Felipe González respalda la condena a Ábalos: «Está bien hecha»

24 / 06 / 2026 01:35

Actualizado el 24 / 06 / 2026 01:35

Pocas veces un expresidente socialista avala en público una sentencia que sienta en el banquillo a un exministro de su propio partido. Felipe González lo hizo ayer. Y sin rodeos.

La condena del Tribunal Supremo a José Luis Ábalos está «bien hecha», proclamó. Veinticuatro años «por una serie de delitos» acumulados. Con un matiz que desactiva cualquier lectura de saña judicial: «no es la sentencia más alta que se haya hecho».

El escenario fue Toledo. La patronal toledana, Fedeto, celebraba su 50 aniversario y González compartía foro con Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y una de las voces disidentes del socialismo frente a La Moncloa.

Allí, el expresidente calificó el fallo de «correcto» y lanzó una advertencia: que la ciudadanía no acabe «con una visión distorsionada del funcionamiento de los tribunales». Porque la historia, recordó, pesa.

El espejo incómodo: cuando el PSOE aplaudió a los arrepentidos

Aquí González sacó la artillería de la memoria. El propio PSOE, dijo, «ha aplaudido a aquellos que se han arrepentido» y han delatado al Partido Popular.

Y fue más lejos: «Incluso los hemos indultado».

El dardo apuntaba a quienes hoy desacreditan a Víctor de Aldama, el empresario cuya colaboración con la Justicia le ha permitido librarse de la cárcel.

«Ahora parece que reaccionamos diciendo que Aldama no es creíble, pero es tan creíble como lo eran los otros», afirmó. «

No tengo la fortuna de conocer al personaje, pero él delata la existencia de delitos autodelatándose». La paradoja, planteada con bisturí: quien confiesa se incrimina primero a sí mismo.

Y puso nombre propio sobre la mesa: el del ministro de Justicia, Félix Bolaños, que «ha animado a la gente a hacer eso».

Gobiernos socialistas, insistió, «han indultado a gente premiándolos por haber descubierto tramas corruptas en la otra parte». Traducción: incoherente aplaudir al delator cuando señala al adversario y desacreditarlo cuando apunta a casa.

Errores de los procesados

González, jurista además de político, también desmenuzó la estrategia procesal de los condenados. Y encontró fallos.

Ábalos, sostuvo, cometió «errores». Uno en particular: «forzar un aforamiento para pasar por el Supremo en única instancia». Una maniobra que, lejos de blindarlo, le salió cara. Aceleró el desenlace. De no haber sido así, el caso lo habría dejado «diez años pendientes del juicio».

Subrayó dos virtudes del fallo. Que es «muy medido». Y que es «unánime», algo que —según su criterio— escasea en el sistema judicial actual.

Del banquillo a Sánchez

De Ábalos, González viró hacia el presidente del Gobierno. Y bajó la temperatura cero grados. Se preguntó si la «única parte de la Constitución» que Sánchez piensa cumplir es la que fija los mandatos en cuatro años.

Lamentó la «cantidad de veces» que el presidente «ha irrespetado la Constitución».

Su diagnóstico fue demoledor. «Mañana es tarde, no hay ninguna salida. Hay bloqueo, no solo crisis de gobernanza», advirtió. Y la estocada final, dirigida a su propio partido: «El gobierno de mi partido no tiene un proyecto de España».

Bildu, ETA y las deudas sin saldar

También hubo munición para los socios. Sobre los pactos del PSOE con Bildu, González fue tajante. De la izquierda abertzale dijo que «todavía está por ver si ayudan a descubrir» asesinatos que continúan «sin investigar» de los años en que ETA operaba en España.

Y un reproche que no admite réplica fácil: tampoco «han pedido perdón por lo que hicieron».

Cerró con una enmienda a la doctrina estratégica del sanchismo. Pidió al PSOE replantearse «la teoría de que la suma de minorías es la nueva mayoría». Eso, sentenció, «simplemente es una renuncia al liderazgo mayoritario».

Sobre la responsabilidad política

González cerró con doctrina. Dio por hecho que hay «responsabilidad política» en lo que ocurre, aunque no sabe cuándo la reconocerá el Gobierno.

Y recordó, con ironía, que fue esa misma idea la que llevó a «Ábalos a subirse a la tribuna del Congreso» para defender la moción de censura contra Rajoy.

«No hace falta que te empujen. Hay un momento en el que hay que asumir esa responsabilidad política. En eso consiste el liderazgo no mercenario», afirmó.

¿Cómo se asume? Con dos mecanismos: «dimitir» o «convocar elecciones». Y, en última instancia, la cuestión de confianza —una votación en el Congreso en la que el presidente se somete al respaldo de la Cámara—.

González descartó, eso sí, que el PP pueda presentar una moción de censura. El obstáculo tiene nombre: Vox. Esa «discordia», dijo, es «la coartada perfecta» para que los nacionalistas que se consideran progresistas toleren «hasta cuatro casos de corrupción».

García-Page rompió su silencio

García-Page rompió su silencio sobre la condena a Ábalos en ese mismo marco. El fallo, dijo, le merece «el mismo respeto» que la moción de censura que tumbó al PP en 2018, cuando Dolores de Cospedal hablaba de «conspiración contra el PP». Un aviso contra el victimismo.

El presidente manchego advirtió a los suyos: se «cuidaría mucho» de cargar contra Víctor de Aldama, no vaya a ser que la gente «termine pensando que hay cierto miedo a otros posibles confidentes».

Emiliano García Page durante la conversación con Felipe González en el marco del acto celebrado por Fedeto, la patronal provincial. Foto: EP.

Recordó además que una Directiva europea obliga a España a regular esa figura. Sobre el fallo, subrayó que es «unánime» y por tanto «ejemplar», y lanzó un aviso: «quedan todavía varias sentencias» y «hay muchos posibles confidentes». Los preocupados, dijo, deberían ser «los que hayan hecho algo malo o los que hayan robado».

El presidente manchego defendió a quienes investigan —el juez «es de garantías», la UCO y la UDEF «hacen su trabajo»— y preguntó qué esperaban José Luis Ábalos y Koldo García «del comportamiento de Aldama».

Apuntó luego al corazón del PSOE: estos nombres, junto a Santos Cerdán «y alguno más», son el «núcleo fundador de esta etapa», «los cimientos del edificio».

De cara al Comité Federal de este fin de semana, donde dispondrá de «solo cinco minutos», avisó que le bastan para «adoptar una posición distinta».

Y reclamó cuentas: «Tenemos derecho a saber y derecho a tener respuestas. No puede ser siempre una conspiración planetaria de la derecha».

El concepto de responsabilidad política, lamentó, está «manoseado». Ya hace un año, en ese mismo foro, planteó «anticipo electoral o moción de confianza»; ahora las cosas «están bastante peor».

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