Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presentado una denuncia por suplantación de imagen contra los responsables de un vídeo elaborado con inteligencia artificial (IA) y difundido por el Partido Popular durante la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre.
Su defensa sostiene que la formación política ha utilizado su imagen y una recreación de su voz, sin consentimiento, para atribuirle declaraciones falsas con la intención de humillarla y desacreditarla públicamente.
La denuncia, a la que ha tenido acceso Europa Press, se dirige contra las personas encargadas de gestionar los perfiles oficiales del PP en las redes sociales y contra quienes, dentro de la organización, pudieran haber dado instrucciones para elaborar o difundir el montaje.
La iniciativa judicial fue anunciada este miércoles por Pedro Sánchez durante una entrevista en el pódcast Keep It Cutre, en la que criticó el uso de estas herramientas en la propaganda electoral.
El presidente acusó al PP de recurrir a técnicas similares a las utilizadas por los acosadores de menores y reprochó a Alberto Núñez Feijóo haber avalado la difusión del vídeo.
Un vídeo que atribuye declaraciones falsas a dirigentes socialistas
La controversia comenzó con la publicación de un vídeo del PP que imitaba otro difundido previamente por el PSOE.
En la grabación original, Sánchez reivindicaba su condición de «zurdo» en el contexto de la visita a Madrid del presidente argentino, Javier Milei.
El PP respondió con un montaje generado mediante inteligencia artificial en el que aparecen Begoña Gómez, el exministro José Luis Ábalos y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, entre otros.
Los personajes recreados pronuncian supuestas confesiones relacionadas con diferentes controversias políticas y judiciales.
En el caso de Gómez, la grabación le atribuye haber conseguido una cátedra universitaria gracias a la condición de presidente del Gobierno de su marido.
No se trata de declaraciones reales, sino de imágenes y voces manipuladas digitalmente.
La defensa de Gómez sostiene que nunca pronunció esas palabras ni autorizó la utilización de su imagen o su voz para elaborar el montaje.
Considera, además, que la finalidad de la publicación no es formular una crítica política, sino denigrarla personalmente mediante la atribución de hechos que rechaza.
La denuncia invoca el delito de suplantación de imagen
Desde el punto de vista jurídico, la denuncia se apoya en la regulación penal de determinadas conductas de utilización no consentida de la imagen de otra persona.
En concreto, el artículo 172 ter.5 del Código Penal castiga el uso de la imagen ajena, sin autorización, para realizar anuncios o crear perfiles falsos en redes sociales u otros medios de difusión pública cuando ello provoque una situación de acoso, hostigamiento o humillación.
La pena prevista es de tres meses a un año de prisión o multa de seis a doce meses.
Sin embargo, la utilización de inteligencia artificial para recrear a una persona no constituye automáticamente este delito. Para apreciar responsabilidad penal deben concurrir los elementos exigidos por el precepto, cuya aplicación al vídeo tendrá que valorar el órgano judicial competente.
La defensa de Gómez considera que esos requisitos se cumplen porque la publicación habría utilizado su identidad visual y una simulación de su voz para atribuirle afirmaciones falsas y perjudiciales.
También invoca la protección de sus derechos al honor, la propia imagen y la identidad personal.
El escrito reconoce que la regulación de los deepfakes humillantes se encuentra todavía en desarrollo, aunque señala que existen pronunciamientos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y reformas legislativas que abordan algunos de los riesgos asociados a estas prácticas.
«No es candidata ni ocupa ningún cargo político»
Uno de los argumentos centrales de la denuncia es la condición de particular de Begoña Gómez.
Su defensa recuerda que no desempeña un cargo político ni concurre como candidata a las elecciones generales del 29 de noviembre.
En consecuencia, sostiene que su matrimonio con Pedro Sánchez no justifica someterla a una campaña de descrédito personal mediante la manipulación de su imagen.
El escrito insiste en que ser conocida públicamente por su relación familiar con un candidato no equivale a ejercer una responsabilidad política.
Este planteamiento introduce una cuestión jurídica relevante: hasta dónde alcanza la libertad de expresión y de crítica política cuando la sátira electoral utiliza la imagen de una persona que no participa directamente en la competición electoral.
La respuesta exige ponderar los derechos al honor y a la propia imagen con la libertad de expresión, especialmente protegida en el debate político.
La condición de particular es un elemento relevante para esa valoración, aunque no determina por sí sola que cualquier parodia constituya un ilícito penal.
¿Basta con advertir de que el vídeo está creado con IA?
La denuncia también cuestiona uno de los argumentos que pueden utilizarse para defender este tipo de publicaciones: que el espectador esté advertido de su carácter artificial.
El vídeo incluye una referencia a su elaboración mediante inteligencia artificial.
Sin embargo, los abogados de Gómez consideran que esa indicación no legitima la utilización de su imagen ni neutraliza el posible perjuicio causado.
Para la defensa, una advertencia formal no elimina el carácter presuntamente humillante del contenido ni convierte en consentida la reproducción de una identidad personal.
Esta es otra de las cuestiones que deberá examinar la Justicia: si el carácter reconociblemente satírico de una publicación y la advertencia sobre el uso de IA excluyen su posible relevancia penal.
Por ahora, la denuncia recoge la versión de Begoña Gómez y los argumentos de su defensa. Corresponderá al órgano judicial que resulte competente determinar si los hechos denunciados presentan indicios de delito.
El caso vuelve a situar en primer plano los límites jurídicos de la propaganda electoral elaborada con inteligencia artificial, especialmente cuando permite atribuir a personas reales palabras que nunca pronunciaron.