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Manuel Aragón advierte ante el Rey de que las democracias mueren más por la debilidad de sus defensores que por la fuerza de sus enemigos

Manuel Aragón alerta ante el Rey del debilitamiento del Estado constitucional y de que las democracias mueren por la debilidad de sus defensores.

27/10/2026 12:10

El magistrado emérito del Tribunal Constitucional Manuel Aragón Reyes advirtió este lunes, ante el Rey Felipe VI, de que las democracias “suelen perecer no tanto por la fuerza de sus enemigos como por la incompetencia, debilidad e incluso traición de los que debieran ser sus amigos”.

Lo dijo al evocar el libro colectivo “España: democracia menguante”, que firmó con otros profesores. “Hoy, esa ‘mengua’ no se ha atenuado, más bien se ha acentuado”, afirmó.

A su juicio, el Estado constitucional español atraviesa un “debilitamiento” agravado “con una especial intensidad” por “la muy grave erosión de determinadas instituciones”, que ya no produce solo desafección ciudadana, sino también “una extrema polarización ideológica que, si no se remedia, puede convertirse en una auténtica polarización social”.

Aragón pronunció la lección inaugural del curso 2026-2027 de las Reales Academias integradas en el Instituto de España, en un acto solemne presidido por Felipe VI en la sede de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

La sesión conjunta se celebra cada año en una academia distinta, por turno rotatorio, y esta vez le correspondió a la de Jurisprudencia. El discurso llevaba por título “Significado y valor de la Constitución”.

No es un nombre cualquiera para ese encargo. Aragón, catedrático de Derecho Constitucional y académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, lleva décadas siendo una de las voces de referencia en la doctrina constitucional española.

Que la casa de los juristas fuese la anfitriona y que la lección versara sobre la norma fundamental dio al acto un perfil marcadamente jurídico.

El Instituto de España agrupa a las Reales Academias que representan la excelencia en las ciencias, las artes y las humanidades, y cuya función esencial es la conservación y difusión del conocimiento.

De izquierda a derecha, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños; el Rey Felipe VI, y el presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Luis María Cazorla Prieto, durante la apertura del curso 2026-2027 de las Reales Academias.

El recibimiento

A su llegada, el Rey fue recibido por el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, y el presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Luis María Cazorla Prieto.

Ya en el salón Hernández Gil, don Felipe saludó, entre otras autoridades, a la presidenta del Tribunal de Cuentas, Enriqueta Chicano; a la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, y a los presidentes y directores de las Reales Academias que forman parte del Instituto.

La foto de familia institucional resultó elocuente: en una misma sala coincidieron la cúpula del Tribunal Constitucional, la de la Fiscalía, la del órgano fiscalizador de las cuentas públicas y el titular de Justicia.

Vista general del acto de apertura del curso 2026-2027 de las Reales Academias, presidido por Felipe VI en la sede de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

La sesión académica

El Rey accedió después al salón de actos acompañado por Bolaños y Cazorla para ocupar su lugar en la mesa presidencial y abrir la sesión.

Cazorla Prieto pronunció el discurso de bienvenida, centrado en la importancia de las Reales Academias. A continuación, la secretaria general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Ana Fernández-Tresguerres, dio lectura a la memoria de actividades del curso anterior del conjunto de las Reales Academias.

El plato fuerte llegó con la intervención de Aragón, que construyó todo su discurso sobre la distinción que anunciaba el título. El significado de la Carta Magna viene de su condición de norma suprema y de lo que dice su texto.

Su valor, en cambio, viene “del espíritu que la anima”: la concordia y el consenso que hicieron de la de 1978, “por primera vez en nuestra Historia”, una Constitución “de todos y para todos”.

Recordó que ese texto ha resistido “dos intentos de golpe de Estado, en 1981 y en 2017”. Lo atribuyó al respaldo de las principales fuerzas políticas y de los ciudadanos, al funcionamiento del Estado de Derecho y, “muy especialmente”, a “la decidida e inmediata defensa de la Constitución por nuestro Rey anterior y nuestro Rey actual”.

Legitimidad de origen y de ejercicio

El catedrático insistió en que votar no basta. “La democracia constitucional recibe su legitimidad de abajo arriba, a través de la voluntad popular, pero se mantiene de arriba abajo”, mediante su funcionamiento eficaz y “el comportamiento ejemplar, por término medio, de los políticos y las instituciones”.

Calificó la expresión “democracia iliberal”, “tan lamentablemente usada en nuestros días”, de oxímoron.

No citó a ningún partido ni al Gobierno, pero sí enumeró lo que en su opinión hace falta: que el control del poder sea firme, que las leyes protejan “los intereses generales y no cualesquiera intereses particulares” y que se cumplan las reglas del parlamentarismo entre el Legislativo y el Ejecutivo.

Pidió también que al rival político se le trate como “adversario” y no como “enemigo” y que la alternancia no se descalifique. “Muy principalmente”, añadió, debe respetarse la independencia judicial, “uno de los pilares más firmes del Estado de Derecho”.

Público asistente a la apertura del curso 2026-2027 de las Reales Academias en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

Reformar, no destruir

La imagen central del discurso fue homérica. “Atémonos, pues, a nuestra Constitución como Ulises se ató al palo del navío para no dejarse subyugar por el canto perverso de las sirenas”.

Las sirenas de hoy, explicó, son quienes “manipulan arbitrariamente el texto constitucional” o “propugnan abiertamente que la Constitución no se cumpla, o que la acción política está por encima de ella”.

Aclaró que defender la Constitución no significa dejarla inmóvil, porque ella misma prevé su reforma, “siempre para mejorarla, pero nunca para destruirla”.

Terminó con unas palabras del mensaje de Navidad del Rey de 2023: “Fuera de la Constitución no hay democracia ni convivencia posibles, no hay libertad, sino imposición, no hay ley, sino arbitrariedad”.

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