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Opinión | La cara B de la reforma aduanera europea

La reforma aduanera de la UE va más allá de la tasa de 3 euros: puede cambiar la logística, fiscalidad y estrategia del comercio electrónico.

12/09/2026 03:09

La entrada en vigor de la tasa de tres euros aplicable a los pequeños envíos procedentes de terceros países ha centrado buena parte del debate sobre los cambios que está experimentando el sistema aduanero de la Unión Europea.

Y es comprensible.

Ya comentamos que esta reforma traería muchas más consecuencias en el mercado internacional, ya que cualquier medida que incremente el coste de una operación comercial genera una reacción inmediata por parte de empresas, consumidores e inversores.

Sin embargo, probablemente los tres euros sean lo menos interesante de esta reforma y todavía sea pronto para valorar cuál será su impacto real sobre las ventas, los precios o el comportamiento de los consumidores.

Sin embargo, empieza a resultar más interesante observar otra cosa: cómo están reaccionando las empresas y, especialmente, qué están haciendo algunos de los mayores operadores mundiales de comercio electrónico.

Algunas empresas han tenido que empezar a plantearse si el modelo utilizado hasta ahora para introducir mercancías en Europa seguirá siendo el más eficiente en los próximos años.

Durante mucho tiempo, buena parte del comercio electrónico internacional se ha apoyado en una fórmula relativamente sencilla.

El producto se vende desde un tercer país, con frecuencia desde Asia, y se envía directamente al consumidor europeo. Millones de pequeñas expediciones cruzan individualmente la frontera y permiten acceder a un mercado de más de 450 millones de consumidores sin necesidad de mantener una gran infraestructura logística dentro de la Unión.

Un modelo en transición

Ese modelo no va a desaparecer de un día para otro, pero las condiciones que lo hicieron especialmente atractivo están cambiando.

Y los grandes operadores parecen haberlo entendido. Amazon, por ejemplo, ha informado a sus vendedores sobre las consecuencias de la tasa para los envíos realizados directamente desde fuera de la Unión Europea y, entre las alternativas que plantea, se encuentra la posibilidad de enviar previamente el inventario a sus redes de fulfilment europeas.

La diferencia es importante: si la mercancía ya se encuentra dentro de la Unión cuando se produce la venta y posterior entrega al consumidor, la operación deja de responder al mismo esquema de importación individual desde un tercer país.

Temu, a su vez, como si de una premonición se tratara, lleva tiempo avanzando hacia un modelo con mayor presencia logística europea.

Desde 2024 ha estado impulsando la incorporación de vendedores locales y distribución desde Europa, una estrategia que la propia compañía espera que llegue a representar una parte muy significativa de sus ventas en este mercado.

Algo parecido ocurre con AliExpress, que ha desarrollado soluciones de almacenamiento y distribución local en varios países europeos, y con Shein, que ha reforzado su capacidad logística en Europa y el movimiento de mercancías en mayores volúmenes hacia sus centros de distribución.

Algunos de estos gigantes del e-commerce comenzaron a cambiar sus modelos operacionales antes de la reforma y las razones son evidentes: eficiencia, tiempos de entrega, devoluciones o experiencia del consumidor. Pero tampoco parece casual que todos conduzcan en una dirección similar.

El modelo basado exclusivamente en enviar producto a producto desde un tercer país empieza a convivir con otro en el que la mercancía se importa en mayores cantidades, se almacena dentro de la Unión y posteriormente se distribuye desde allí.

Y es precisamente en este punto donde la reforma aduanera deja de ser una cuestión exclusivamente aduanera.

Logística, fiscalidad y cumplimiento

La decisión sobre dónde almacenar una mercancía, cómo agruparla antes de su importación o desde qué país distribuirla ha sido tradicionalmente una cuestión esencialmente logística.

Costes de transporte, proximidad al cliente, tiempos de entrega o disponibilidad de almacenes ahora empiezan a entrar en la ecuación e implican también asumir obligaciones diferentes.

Hay que determinar quién actúa como importador, dónde se realiza el despacho aduanero, cuál será el tratamiento del IVA y qué identificaciones fiscales pueden resultar necesarias. A ello se añaden las obligaciones sobre clasificación arancelaria, seguridad de producto, etiquetado, trazabilidad y documentación.

Dependiendo de la estructura utilizada, también habrá que analizar si esa presencia logística puede producir otras consecuencias fiscales o si resulta conveniente operar mediante un proveedor logístico, un marketplace, un distribuidor o una estructura propia dentro de la Unión.

En otras palabras, mover un almacén puede acabar significando bastante más. Decisiones tan cotidianas como agrupar determinados productos, consolidar pedidos o separar mercancías pueden empezar a tener consecuencias que trascienden la pura eficiencia logística.

Todo ello conduce a una reflexión más amplia. Durante años, muchas empresas han diseñado su estrategia de entrada en Europa separando dos cuestiones que probablemente van a estar cada vez más relacionadas: por un lado, la logística; por otro, el cumplimiento normativo.

La estrategia cambia

La reforma aduanera europea parece avanzar precisamente en sentido contrario. La Comisión Europea viene defendiendo un sistema en el que exista mayor información sobre las mercancías que entran en el mercado europeo, mayor trazabilidad y una identificación más clara de los operadores responsables de su introducción.

La digitalización de los procedimientos aduaneros y la progresiva desaparición del tratamiento específico del que han disfrutado los pequeños envíos forman parte de esa misma tendencia.

Por eso, quizá resulte equivocado diseñar una estrategia pensando únicamente en cómo absorber tres euros adicionales. La cuestión es qué modelo de importación y distribución tendrá sentido cuando ese proceso regulatorio esté más avanzado.

No todas las empresas necesitarán cambiar: para algunas seguirá siendo perfectamente eficiente vender desde China, Estados Unidos, Reino Unido o cualquier otro tercer país y enviar directamente al consumidor europeo.

Para otras, tendrá más sentido consolidar mercancía antes de importarla. Algunas recurrirán a almacenes de terceros y otras, cuando el volumen lo justifique, pueden plantearse una presencia logística o empresarial propia dentro de la Unión.

Dependerá del producto, del volumen, del margen y de los mercados en los que opere cada compañía. Pero, quizá, sí haya llegado el momento de revisar estructuras que durante años se han dado por sentadas.

Porque la verdadera consecuencia de esta reforma se encuentra, como siempre, en adaptar la estrategia de juego dentro del tablero internacional. Las decisiones sobre dónde importar, dónde almacenar y desde dónde distribuir dejan de ser únicamente decisiones logísticas y pasan a formar parte de la estrategia jurídica, fiscal y empresarial de cualquier compañía que quiera vender de forma recurrente en el mercado europeo.

Y todo este cambio me hace reflexionar: ¿será que, más allá de los objetivos declarados de control, trazabilidad y protección del consumidor, estamos ante una forma indirecta de materializar una tendencia cada vez más proteccionista del mercado europeo?

Quizá esa sea la verdadera cara B de la reforma aduanera.

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