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Opinión | Cinco cláusulas que toda empresa debería revisar antes de firmar un contrato de obra

Cinco cláusulas esenciales del contrato de obra para prevenir retrasos, sobrecostes, responsabilidades imprecisas y conflictos legales.

21/07/2026 03:07

En ocasiones, la diferencia entre una obra que termina conforme a lo previsto y otra que acaba en conflicto, no se encuentra en el hormigón, el acero o la ejecución material del proyecto. En muchos casos, comienza mucho antes: en la negociación del contrato y en la correcta redacción de sus cláusulas, de forma que recojan adecuadamente los intereses de cada parte y los acuerdos alcanzados.

Promotores, constructoras y subcontratas centran gran parte de sus esfuerzos en definir un documento que, más allá de regular la ejecución de la obra, establece cómo actuar cuando aparecen retrasos, sobrecostes, modificaciones o incumplimientos.

En un contexto en el que los proyectos son cada vez más complejos y los márgenes más ajustados, revisar determinadas cláusulas antes de firmar puede evitar importantes riesgos económicos y legales.

1. Plazos: mucho más que una fecha de entrega

El calendario de ejecución es uno de los elementos con mayor impacto económico de cualquier proyecto. Sin embargo, tan importante como fijar una fecha de finalización es prever qué ocurrirá si aparecen circunstancias que alteren ese calendario.

El contrato debe contemplar mecanismos para gestionar ampliaciones de plazo, modificaciones del proyecto, retrasos en la ejecución de los trabajos, incumplimiento de hitos, retrasos imputables a terceros o incidencias ajenas al contratista.

También resulta esencial definir las consecuencias del incumplimiento, mediante penalizaciones proporcionadas y procedimientos claros para su aplicación.

No todos los retrasos son responsabilidad del constructor; en numerosas ocasiones son consecuencia de cambios promovidos por el propio promotor, retrasos administrativos o incidencias de terceros. El contrato debe prever todos estos escenarios.

2. Responsabilidades perfectamente delimitadas

En una obra intervienen numerosos actores: promotor, constructor, arquitectos, dirección facultativa, coordinadores de seguridad, subcontratas, proveedores, entre otros.

Cuando las funciones y responsabilidades de cada uno no quedan claramente definidas, cualquier incidencia puede derivar en reclamaciones cruzadas, retrasos en la resolución del problema y un incremento significativo de los costes.

Una buena redacción contractual debe identificar con precisión quién responde de cada obligación, en qué supuestos y bajo qué condiciones.

Además, si conviven varios contratistas con sus respectivos contratos, estos deben estar debidamente coordinados para que no surjan conflictos o retrasos en la ejecución de las distintas partes de la obra.

3. Garantías que sigan protegiendo tras finalizar la obra

El contrato no termina con la entrega de las llaves.

Las garantías, los avales, las retenciones y los mecanismos para corregir defectos constructivos constituyen una parte esencial del equilibrio contractual.

Su finalidad es asegurar que las posibles deficiencias detectadas tras la recepción puedan solucionarse de forma ágil y eficaz.

Del mismo modo, el constructor debe protegerse frente a reclamaciones que excedan las obligaciones realmente asumidas, dejando constancia del correcto cumplimiento de sus prestaciones.

4. Modificaciones del proyecto: cómo evitar conflictos durante la ejecución

Con frecuencia, las obras no se ejecutan exactamente como fueron concebidas.

Cambios en el diseño, necesidades del cliente, incidencias técnicas o decisiones adoptadas durante la ejecución obligan con frecuencia a introducir modificaciones que afectan al coste y al plazo.

El contrato debe establecer un procedimiento claro para aprobar estas variaciones, determinar su impacto económico y evitar discrepancias posteriores sobre trabajos adicionales o ampliaciones presupuestarias.

La ausencia de estas previsiones suele convertirse en uno de los principales focos de conflicto entre las partes.

5. Mecanismos para resolver conflictos como parte del contrato

Por muy completo que sea un contrato, ningún proyecto está exento de incidencias.

Por ello, resulta recomendable prever e incorporar procedimientos que permitan resolver las discrepancias de forma rápida y eficiente, sin necesidad de improvisar o acordar nuevos procedimientos, ni de acudir a la mediación de terceros o, incluso a la tutela judicial.

Una gestión temprana y un mecanismo preestablecido para la resolución del conflicto, no solo reduce costes, sino que contribuye a la continuidad de la obra y a preservar relaciones comerciales que, en muchos casos, se prolongarán durante futuros proyectos.

El verdadero cimiento de una obra

El contrato de obra no solo se redacta para cuando todo funciona correctamente, también se diseña para ofrecer soluciones cuando surgen imprevistos.

Un documento bien construido permite anticipar riesgos, distribuir adecuadamente las responsabilidades y establecer mecanismos eficaces para gestionar cualquier incidencia sin comprometer la viabilidad del proyecto.

En definitiva, antes de colocar el primer ladrillo conviene asegurarse de que el primer cimiento —el contractual— es tan sólido como la estructura que se pretende construir.

En muchos proyectos, ese documento será el principal elemento de protección frente a retrasos, sobrecostes y conflictos que podrían poner en riesgo la inversión.

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