Si se entra nadando en Ceuta no es aplicable la devolución en caliente sino que tiene que haber un trámite con expediente motivado, asistencia de intérprete y abogado. Las imágenes en el espigón del Tarajal (Ceuta) reflejan la magnitud de una crisis que vuelve a poner a la ciudad autónoma en el centro de las miradas. Foto: EP.

La sentencia del Supremo que estableció que entrar en Ceuta nadando no activa la «devolución en caliente»

30 / 07 / 2026 22:10

Actualizado el 30 / 07 / 2026 22:10

El Tribunal Supremo resolvió, el pasado mes de junio, una duda que llevaba años sobre la mesa en la frontera sur de España: ¿qué pasa cuando alguien intenta entrar a nado en Ceuta o Melilla y la Guardia Civil lo intercepta en el mar?

La respuesta, fijada en la sentencia 814/2026, de 29 junio, es clara: a esas personas no se les puede aplicar la llamada «devolución en caliente», sino un procedimiento distinto y con más garantías. Así lo estableció el tribunal formado por Carlos Lesmes Serrano, presidente, Fernando Román García, ponente, José Luis Quesada, María Consuelo Uris Lloret, y María Concepción García Vicario.

Para entenderlo hay que distinguir dos figuras que suenan parecidas pero no lo son.

La primera es el «rechazo en frontera»: una actuación rápida, casi inmediata, pensada para quien intenta saltar la valla de Ceuta o Melilla y es detenido en el acto, antes de completar la entrada. La consecuencia es la mencionada «devolución en caliente».

La segunda es la «devolución», regulada en el artículo 58.3 de la Ley de Extranjería, un trámite más formal que exige explicar por escrito los motivos, y que garantiza asistencia de abogado e intérprete.

La Abogacía del Estado defendía que el rechazo en frontera también debía aplicarse a quien es interceptado nadando en el mar, argumentando que la propia línea fronteriza marítima —vigilada hoy con drones y cámaras térmicas— funciona como un «elemento de contención» equivalente a la valla física.

El Supremo no lo ha visto así.

¿Por qué el mar no es «la valla»?

El tribunal recuerda que el Constitucional, cuando avaló esta figura en 2020 y 2021, siempre la vinculó a intentos de superar barreras físicas y visibles: vallas, muros, elementos materiales que un migrante intenta franquear por la fuerza o con escalada.

Un dron o una cámara térmica, razona la Sala, no detienen a nadie físicamente: solo avisan de que alguien está ahí. Por eso no pueden equipararse a una valla.

Sin embargo, la sentencia deja una puerta entreabierta: si en el futuro se instalan barreras físicas en el propio mar para frenar estos intentos, el rechazo en frontera sí podría aplicarse a quien trate de superarlas. Hoy, simplemente, esos elementos no existen.

El caso que originó la sentencia

Detrás de esta doctrina hay una historia concreta. En noviembre de 2024, un ciudadano argelino fue interceptado en alta mar junto a otras dos personas cuando intentaba llegar a nado a Ceuta.

Fue entregado a las autoridades marroquíes sin ningún procedimiento, sin posibilidad de pedir asistencia letrada ni de solicitar protección internacional. Su defensa denunció que aquello fue una «vía de hecho»: una actuación administrativa sin cobertura legal.

Un juzgado de Ceuta le dio la razón en 2024, y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirmó esa sentencia en 2025.

El Estado recurrió al Supremo, que ahora cierra el debate desestimando el recurso y confirmando que aquella entrega fue irregular.

Qué cambia a partir de ahora

La consecuencia práctica es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ya no podrán actuar de forma sumaria con quienes sean interceptados nadando: deberán tramitar cada caso como una devolución, con expediente motivado, asistencia de intérprete y de abogado.

Eso no significa que estas personas tengan automáticamente derecho a quedarse en España ni que se les reconozca el asilo: solo cambia el procedimiento por el que se resuelve su situación, dotándolo de más garantías formales.

Se trata de una sentencia con doctrina fijada, lo que significa que vincula a los tribunales inferiores. Contra ella no cabe recurso alguno.

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