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«Lo que yo me quiero quedar lo valoro más barato»: el abogado Abel Marín radiografía las nuevas guerras por la herencia

Abel Marín advierte de que segundas parejas e hijos de distintas relaciones complican las herencias y pide planificar la sucesión con antelación.

05/10/2026 03:10

Las segundas parejas y los hijos nacidos de relaciones distintas han convertido el reparto de muchas herencias en un terreno minado. Lo sostiene Abel Marín, abogado especializado en derecho sucesorio y socio fundador de Marín & Mateo Abogados, que presentó la edición revisada y ampliada de su libro «Protege tu herencia» con un mensaje central: la sucesión debe planificarse con antelación y revisarse conforme cambian la familia y el patrimonio.

El diagnóstico de partida es sociológico antes que jurídico. «Antes eran familias muy tradicionales, pero hoy son mucho más habituales las segundas parejas y las relaciones anteriores, estén casadas o no», explicó.

El supuesto que describe —hijos de una primera unión y nueva descendencia tras rehacer la vida con otra pareja— es habitual en los despachos, pero tensiona el reparto cuando se abre la sucesión.

«Todo eso genera tensiones bastante fuertes, propias de la vida. No estamos señalando nada que no veamos con nuestros propios ojos», afirmó.

Un testamento que caduca con la vida

El error más extendido, a juicio de Marín, consiste en tratar el testamento como un acto definitivo.

«No es lo mismo tener treinta años que cuarenta, cincuenta, sesenta u ochenta. Los hijos pueden ser pequeños, puede no haber hijos, puede haber obligaciones financieras o pueden aparecer deudas», enumeró.

Separaciones, nacimientos o los apuros económicos de un descendiente alteran el cuadro. «El patrimonio no es una foto fija. Es una foto que va cambiando, que puede ir a más o a menos».

Las deudas de un heredero pueden comprometer los bienes que reciba, y el riesgo se extiende al resto. «Cuando hay una herencia nos afecta a todos porque, de repente, todos somos socios de un patrimonio. Lo que haga tu hermano o tu hermana puede afectarte a ti, y viceversa».

Legítimas y desheredación

Las nuevas configuraciones familiares también hacen más visible la distinta relación de cada hijo con sus padres en los últimos años: quién cuida, quién está cerca, quién ejerce influencia.

«Es muy habitual la influencia de algunos familiares sobre los padres. Dicho en cristiano, que le coman la cabeza a una persona mayor que se siente desprotegida o abandonada», advirtió.

Marín reconoce una función protectora al sistema de legítimas, pero reclama margen. «En algunos casos, las legítimas no tienen ningún sentido. Tendría más sentido flexibilizar y ampliar las causas de desheredación, porque ahora son muy estrictas».

En el Derecho común, el Código Civil reserva a los descendientes dos tercios de la herencia —legítima estricta y mejora— y solo admite desheredar por causas tasadas.

El Tribunal Supremo abrió en 2014 una vía interpretativa al incluir el maltrato psicológico dentro del maltrato de obra, aunque la lista legal no se ha modificado. Los territorios con Derecho civil propio aplican regímenes distintos.

La casa, el proindiviso y la empresa

Los inmuebles concentran buena parte de los litigios, porque la vivienda familiar o la casa del pueblo pesan más en lo emocional que en lo económico.

Marín lo resume en una fórmula que cualquier partidor reconocerá: «Lo que yo me quiero quedar lo valoro más barato y lo que los demás se quieren adjudicar lo valoro más caro».

Repartir todo a partes iguales tampoco blinda contra el conflicto. El proindiviso entre hermanos se desgasta con los años. «Pasan diez años y algunos ya no van porque no pueden, otros porque no quieren, otros van demasiado y otros se apropian del espacio. Hay gastos que pagar y esas cosas suceden».

En la empresa familiar, dividir participaciones por igual puede dar capacidad de decisión a quien no conoce el negocio frente al hijo que ha trabajado en él durante años. «Normalmente, lo que quiere el testador es que la empresa no cierre, que no despida, que mantenga su evolución, que crezca y, sobre todo, que su familia no se rompa por ese motivo».

Romper el tabú

Hablar de testamentos sigue incomodando. «Le preguntas a tu padre si ha hecho testamento y seguro que piensa: «¿Qué pasa, ya estáis esperando a que falte para repartir los bienes?»», ilustró.

Marín recuerda que el testamento también sirve para proteger a menores, personas con discapacidad o parejas, y sitúa en torno a los 45 años, sobre todo con hijos, un momento razonable para empezar a planificar. «A mayor edad, mayor necesidad. Y, a veces, no hacerlo se convierte en una urgencia».

La nueva edición del libro, con Roca Editorial, incorpora novedades legislativas y fiscales y aborda criptoactivos, inversiones financieras y bienes vinculados a sociedades.

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