A veces el Boletín Oficial del Estado cuenta más de lo que dice. El pasado 9 de junio fue uno de esos días. Cinco acuerdos del Pleno del Consejo General del Poder Judicial, todos con la misma fecha —27 de mayo— y la misma firma, la de la presidenta Isabel Perelló, abrieron en bloque cinco vacantes en el Tribunal Supremo.
Nada de pulsos ideológicos. Nada de golpes de timón. Lo que asoma aquí es algo más prosaico y más implacable: el reloj.
La jubilación por edad, esa que no entiende de mayorías ni de cuotas, llamando a la puerta de cinco magistrados a la vez. Y, sin embargo, el resultado dibuja un relevo de hondo calado en las dos salas más expuestas del alto tribunal: la de lo Penal y la de lo Contencioso-Administrativo.
Vamos por partes, porque el detalle aquí lo es todo.
Tres plazas para la Sala de lo Penal
Tres de las cinco vacantes están en la Sala Segunda. La de lo Penal. La que instruye y sentencia las grandes causas que llenan portadas. Dos salen por el turno general: las plazas de Ángel Luis Hurtado Adrián, que cumplirá los 72 años el 22 de junio y Andrés Palomo del Arco, que lo hará el 5 días antes, el 17 de junio.
Y se exige lo de siempre: magistrado de carrera, diez años en la categoría, veinte en el escalafón.
La tercera tiene una vuelta de tuerca. Es la que libera la plaza que dejará el 5 de septiembre próximo Juan Ramón Berdugo Gómez de la Torre y sale por el turno de especialistas.
Mismos mínimos de antigüedad, sí, pero con una condición que no es menor: esos veinte años hay que haberlos hecho en el orden penal. Penalistas curtidos para una Sala que no perdona la improvisación.

A estas tres hay que añadir una cuarta plaza, que fue convocada el 23 de julio de 2025
La plaza reservada a juristas de reconocida competencia que dejó vacante Miguel Colmenero en la Sala Segunda del Tribunal Supremo fue convocada por acuerdo del Pleno del Consejo General del Poder Judicial de 23 de julio de 2025, publicado en el BOE el 9 de septiembre de 2025.
Esta convocatoria abre un concurso para proveer una plaza de magistrado de lo Penal del Supremo por el turno de juristas, recuperando precisamente la vía por la que el propio Colmenero, que provenía de la carrera fiscal, accedió al Tribunal en 2002.
En el portal de transparencia del CGPJ consta que se presentaron 14 juristas de reconocida competencia y que comparecieron ante la Comisión de Calificación el 19 de noviembre de 2025 para defender su candidatura.
Sin embargo, a junio de 2026 el Pleno del Consejo sigue sin alcanzar un acuerdo para designar sucesor, en un contexto de bloqueo entre los sectores progresista y conservador que mantiene la plaza vacante pese a que el proceso de entrevistas y valoración de méritos está ya cerrado desde hace meses.

Contencioso-administrativo: Dos puertas, una sola jubilación
Las otras dos vacantes se juegan en la Sala Tercera, la de lo Contencioso-Administrativo. Y aquí el relevo tiene una peculiaridad que conviene subrayar: lo desencadena una sola persona.
Pablo Lucas Murillo de la Cueva se jubila el próximo 13 de julio y, al hacerlo, deja dos sillas vacías de un solo gesto. La de magistrado por el turno de juristas de reconocido prestigio, que ocupa.
Y la de la Presidencia de la Sala, que también era suya. Una marcha, dos convocatorias.
La rendija por la que el Supremo respira aire de fuera
De las cinco, ninguna tan singular como la plaza de juristas de reconocido prestigio en la Sala Tercera. ¿La razón? No hace falta ser juez para sentarse.
Se abre a abogados y juristas de reconocida competencia con más de quince años de ejercicio, preferentemente en el contencioso-administrativo.
Es la vía clásica por la que el alto tribunal incorpora savia de fuera de la carrera: catedráticos, abogados del Estado, letrados de órganos constitucionales, espadas del foro. Y es, no por casualidad, la que más ampollas levanta cada vez que se activa.
El filtro, eso sí, aprieta. Quien aspire tendrá que armar una memoria de sus mejores trabajos y escoger cinco escritos que delaten su talla técnica, cada uno con su ficha justificando la complejidad del asunto, lo novedoso del planteamiento, su huella en la jurisprudencia. El prestigio ya no basta como salvoconducto. Hay que acreditarlo, papel a papel.
Presidir: cuando juzgar bien no es suficiente
La Presidencia de la Sala Tercera juega en otra dimensión. Pueden optar magistrados del propio Supremo con tres años de servicio en la categoría, y lo que más pesa no es la brillantez de las sentencias, sino otra cosa: la capacidad de gestión. Los candidatos deben presentar un programa de actuación. Un plan, en cristiano, para organizar la Sala y hacerla rendir: tasas de resolución, pendencia de asuntos, indicadores. Porque presidir no es ser el mejor jurista del tribunal. Es saber pilotar una de las salas más sobrecargadas de toda la planta judicial.
Discrecionalidad, pero a plena luz
Hay un detalle que estos cinco textos comparten y que marca distancia con tiempos no tan lejanos: cómo se elige. Todos se rigen por el Reglamento 1/2025 sobre provisión de plazas de nombramiento discrecional.
Y todos imponen una comparecencia pública —diez minutos, ni uno más— ante la Comisión de Calificación, retransmitida en directo, colgada en el Portal de Transparencia, con la prensa acreditada autorizada a grabar y difundir.
La discrecionalidad no desaparece. Pero se ejerce con los focos encendidos. Es el modo que ha encontrado el Consejo de blindarse frente a la vieja y pegajosa sospecha del reparto de cuotas.
Y recorre las cinco convocatorias un mismo hilo: la igualdad. La ponderación tendrá que respetar la presencia equilibrada de hombres y mujeres que impone la Ley Orgánica 2/2024 —ningún sexo por debajo del 40 % ni por encima del 60 %—.
Lo que viene ahora
Veinte días naturales desde la publicación. Presentación telemática por la extranet del Consejo. Después, la maquinaria: informes de la Comisión de Igualdad en todos los casos, y del Servicio de Inspección y las Salas de Gobierno en las plazas de carrera.
Luego, las comparecencias públicas. La terna que eleve la Comisión de Calificación. Y, al final del túnel, el nombramiento por real decreto a propuesta del Pleno.
Cinco sillones del Supremo a concurso al mismo tiempo no es papeleo rutinario. Es el alto tribunal renovándose casi sin ruido, al compás de las jubilaciones, en una parte nada inocente de su composición. Quién acabe en la Penal y quién herede la Presidencia de lo Contencioso dirá mucho del rumbo que viene. Pero eso ya es otra historia. La que empezará a escribirse el día que arranquen las comparecencias.