Conocí a Alberto Núñez Feijóo en 1978, el año en que se aprobó nuestra Constitución, cuando cursaba la carrera en la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela, y fue a través de mi hermano Marco, que, junto con Feijóo, empezaba el primer curso en la misma Facultad compostelana.
Nuestras vidas personales y profesionales corrieron por derroteros diferentes: accedí a la carrera judicial después de un periodo de profesor universitario, y Feijóo ingresó en el Cuerpo Superior de la Administración General de la Xunta de Galicia.
Sin embargo, mi hermano Marco, catedrático de Derecho Procesal, por desgracia ya fallecido, continuó manteniendo a lo largo de todos estos años una relación de estrecha amistad con el más que probable próximo presidente del Gobierno de España.
Sin duda, Núñez Feijóo sufrió una gran decepción en julio de 2023, al comprobar que, aun habiendo ganado las elecciones generales, no iba a poder gobernar España.
Su marcha un año antes de Galicia para liderar el Partido Popular lo fue, sin duda, con el destino señalado en La Moncloa. En estos tres años transcurridos de travesía del desierto madrileño, para volver a intentarlo en las elecciones adelantadas al día 29 de noviembre de 2026, ha aprendido del error cometido al dar por vencido entonces a Pedro Sánchez, al que no conocía bien desde su “reinado” galaico.
En esta larga marcha hacia la tierra prometida de la Presidencia del Gobierno ha acumulado un bagaje de experiencia parlamentaria en el Congreso de los Diputados, de la que carecía absolutamente, pues nunca había llegado a concurrir antes a unas elecciones generales, y solo ocupó un escaño de senador por elección del Parlamento de Galicia, a los efectos de que pudiera debatir en esa Cámara Alta y en las escasas ocasiones en que Pedro Sánchez hacía acto de presencia.
Feijóo es un político de raza, que posee una buena formación jurídica, con conocimientos profundos en la dirección y la gestión de los asuntos públicos, habiendo asumido muy temprano responsabilidades en la Administración autonómica gallega, en donde, antes de ser su presidente, fue secretario general técnico de la consellería de Agricultura, vicepresidente del Servicio Gallego de Salud, conselleiro de Política Territorial, Obras Públicas y Vivienda, y vicepresidente de la Xunta, así como en la Administración estatal, en la que estuvo al frente de servicios públicos de la relevancia y envergadura como fueron las presidencias del INSALUD y de la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos.
En estos tres años desde las elecciones de 2023, Feijóo ha continuado mejorando la comunicación con los ciudadanos, en una dura tarea de oposición al Gobierno “sanchista”, diseñando con su equipo las estrategias más adecuadas para esta vez estar en las mejores condiciones de formar un Gobierno presidido por él.
En este tiempo ha cometido algún error, como es natural, pero ha sabido rectificar en todas las ocasiones y ha demostrado que es un político honesto, con una buena preparación intelectual y con muchas ganas de culminar su propio periplo de actividad política de más de 30 años, sirviendo a los españoles desde la alta responsabilidad de la Presidencia del Gobierno en uno de los momentos más difíciles y convulsos por los que atraviesa nuestra democracia.
Feijóo sabe bien que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado, y no en las calles que algunos pretenden incendiar a toda costa; que el Estado de Derecho es el pilar de la democracia y que sin reformas no hay futuro y sin una buena visión estratégica es imposible hacer buena política.
Feijóo sabe bien que gobernar es dar pequeños pasos sabiendo cuál debe ser la dirección y el horizonte. Es necesario tener un horizonte temporal a largo plazo y un modelo de país frente a todas las carencias de la política actual, en la que no se contraponen proyectos políticos, sino consignas de brocha gorda.
Alberto Núñez Feijóo es el político que puede hacer posible este nuevo tiempo de otra política, como un ejercicio de honestidad y capacidad.
No sé hasta qué punto el funcionamiento interno de su partido le va a permitir que se abra paso con esa nueva forma distinta de ejercer la política. Los contrapesos y la falta de debate interno son algunos puntos débiles que no solo afectan al Partido Popular, pero que deberían abordarse, pues no hay otra alternativa.
Veremos si, llegado el momento, Feijóo sabrá contar con los mejores, los más preparados y más capacitados para llevar adelante la gobernación de España, por encima de afiliaciones de partido y de cuotas territoriales.
Alberto Núñez Feijóo, en su primer gran acto multitudinario en el recinto de IFEMA, a los pocos días de la convocatoria electoral, prometió que iba a hacer un «cambio sereno, pero contundente» en España si lograba gobernar tras las elecciones generales del 29 de noviembre, que dirigiría el país «con la verdad por delante» y que «nunca» iba a dejar «tirados» a los españoles cuando surgieran problemas, como hizo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Así lo dijo en ese primer acto de precampaña, y lo está repitiendo bajo el lema ‘Por fin’. Porque no viene a hacer carrera ni a buscar ninguna posterior salida de la Presidencia del Gobierno.
Es un político que viene a hacer lo que sabe hacer bien, que es gobernar, consciente de lo que esperan los españoles de él, convocándolos a un proyecto de «reconstrucción nacional» para un «cambio sereno, pero contundente».
«España necesita abrir un tiempo nuevo y lo vamos a abrir. Vamos a reconstruir nuestras instituciones para que nadie vuelva a pensar que el poder está por encima de las normas. Nadie y tampoco nosotros. Que quede claro, el poder no está por encima de las normas en ninguna democracia, afecte a quien afecte», señaló en ese acto que marcará a todos los que han de venir hasta el cierre de la campaña electoral en la noche del viernes 27 de noviembre.