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Ollero retrata el ocaso del felipismo y deja caer una pregunta incómoda: ¿no nos suena de algo?, pensando en el presente

Andrés Ollero presenta "Y parece que fue ayer…" y traza paralelismos entre el ocaso del felipismo (1993-1996) y la legislatura actual.

22/06/2026 03:06

Ollero retrata el ocaso del felipismo y deja caer una pregunta incómoda: ¿no nos suena de algo?

Hay libros que miran al pasado para entender el presente. Y luego está el de Andrés Ollero, que casi parece escrito con un espejo delante.

El académico, catedrático de Filosofía del Derecho y secretario general del Instituto de España, presentó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas su última obra: «Y parece que fue ayer… La legislatura del agotamiento del cambio».

No estuvo solo. Le arroparon el presidente de la corporación, Benigno Pendás; Luis María Cazorla Prieto —al frente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España— y el también académico Javier Rupérez, exembajador de España en Washington (2000-2004), ante la OTAN (1981-1982) y ante la OSCE (1979-1981), y exsecretario General Adjunto de la ONU.

Y aquí viene lo jugoso. Ollero, que fue diputado durante 17 años en el Congreso, pone el foco en la última legislatura de Felipe González, la de 1993 a 1996, para subrayar lo que él considera «paralelismos» con el momento actual.

La lista, leída hoy, produce cierto desasosiego: sensación de fin de ciclo, ramalazos de corrupción, altos cargos procesados o investigados, alguno incluso en prisión provisional y, por si faltara algo, «amagos de colonización de las instituciones».

El lector saca sus propias cuentas. El autor se limita a poner el dato sobre la mesa.

Pero el libro no es solo radiografía de una época. Es también, y quizá sobre todo, una reivindicación del oficio parlamentario, ese tan vapuleado.

Andrés Ollero con su nuevo libro, en el que explica cómo fue el fin de la cuarta legislatura de Felipe González en el Gobierno, la cual guarda claros paralelismos con la actual. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

En defensa de los diputados

Durante su intervención, Ollero salió en defensa de la mayoría de los diputados, esos cuyo trabajo, advirtió, va mucho más allá de apretar «el botón de votaciones» cuando toca. Buena parte de ellos —insistió— se dejan las horas, «calladamente», lejos de los focos y del titular.

¿Por qué se lanzó a escribirlo? El propio Ollero lo confiesa: recorrer sus recuerdos de 17 años y 5 legislaturas, con parada especial en su etapa como portavoz de Educación y Universidades de su grupo, le servía para demostrar algo que la opinión pública tiende a olvidar: que un diputado «puede tener iniciativa, sobre todo en la oposición».

Y entonces, con el guiño de quien no se toma demasiado en serio, soltó la perla de la tarde: aunque nunca pasó «de ministrable, salí en el Trivial». Toda una «condecoración», remató.

Los padrinos del acto no escatimaron elogios, pero tampoco se quedaron en la cortesía vacía.

Pendás definió la obra como la «crónica de su protagonista sobre un momento histórico concreto, que parece tener cierto parecido con el actual».

Un libro, añadió, donde Ollero ensambla la «calidad académica con el sentido de la concordia», ese en el que «el rival es un adversario pero no un enemigo».

Toda una declaración de principios para los tiempos que corren.

Cazorla Prieto fue por otro lado: el del retrato humano. El manual, dijo, refleja la «personalidad» del autor, la de «una persona enormemente laboriosa, que tiene capacidad de ahondar en temas diversos», y lo hace «con gracia, con flexibilidad», hasta el punto de que incluso quienes salen aludidos «pueden encontrar el lado positivo de lo que se dice».

No es poca habilidad, esa de criticar sin herir.

Cerró Rupérez, que compartió banco parlamentario con Ollero y conoce el percal de primera mano. Recordó que el libro reivindica los días en que importaban «las preguntas, las críticas y las preguntas al Gobierno».

Eran los tiempos de González y de la EXPO 92, evocó. Y volvió, cómo no, al estribillo de la tarde: todo aquello «se parece mucho a lo que ahora ocurre».

La música, en efecto, suena familiar. Quizá esa sea la verdadera tesis del libro.

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