Nunca empieza por un lateral. Siempre por el centro o por una esquina, y desde ahí va “barriendo” el lienzo, capa sobre capa, hasta cubrirlo entero.
Santiago Pedraz pinta igual que instruye: con orden y sin prisa, aunque a veces solo le dedique dos minutos. El magistrado de la Audiencia Nacional ha llevado cuatro de esos lienzos a la Galería Canalejas de Madrid, en la primera planta del edificio Canalejas, el histórico complejo de lujo del centro de Madrid. Confiesa que estar allí le abruma.
Los que le conocemos sabemos que la timidez es una parte de su carácter. A diferencia de otros colegas, él no busca las candilejas, el foco público.
Lleva pintando desde hace casi 30 años, pero no fue hasta hace tres que decidió «salió del armario» como pintor, de forma pública, participando en una exposición con una amiga pintora. Desde entonces sus amigos del mundo del arte le han convencido de la calidad de su obra y ha accedido a hacer pequeñas apariciones.
Como la de este caso. Aurora Algar, marchante de arte, fundadora de Bobby Art, una plataforma dedicada a difundir, exhibir y vender obra artística, una mujer con un gran «ojo clínico» ha podido contar con cuatro obras del juez-pintor en la exposición comercial que ha organizado en la Galería Canalejas de Madrid bajo el título de «El arte de lo extraordinario».
Una exposición de nivel
Los cuatro cuadros de Pedraz comparten paredes con artistas de la dimensión de Ismael Lagares, Jorge Hernández, Moisés Yagües, Charles Villanauve o Manolo Valdés, Tapies y Genovés. Palabras mayores. «Esto es arte accesible. Arte para todo tipo de público. Son obras cuyo valor va de los 1.000 euros al millón de euros. El Genovés, por ejemplo, está tasado en 180.000 euros», explica Aurora Algar.
Pedraz presenta cuatro piezas. Singularidad», un 70×49; «Es tanto y lo es todo», tamaño 100×100; «Quizás es pronto para llegar tarde», el más grande, un 97×130; y «Conexiones que inspiran», 90×90.
Confiesa que alguna vez, en las primeras exposiciones en las que participó, sentía el «síndrome del impostor». Ya no. El magistrado que instruye algunas de las causas más delicadas de la Audiencia Nacional, confiesa estar orgulloso de su obra.
Santiago Pedraz no pinta en el despacho. Lo deja claro antes de que nadie termine la pregunta. En su juzgado de la Audiencia Nacional hay sumarios, autos y declaraciones. Los pinceles esperan en casa, al aire libre, en la terraza, bajo un techo que los protege “más o menos”.
Allí, cuando un asunto se le atraganta, el juez sale al lienzo. Las ideas, como se sabe, surgen cuando uno deja de buscarlas. Paseando, conduciendo, en la ducha, al despertar o pintando.
Con la atención relajada, la red por defecto y el procesamiento difuso del hemisferio derecho trabajan con más libertad sobre un problema sobre el que se ha estudiado a fondo. Los expertos lo llaman incubación. Por eso el esquema clásico de la creatividad sigue valiendo: primero trabajo intenso, luego desconexión, después el chispazo y por último la verificación.
Una forma de relajación
A veces son dos minutos de pintura, a veces quince, a veces una hora. Luego vuelve al problema con otra cabeza. «A mí la pintura me concentra, me relaja”, confiesa.
Y va más lejos de lo que cabría esperar de alguien que firma resoluciones en algunas de las causas más delicadas del país: “Mis mejores ideas, equivocadas o no, me salen mucho de la pintura”, explica en la inauguración de la exposición que se inauguró el pasado jueves por la tarde con un cóctel.
Pedraz aclara que «yo pinto para mí. No busco transmitir un mensaje cerrado. Plasmo una idea y que la gente entienda lo que quiera”.
Su método de creación es casi una manía. «Empiezo siempre por el centro o por una esquina. Nunca desde el lateral. Desde ese punto voy barriendo la superficie hasta cubrirla», cuenta. «Y el día influye, sí. Si algo me preocupa, el color puede cambiar», confiesa.
Lo suyo es abstracción por capas, con materia, con textura. Una pintura que se lee de cerca.
Su pasión por el dibujo viene de lejos. Desde la infancia. «Solía pintar los libros que me compraban. Cuando termina el curso y pasaban a mis hermanos siempre había bronca segura. Pero no dejé de dibujar. Seguí dibujando en la universidad y en otros momentos, incluso actos público. El dibujo es una forma de escuchar», relata.

La pintura entra entre las actividades que la normativa permite a los jueces
Para un juez, vender un cuadro no es un gesto inocente. La creación artística entra entre las actividades que la normativa permite a los miembros de la carrera judicial sin pedir autorización de compatibilidad.
Aun así, Pedraz cuenta que consultó al Consejo General del Poder Judicial para asegurarse. «La respuesta fue que era compatible», contesta con cierto humor.
Un amigo a su lado lo resume con cierta sorna: con sus cuadros “ganamos todos”. Si uno se vende por seis mil euros, una parte importante se la lleva Hacienda.
El propio juez ha repasado el apartado correspondiente de la declaración de la renta. En su posición tiene que ser perfecta.
Hasta el 16 de noviembre, cualquier persona que suba a la primera planta de las Galerías Canalejas podrá comprar «un Pedraz». Lo que no podrá es preguntarle es qué significa más allá del título que lleva. «El significado tendrá que dárselo él», responde con una sonrisa.
La conversación ha terminado. Amigos como Susana Polo y Pascual Fabiá, Laura Martínez-Sanz, Ricardo Rodríguez y Marta Giménez-Cassina Sendon, Javier Gómez Bermúdez, Purificación Pujol y Cristina Cores, entre otros, captan su atención. Abrazos, besos, felicidad y amistad.