Mañana será un día singular. Histórico, incluso, aunque la palabra se haya gastado de tanto usarla. José Luis Rodríguez Zapatero —dos legislaturas en La Moncloa, el hombre que retiró las tropas de Irak y aprobó el matrimonio igualitario— se sentará a las 9 de la mañana frente al magistrado instructor de la Audiencia Nacional, José Luis Calama.
No como testigo.
Como investigado.
Y eso, en la democracia española, no había ocurrido nunca con alguien que ocupó la Presidencia del Gobierno.
Dos asuntos lo llevan allí. El primero: los 53 millones del rescate de Plus Ultra, aquella aerolínea de capital venezolano que recibió un salvavidas público mientras medio mundo se preguntaba por qué.
El segundo, surgido casi por sorpresa, son unas joyas. Joyas tasadas de forma preliminar en 1,3 millones de euros, halladas por la Policía Nacional en el registro de su despacho.
La defensa lo intentó. Víctor Moreno Catena, su abogado, pidió que solo se preguntara por Plus Ultra y se dejaran las joyas para más adelante —necesitaba tiempo, argumentó, para preparar esa parte.
Calama dijo no. Y lo dijo con sequedad: no hay «indefensión» posible cuando los hechos son «plenamente conocidos». Punto.
Una «estructura estable y jerarquizada»
El lenguaje del auto de imputación, dictado en mayo, no deja mucho margen a la interpretación. Calama describe a Zapatero como presunto líder de una «estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias» orientada a «la obtención de beneficios económicos».
El expresidente, según el instructor, habría puesto «sus contactos personales y su capacidad de acceso a altos cargos de la Administración al servicio de terceros interesados en obtener decisiones favorables».
El tercero principal, claro, era Plus Ultra.
Hay una cifra concreta que tensa el relato: 490.780 euros. Esa es la cantidad que el juez ordenó bloquear de las cuentas de Zapatero, el importe que supuestamente recibió de Análisis Relevante, una empresa de Julio Martínez Martínez, amigo del expresidente y también investigado en la causa.
Las joyas que no cuadran
Aquí el asunto se vuelve más espinoso. Calama abrió una pieza separada por presuntos delitos fiscal y de contrabando, porque el origen de esas joyas, sencillamente, «no está justificado».
Encargó la tasación a Ansorena y al Instituto Gemológico Español —el valor de reposición rondaría ese 1,3 millones— y dejó escrita una frase que pesa: la posesión de bienes de lujo sin «trazabilidad fiscal» constituye «un indicio objetivo y racional» de una posible «defraudación tributaria relevante».
El razonamiento del juez es de manual tributario. Comprar joyas de ese calibre, recuerda, genera obligaciones fiscales sí o sí: IVA, Transmisiones Patrimoniales, Sucesiones y Donaciones, IRPF. Algo, en alguna parte, tendría que haberse declarado.
El teléfono que viajó desde Estados Unidos
Y luego está la prueba que la defensa quiere desmontar antes de que eche raíces. El móvil de Rodolfo Reyes, exdirectivo de Plus Ultra, también investigado. La Policía estadounidense accedió a su contenido, y de ahí salieron los mensajes que la UDEF analizó: conversaciones que, según los investigadores, colocan a Zapatero detrás de la maniobra del rescate.
Moreno ha pedido a Calama que reclame a Estados Unidos los detalles completos de cómo se incautó ese teléfono, cómo se volcó, quién lo custodió.
Quiere saber si existió «resolución judicial», orden o autorización que amparara la operación. Su objetivo es transparente: verificar si esas conversaciones cumplen «los requisitos de autenticidad, integridad y licitud» sin los cuales nada de eso vale como prueba en un juicio penal. Sería «fruto del árbol envenenado».
«Delcy que llame a Ábalos»
Pero esos mensajes, mientras tanto, ya circulan. Y son elocuentes. En uno de los oficios de la UDEF al que tuvo acceso esta agencia, Reyes y Julio Martínez Sola —presidente de Plus Ultra— discutían cómo llegar «a los hilos políticos, tema ayudas, financiamiento». Roberto Roselli, el director financiero, ya había lanzado el asunto «por dos vías».
«Delcy que llame a Ábalos», escribió Reyes, en referencia a la dirigente venezolana Delcy Rodríguez. «O alguien con Zapatero», añadió Martínez Sola. Sobre el expresidente, el intercambio no tiene desperdicio: es «pro Sánchez», «el fin justifica los medios», y también —apostilla el exconsejero— «pro Maduro». Iba a preguntar, decía, «por sus amigos en Caracas». Porque «crisis es oportunidad» y había que «encontrarla».
El cierre es casi cinematográfico. Tras una reunión en el Ministerio de Transportes, Reyes resumió la situación en una frase: «Nuestro pana Zapatero detrás».
Mañana, a las nueve, Zapatero entrará por la puerta principal de la Audiencia —la de los jueces, no la de los visitantes, concesión de seguridad solicitada por Presidencia del Gobierno— para empezar a responder. La sesión continúa el jueves.