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La inspección de trabajo italiana sigue de cerca la actividad de sus colegas españoles

Este país, con problemas políticos serios, no parece que vaya a implantar el registro de jornada horaria pese al fallo del TJUE. Hace diez años la multa era de 100 euros por incumplir esta obligación legal
De izquierda a derecha Raquel Calveras Auge y Miguel Angel Arroyo del sindicato español de inspectores UPIT, Giancarlo Sponchia, presidente del sindicato ANIV de Italia; Ana Ercoreca y Ana Trillo del Sindicato mayoritario de Inspectores (SITSS), y Francesco d’orio, inspector de trabajo de ANIV.
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Una representación española formada por el Sindicato Mayoritario de Inspectores de trabajo y la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo (UPIT) tomó parte en el 37 Congreso de la Inspección de Trabajo italiana, celebrado esta semana en ese país.

Los españoles explicaron a sus colegas italianos su forma de trabajar, tanto en el registro de control de jornada como en cuanto a la detección de falsos autónomos.

También inspectores portugueses participaron en este Congreso.

Giancarlo Sponchia, presidente de ANIV (Associazione Nazionale Ispettori del Lavoro Inps Inail), el mayor sindicato de inspectores de trabajo de Italia, organizador del Congreso, explicó que “este año los temas han  tenido que ver con la inexistencia del salario mínimo; de la cesión ilegal de trabajadores y de las mejoras que se pueden aplicar al organismo autónomo italiano”.

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Sponchia aclara que “casi el 80% de las condiciones laborales están pactadas por convenios sectoriales, lo que da idea de la fuerza de los sindicatos en un país como Italia”.

“También se ha abordado la posibilidad de realizar inspecciones a través de drones. También reclamamos mayores medios para los inspectores que trabajan todos los días”.

Italia cuenta con 3.500 inspectores de trabajo, repartidos según sus competencias.

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1.200 se encargan de Seguridad Social, otros 300 de riesgos laborales y accidentes de trabajo y unos 2.000 se preocupan que se respeten los convenios, igualdad de género, relacionado con los derechos de los trabajadores.

Sobre el modelo español de inspección de trabajo, Sponchia destaca que “es más generalista. El inspector impulsa determinadas campañas”.

“En Italia, tras una reforma que se hizo hace tres años se intento ir hacia ese modelo. Se creó un Organismo Autónomo, como es el caso español, pero también faltan medios informáticos y formación específica para ir a un modelo como el español e inspectores para hacer este trabajo”, aclara.

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Desde Italia se observa con interés la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) del 14 de mayo pasado que obliga a todos los estados de la UE y a sus empresas a establecer “un registro de jornada, fiable, seguro y accesible como dice dicho fallo judicial”.

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Desde ANIV se indica que “en Italia existía un registro de jornada parecido al implantado recientemente en España, pero el legislador lo eliminó. Había una nómina que registraba ese horario y las horas extraordinarias con un mes de retraso. Ahora no hay obligación de registrarlo cada día”.

Pendientes de aplicar esta norma sobre registro de jornada

En cuanto a la implantación del registro citado tras la mencionada sentencia del TJUE no parece que su desarrollo en este país sea próximo “la situación política es complicada e inestable y es difícil que el Gobierno transalpino ponga en marcha lo que ha dictado el citado Alto Tribunal Europeo”.

“Creemos que aún tardará la implantación del registro. No hay en la sentencia un ámbito temporal para regular dicha materia”, subraya.

Para Sponchia esta situación genera muchos problemas “en cuanto a horas de trabajo y extraordinarias realmente realizadas. Sin embargo, a nivel político no existe aún en nuestro país un debate político sobre dicha sentencia del TJUE”.

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“En el momento que se decida introducir en Italia y otros países dicho registro habría que interponer sanciones elevadas para frenar estas prácticas, sobre todo para que el empresario no destruya la documentación o no la presentase al inspector que llega a su empresa”.

Este inspector de trabajo señala que la sanción que había hace diez años sobre un mal uso del registro de jornada era mínima: 100 euros.

“No tenía éxito el registro de jornada. Los empresarios, aunque se olvidaban de registrar las horas extras, pagaban esa sanción mínima. Esperemos que ahora la sanción sea diferente y disuada al empresario a no hacer este tipo de malas prácticas”, apunta.

A juicio del presidente de ANIV, “el control del registro de jornada horaria es complicado de realizar. Es posible que incluso en determinados casos el empresario y sus trabajadores se pongan de acuerdo para señalar que hubo menos horas extraordinarias”.

Para Sponchia no será sencillo para el inspector italiano conocer realmente las horas hechas y las extraordinarias.

“El registro no debe ser una mera formalidad más para la empresa. Debe buscarse el control efectivo del tiempo de trabajo”.

Para los inspectores italianos no es fácilmente cuantificable las horas extras que los trabajadores de su país realizan.

“En empresas textiles o de ciudadanos chinos de corte comercial siempre hay menos horas extraordinarias de las que se declaran”.

“De hecho, algunos de estos trabajadores, aunque en sus contratos habla de tiempo parcial, cuatro horas, pueden llegar a realizar hasta ocho horas”, destaca Sponchia.