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Alejandro Touriño: «No hay otro programa en castellano que una Legal Tech y Legal Operations como The Valley»

Alejandro Touriño analiza cómo la IA, Legal Tech y Legal Operations están transformando el trabajo y el futuro de los abogados.

05/10/2026 08:10

The Valley lleva desde 2011 formando a profesionales y empresas en negocio, tecnología e innovación. Desde 2021 forma parte del Grupo Educativo UAX, la Universidad Alfonso X el Sabio, una integración con la que ambas instituciones han reforzado su apuesta por la formación continua y la conexión entre universidad, empresa y transformación digital.

Quince años después de su nacimiento, The Valley da ahora un paso específico hacia el sector jurídico con el Executive Program in Legal Tech & Legal Ops, que comenzará en octubre de 2026 y tendrá una duración de tres meses.

Su objetivo es preparar a abogados, responsables de asesorías jurídicas y otros profesionales del sector para un escenario en el que la inteligencia artificial, la automatización y la gestión basada en datos están modificando profundamente la forma de prestar servicios legales.

Al frente del programa está Alejandro Touriño, socio director de ECIJA en Madrid y responsable del área de Tecnologías de la Información de la firma, que ejerce como director académico de esta formación y forma parte de su claustro docente.

Su vinculación con The Valley parte precisamente de su experiencia profesional en la intersección entre Derecho, tecnología y transformación de los servicios jurídicos.

Touriño ya ha participado además en actividades académicas de The Valley centradas en cómo la inteligencia artificial está cambiando la función legal.

El planteamiento del nuevo programa parte de una idea que atraviesa toda esta entrevista: el abogado del futuro no dejará de necesitar un profundo conocimiento jurídico, pero eso ya no será suficiente. Tendrá que comprender la tecnología, el negocio, los procesos y las nuevas formas de organizar el trabajo.

«La inteligencia artificial va a cambiar radicalmente la manera en la que trabajamos», sostiene Touriño. Pero no cree que vaya a desaparecer el abogado.

Lo que cambiará será el tipo de tareas que realiza y el valor que el cliente espera recibir. Lo explica en esta entrevista… clarificadora. Muy clarificadora.

¿Por qué hacía falta un programa específico de Legal Tech y Legal Operations como el de The Valley?

Porque el cambio que estamos viviendo es muy profundo y los profesionales necesitan nuevas herramientas.

La iniciativa intenta reunir a profesionales que tienen experiencia real implantando soluciones tecnológicas en asesorías jurídicas y modificando procesos internos.

No es un programa pensado para enseñar Derecho sustantivo. Los participantes ya tienen formación jurídica.

Lo que queremos es trasladarles experiencias reales sobre cómo está cambiando el mercado y qué herramientas necesitan para adaptarse.

El director académico de The Valley sostiene que la inteligencia artificial no eliminará al abogado, pero sí obligará a redefinir su trabajo: menos tareas mecánicas y más criterio, estrategia, conocimiento del negocio y capacidad para aportar valor al cliente. Foto: TV.

¿Qué aporta que los profesores hayan implantado realmente esas soluciones?

Muchísimo. Una cosa es explicar teóricamente qué es una tecnología y otra muy diferente haber tenido que implantarla dentro de una organización.

Contamos con profesionales de grandes compañías del IBEX y multinacionales que operan en España para que expliquen tanto los casos de éxito como los errores que han cometido.

Eso es especialmente útil porque muchas veces se aprende tanto de aquello que ha funcionado como de lo que no.

¿Cuáles son los dos grandes ejes del programa?

Uno es Legal Tech, es decir, la tecnología aplicada al mundo jurídico.

Ahí hay que conocer qué soluciones existen actualmente, qué pueden hacer y cuáles tienen sentido para cada tipo de organización.

El segundo es Legal Operations, que se ocupa de mejorar cómo funciona un departamento jurídico o un despacho: procesos, eficiencia, costes, tecnología, proveedores, datos, formación y organización.

La combinación de ambos mundos forma parte de algo más amplio, que podríamos llamar innovación jurídica.

¿Por qué es importante que el programa combine ambos conceptos?

Porque introducir una herramienta tecnológica por sí sola no transforma un despacho.

Puedes comprar una inteligencia artificial muy avanzada y continuar trabajando exactamente igual que antes.

Para transformar realmente una organización hay que revisar procesos, determinar qué tareas pueden automatizarse, medir resultados, establecer responsabilidades y decidir cómo se utiliza la tecnología.

Eso es precisamente lo que conecta Legal Tech con Legal Operations.

Dice que no toda la tecnología sirve para todos. ¿Por qué es tan importante esa idea?

Porque es uno de los errores más habituales.

Una gran corporación puede necesitar una determinada tecnología para gestionar miles de contratos o procedimientos. Una empresa más pequeña probablemente necesite otra solución completamente diferente.

También cambia el presupuesto disponible.

Por eso primero hay que entender dónde estás, qué problema tienes y qué necesitas.

Después eliges la tecnología.

No al revés.

¿Ese es uno de los principales errores que cometen los despachos al adoptar inteligencia artificial?

Sí. Muchas veces nos encaprichamos de una tecnología y pensamos que va a resolver todos nuestros problemas.

El proceso debería empezar justo al contrario.

Primero tienes que identificar cuál es el problema real del despacho o de la asesoría jurídica. Después buscas qué herramienta puede solucionarlo.

La tecnología es un medio, no el punto de partida.

¿Y qué ocurre después de elegirla?

Hay que implantarla correctamente.

No sirve de mucho que cinco abogados de una firma utilicen individualmente una herramienta si la organización no tiene una estrategia común.

Puedes mejorar algunas tareas, pero no transformas realmente el negocio.

La verdadera transformación aparece cuando existe una gobernanza de la inteligencia artificial: herramientas aprobadas, procesos comunes y una política impulsada desde la dirección.

Ahí la mejora de eficiencia afecta al conjunto de la organización.

«The Valley intenta reunir a profesionales que tienen experiencia real implantando soluciones tecnológicas en asesorías jurídicas y modificando procesos internos. No es un programa pensado para enseñar Derecho sustantivo. Los participantes ya tienen formación jurídica».

¿Por qué Legal Operations tiene tanto peso dentro del programa?

Porque durante muchos años se ha prestado poca atención a todo aquello que no era estrictamente jurídico.

En una asesoría jurídica hay muchísimas decisiones que no consisten en interpretar una norma.

Hay que gestionar costes, tecnología, procesos, proveedores, relaciones con otras áreas, formación o sistemas de información.

Tradicionalmente muchas de esas tareas acababan en manos del director jurídico o del secretario general porque alguien tenía que ocuparse de ellas.

Ahora las organizaciones más avanzadas entienden que son suficientemente importantes como para tener profesionales dedicados específicamente a ellas.

Ahí aparece la figura del Legal Operations Manager. ¿Qué hace exactamente?

Es el profesional que se ocupa de que el departamento jurídico funcione mejor.

Puede analizar costes, introducir tecnología, mejorar procesos, coordinar proveedores, implantar sistemas de medición o encargarse de la formación.

Aporta una visión de gestión al departamento jurídico.

Y creo que su papel será cada vez más importante.

También están apareciendo perfiles como el Legal Engineer y el Legal Technologist. ¿Qué diferencia tienen respecto del abogado tradicional?

Son perfiles híbridos. Combinan conocimiento jurídico, tecnología y, en muchos casos, consultoría.

Un Legal Engineer puede entender un problema jurídico, analizar un proceso y determinar qué tecnología puede utilizarse para hacerlo más eficiente.

Ese tipo de profesionales es cada vez más necesario porque los clientes ya no piden únicamente un contrato, una demanda o un informe.

También piden ayuda para transformar digitalmente su función jurídica.

¿Veremos entonces equipos jurídicos formados por abogados, ingenieros y especialistas en datos?

Sin ninguna duda. De hecho, ya está ocurriendo. Hace años una asesoría jurídica estaba formada casi exclusivamente por abogados.

Ahora empiezan a convivir perfiles diferentes porque los problemas también son diferentes.

El abogado tiene que seguir aportando conocimiento jurídico, pero necesita trabajar con profesionales especializados en tecnología, datos, procesos o gestión.

Touriño defiende que el abogado del futuro deberá combinar un conocimiento jurídico sólido con tecnología, comprensión del negocio y nuevas formas de organización del trabajo. Foto: TV.

¿Ese cambio explica también la necesidad del programa de The Valley?

Claro. Las salidas profesionales están ampliándose. Pero al mismo tiempo el abogado se encuentra con una competencia profesional que antes no existía.

Por eso ya no basta con dominar únicamente el Derecho.

Hay que entender cómo funciona el ecosistema en el que presta sus servicios.

¿La formación universitaria tradicional está preparada para eso?

Tiene el mismo reto que cualquier despacho: adaptarse. El conocimiento jurídico sigue siendo absolutamente imprescindible.

Es el pilar.

Pero hay que añadir otras capas. Hace años se decía que había abogados que sabían Derecho y abogados que sabían Derecho e inglés.

Hoy el inglés prácticamente se presupone.

La nueva capa es la tecnología, las nuevas metodologías de trabajo y la capacidad de comprender el negocio.

¿La inteligencia artificial es el gran detonante de este cambio?

Es uno de ellos, y probablemente el más visible. Estamos ante un cambio radical en la forma de trabajar.

Muchas tareas que históricamente realizaban abogados pasarán a ejecutarse total o parcialmente mediante tecnología.

Pero eso no significa que desaparezca el abogado. Significa que cambiarán sus funciones.

¿Qué tareas seguirán siendo propias del profesional?

Sobre todo la confianza y el criterio. Muchas tareas manuales pueden automatizarse.

Pero la relación con el cliente, la estrategia, el criterio jurídico y la comprensión del negocio son mucho más difíciles de sustituir.

Ahí seguirá estando una parte fundamental del valor del abogado.

¿Los abogados junior serán los primeros perjudicados por la IA?

No comparto esa idea. Se habla mucho de que la inteligencia artificial acabará con los abogados junior.

Yo creo que puede acabar con los profesionales que no se adapten. Creo mucho en la tecnología, pero creo todavía más en las personas.

Un profesional bien formado y que sepa utilizar la tecnología puede aportar muchísimo más valor.

¿Qué habilidades debería adquirir entonces un abogado joven?

En primer lugar, conocimiento jurídico profundo. Después, capacidades de comunicación, síntesis, empatía, comprensión del negocio y manejo de tecnología.

El abogado que piense que puede diferenciarse solamente porque conoce las normas tendrá más dificultades.

El profesional que combine todos esos elementos será más ágil, más preciso y más útil para el cliente.

«Las salidas profesionales están ampliándose. Pero al mismo tiempo el abogado se encuentra con una competencia profesional que antes no existía. Por eso ya no basta con dominar únicamente el Derecho. Hay que entender cómo funciona el ecosistema en el que presta sus servicios».

¿Saber hacer buenos prompts seguirá siendo importante?

Cada vez menos. Hoy todavía es útil saber formular correctamente una petición a una inteligencia artificial.

Pero la tecnología está evolucionando hacia sistemas que entienden cada vez mejor el lenguaje natural.

Probablemente dentro de poco bastará con formular una pregunta inicial y será la propia IA la que vaya solicitando la información adicional que necesite.

No creo que saber escribir prompts vaya a ser el gran elemento diferenciador a medio plazo.

¿Qué será entonces lo verdaderamente diferencial?

El pensamiento crítico. El abogado no aporta valor si simplemente repite al cliente lo mismo que ha dicho una inteligencia artificial.

Tiene que analizar la respuesta, cuestionarla y añadir criterio. El cliente llegará cada vez más informado.

Ya ocurrió con Internet y ahora está ocurriendo de nuevo con la IA.

¿El cliente llegará al despacho después de haber consultado previamente una inteligencia artificial?

Ya está ocurriendo. Hace veinte o treinta años existía una enorme diferencia entre la información que tenía el abogado y la que tenía el cliente.

Internet redujo esa distancia. Ahora la IA la reduce todavía más.

Muchos clientes acudirán al abogado después de haber hecho una primera consulta a una herramienta.

Eso obliga al profesional a elevar el nivel de la conversación.

¿Cambiará también el modelo de negocio de los despachos?

Necesariamente. Un despacho que pretenda seguir funcionando exactamente como hace quince años tendrá problemas.

Pensemos en una due diligence, la revisión de documentación que se realiza, por ejemplo, antes de comprar una empresa.

Tradicionalmente podía requerir equipos muy numerosos de abogados. Ahora parte de ese trabajo documental puede realizarse con inteligencia artificial.

El valor del abogado se desplaza hacia la estrategia, la identificación de riesgos importantes, la comprensión del negocio y la negociación.

¿Cómo será el abogado que buscarán los despachos dentro de cinco años?

Especializado jurídicamente, pero también capaz de entender el negocio. Flexible, facilitador, con conocimientos tecnológicos, familiarizado con nuevas metodologías y capaz de trabajar en equipo.

Esa combinación será cada vez más importante.

¿The Valley puede convertirse también en una cantera de ese nuevo talento para los despachos?

Naturalmente las firmas siempre estamos buscando talento. La tecnología importa mucho, pero el talento importa todavía más.

En ECIJA acabamos de incorporar 36 personas. Muchos jóvenes son nativos digitales y se relacionan de forma natural con estas tecnologías.

Un profesional que llegue además formado en Legal Tech, Legal Operations y nuevas metodologías tiene un encaje muy natural en las necesidades actuales de las firmas.

¿Qué diferencia al programa de The Valley de otras propuestas formativas?

Su planteamiento conjunto. No conozco otro programa en castellano que reúna en un formato ejecutivo Legal Tech y Legal Operations con esta orientación práctica.

Queremos explicar tecnología, pero también cómo transformar procesos y organizaciones.

Porque el futuro del sector jurídico no consiste simplemente en utilizar inteligencia artificial.

Consiste en cambiar la manera en la que trabajan los abogados, los despachos y las asesorías jurídicas.

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