la mediación no acaba de arrancar. Y, como usted apuntaba, la Ley 1/2025 planteó tantas alternativas de solución de conflictos que algunos han convertido ese trámite en un mero procedimiento.

¿Qué aspectos de la ley deberían modificarse?

En mi opinión, la ley fue excesivamente amplia en cuanto a los medios alternativos de solución de conflictos y metió un poco de todo.

Yo creo firmemente en la mediación —por eso presido el Centro de Mediación de la Cámara de Comercio— pero no quiero decir que los demás medios no sean relevantes.

Por ejemplo, a mí la oferta vinculante me parece discutible como medio alternativo: si usted tiene una deuda conmigo y yo simplemente se la recuerdo, eso no es negociar.

El espíritu de la ley era acercar a las partes en conflicto para que dialoguen, negocien y encuentren una solución. Creo que algunos de los medios alternativos que recoge no van en esa dirección.

La ley fue generosa, ecuménica, recogió todos los medios, pero no todos tienen la misma fortaleza para cambiar la cultura de gestión de conflictos en España.

El presidente del Centro Español de Mediación destaca la importancia de reconocer las iniciativas que están transformando la manera de resolver los conflictos empresariales. Foto: Confilegal.

¿Cómo se evita que las empresas utilicen la mediación únicamente para cumplir un requisito procesal, sin verdadera voluntad de negociar?

Se evita con información, con cultura y con rigor por parte de los tribunales, que no deberían admitir cualquier documento como prueba de que se ha intentado la negociación.

Un burofax que le recuerda a la contraparte su obligación y le dice que la cumpla o será demandada no responde al espíritu de la ley, y me temo que eso está pasando con mucha frecuencia.

Si los tribunales fueran más rigurosos a la hora de inadmitir ese tipo de «pruebas», sería un mensaje muy importante.

¿El Centro Español de Mediación no tiene ningún control sobre este tipo de actuaciones?

No, porque nosotros nos movemos en nuestro entorno, el de las cámaras de comercio y las empresas. Le digo que nosotros estaríamos dispuestos a ayudar y a colaborar.

El éxito de la mediación —y estoy seguro de que llegará a medio plazo— será fruto de la suma de esfuerzos de los colegios de abogados y procuradores, notarios, registradores, psicólogos, economistas, ingenieros, cámaras de comercio y empresas.

No me siento competidor de nadie, y el presidente José Luis Bonet [presidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de España] está de acuerdo conmigo: no tenemos ningún interés en acumular 200.000 asuntos o ingresar 2 millones de euros por nuestra cuenta.

Más allá del ámbito empresarial, ¿hay otros sectores donde debería impulsarse la mediación?

Hay muchos entornos sociales en los que debería promoverse y hacer una labor de divulgación. En el mundo de la música, por ejemplo: cada año surgen conflictos de orquestas y grupos que firman contratos, entran en litigio, y todo acaba en los tribunales cuando podría gestionarse de forma negociada y dialogada. Ese es el desafío que tenemos por delante.

¿Está llegando la mediación a las pymes o sigue siendo una herramienta utilizada principalmente por las grandes compañías?

Está llegando a las pymes, poco a poco. No quiero hacer un balance triunfalista, sería una tontería por mi parte, pero está llegando.

Las pymes no tienen departamentos jurídicos ni presupuesto para sostener un pleito durante años, así que son mucho más proclives a intentar gestionar una deuda o negociar con un proveedor.

Siempre decimos que los activos más importantes de una empresa son sus clientes, sus empleados y sus proveedores. Si se lleva mal con alguno de ellos, la empresa está muerta.

Puede llevar a un cliente o a un proveedor a los tribunales y ganarle el pulso, pero puede perderlo igualmente. Para una gran empresa quizá no importe tanto; para una pyme es vital.

«Hay gente muy buena en mediación familiar y empresarial, sobre todo en la pequeña y mediana empresa familiar, en conflictos que son más sociales que jurídicos —discusiones entre familiares, herencias, sucesión de gestores—».

Hablando del factor humano: ¿hacen falta más años para que los mejores mediadores adquieran suficiente reputación como para atraer a la gente?

Es un mercado todavía joven, pero sabemos que existen muy buenos profesionales. Se les identifica en los congresos y encuentros académicos: si nos juntamos veinte personas que sabemos algo de mediación, identificaríamos enseguida a quince o veinte que destacan, como pasa en cualquier sector.

Lo que ocurre es que, como la mediación no ha sido todavía una realidad importante en España, esos perfiles no acaban de aflorar.

Pero hay gente muy buena en mediación familiar y empresarial, sobre todo en la pequeña y mediana empresa familiar, en conflictos que son más sociales que jurídicos —discusiones entre familiares, herencias, sucesión de gestores—.

Será mucho mejor que se sienten los primos y lo arreglen entre ellos a que sea un juez quien les diga cómo gestionar el protocolo familiar.

Si dentro de diez años la mediación empresarial se hubiera consolidado plenamente en España, ¿qué tendría que haber cambiado para entonces?

Hay que transformar la cultura de la sociedad, y eso es, fundamentalmente, información. Vivimos en la cultura del litigio: en cuanto alguien discute con otro, piensa en llevarlo a los tribunales.

No voy a cuestionar el Estado de derecho ni la tutela judicial, por supuesto, pero la sociedad tiene que saber que, además de los tribunales, existen otras formas de resolver los conflictos.

Ahí hay una labor pedagógica importante por parte de los poderes públicos y de los profesionales —notarios, registradores, abogados, economistas— que deben decirle a sus clientes: intentemos hablar con la contraparte, intentemos negociar.

Si los profesionales ayudamos a los ciudadanos a entender que la negociación ofrece soluciones más rápidas, ganaremos tiempo. En España, un pleito mercantil, con todas sus instancias, tarda casi cinco años y cuesta varios miles de euros.

Catalá está en el camino para impulsar una nueva cultura empresarial en la que el diálogo sustituya al enfrentamiento judicial. Foto: Confilegal.

Hay asuntos muy complejos que acabarán en los tribunales, de acuerdo, pero ¿cuántos se pueden resolver sin necesidad de llegar a ellos?

Por último, ¿cómo van las candidaturas recibidas?

El plazo de presentación de candidaturas se cierra el 30 de septiembre. Por lo que me han comentado antes de venir, ya tenemos varias candidaturas en las dos categorías, el de mejores prácticas y el de mejor publicación divulgativa.

Quiero animar a quienes todavía estén dudando a que den el paso y presenten sus candidaturas. El 30 de septiembre cerramos las candidaturas al Premio de la Mediación Empresarial; es el premio al poder del diálogo

El Premio ya es conocido tanto en el ámbito de la mediación, como en las universidades, entre los investigadores y las empresas, que también presentan sus propias experiencias.

Creo que en España tenemos poco arraigada la cultura del reconocimiento, y estos premios son una buena oportunidad para dar visibilidad a quienes están haciendo las cosas bien.

El reconocimiento es una forma de poner en valor el trabajo bien hecho, dar visibilidad a quienes abren camino y animar a otros a seguir su ejemplo.

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