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Opinión | León XIV y la verdad incómoda sobre los derechos humanos

Manuel Álvarez de Mon analiza el mensaje de León XIV sobre el derecho a la vida como fundamento esencial de todos los derechos humanos.

19/06/2026 03:06

El Papa León XIV dice claramente que el primer derecho humano es el derecho a la VIDA, desde la concepción hasta su fin natural.

Se ha comentado mucho, por políticos y medios de comunicación, las palabras pronunciadas por el Papa León XIV durante su reciente viaje a España, desde el 6 al 13 de junio de 2026, y muy destacadamente sus palabras ante el Congreso de los Diputados, el día 8 de junio.

En general, en términos elogiosos, pero llevándolas cada uno a sus intereses. Y concretamente a materias como la inmigración, la paz o el uso de la Inteligencia Artificial.

Pero quiero fijarme en un punto esencial, quizás el más importante de todos, sobre el que muchos han pasado de puntillas o simplemente han silenciado, y es que el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde su concepción hasta su fin natural.

No habló el Papa solo de la dignidad humana, algo importantísimo, por supuesto, sino que fue un paso cualitativamente más allá, al referirse a que toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia.

También preguntó el Papa en el Congreso: «¿Puede llamarse justa una comunidad que deja en la sombra al niño no nacido, al anciano, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?».

El Papa ya había dicho días antes, concretamente el 15 de mayo, al publicar la encíclica Magnifica Humanitas, que sin este derecho a la vida, desde la concepción, recordando la encíclica Evangelium Vitae de San Juan Pablo II, de 1995, es imposible ejercer cualquier otro derecho.

Cuando este derecho fundamental es negado —como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia— nos encontramos frente a decisiones que la Iglesia juzga gravemente ilícitas.

Aquí el Papa recuerda, en este mismo sentido, además de la encíclica ya citada de Juan Pablo II, la Veritatis Splendor y la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II.

La tutela de los derechos humanos, expuesta a dos riesgos graves

Dice el Papa que la tutela de los derechos humanos está expuesta a dos riesgos especialmente graves.

El primero es el de su declaración puramente formal, mientras avanzan las violaciones de la dignidad humana.

El segundo, el de no poder reconocer el fundamento de su universalidad, porque se ha renunciado a la «búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras opciones y de nuestras leyes».

El Papa Francisco invitaba a no subestimar este último problema. Recordaba que, cuando la razón deja de interrogarse sobre la naturaleza humana, descubriendo valores aplicables a todos, podría suceder que derechos considerados intocables terminen siendo cuestionados o negados por quienes ostentan el poder.

Así ha sido, por ejemplo, históricamente, con el infame reconocimiento legal de la esclavitud, o con todas las barbaridades de los totalitarismos contemporáneos, como el comunismo soviético o el nazismo, o la legalización contemporánea del aborto.

Así, para la Iglesia católica, se trata, en definitiva, de marginar el derecho natural, entendido, como decía Pío XII, como un conjunto de principios objetivos que preceden a los intereses particulares de los individuos y de los Estados.

Una consideración particular sobre la esclavitud y otra sobre el aborto.

Sobre la esclavitud, el Papa León XIV pide en su encíclica Magnifica Humanitas perdón por el retraso de la Iglesia en su condena formal y universal de la esclavitud, que no se realizó hasta el siglo XIX, por el Papa León XIII, en su encíclica In Plurimis, en 1888, aunque hay que recordar que siguió las firmes peticiones ya iniciadas décadas antes por el Papa Gregorio XVI.

En cuanto al aborto provocado, la Iglesia siempre lo ha condenado con decisión.

El Concilio Vaticano II y los últimos papas, como recordaba Benedicto XVI, han subrayado repetidamente la intangibilidad de la vida humana desde el momento de su concepción, de acuerdo con la moderna investigación genética, que fija en ese momento el código genético.

En la mayoría de los países, hasta hace unas décadas, el aborto era considerado un crimen y penado en consecuencia. Pero, a causa de la influencia de algunos «grupos de presión» políticos, tanto de izquierda como de derecha, o por intereses económicos, se pasó en pocos años, en numerosos Estados, a su legalización, pero la postura de la Iglesia no ha variado y León XIX lo dejó claro en España.

Finalizo aquí estos temas, aborto y esclavitud, hoy con nuevas formas, pues requieren de columnas específicas.

Solamente he querido destacar las palabras del Papa sobre que el respeto a la vida, desde su concepción hasta su conclusión natural, es la base de los derechos humanos.

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