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Opinión | Sucesión fraudulenta de empresas: cuándo el administrador responde con su propio patrimonio

Cerrar una empresa y abrir otra puede derivar en responsabilidad personal. Claves para evitar la sucesión fraudulenta y actuar conforme a la ley.

11/07/2026 03:07

En nuestra boutique legal, Bergadà Abogados, hay una frase que últimamente escuchamos, últimamente, de forma frecuente: “No pasa nada. Cierras una sociedad y sigues con otra”.

Dicho así, parece hasta sencillo. Casi inteligente. El problema es que muchas veces ese consejo viene de alguien que jamás se sentará delante de Hacienda cuando llegue una derivación de responsabilidad, ni verá cómo bloquean cuentas, ni explicará a tu familia por qué una deuda empresarial ha terminado afectando a tu patrimonio personal.

De hecho, eso está pasando más de lo que parece. Porque cuando una empresa entra en insolvencia, el miedo aparece. Miedo a perderlo todo, a los embargos. a no poder pagar nóminas y a cerrar un negocio levantado durante años.

Además, es justo en ese momento de vulnerabilidad cuando muchos empresarios empiezan a escuchar auténticas barbaridades en redes sociales como “pasa los clientes a otra sociedad”; “factura desde otra empresa”; «pon a otra persona de administrador”; o «deja la sociedad antigua vacía y sigue operando”.

En TikTok suena rápido y sencillo, ¿verdad? Pero en la vida real puede salir carísimo.

Cuando la nueva empresa tiene exactamente la misma cara

La mayoría de empresarios piensa que el problema está en sacar dinero de la sociedad. No obstante, muchas veces el verdadero riesgo aparece en otro sitio: Desviar la actividad. 

En este sentido, cabe tener presente en todo momento algo que muchos no entienden hasta que ya es tarde:

La Administración no mira únicamente el nombre de la empresa, mira lo que realmente está ocurriendo. Y ahí empiezan las miguitas de pan, como en el cuento de Hansel y Gretel.

Hay quien cree que nadie verá el camino, pero lo va dejando marcado sin darte cuenta: son los mismos clientes; es el mismo teléfono; son mismos trabajadores; es el mismo local; es la misma web; son las mismas cuentas; son los mismos proveedores; e incluso, los mismos presupuestos con distinto CIF.

Y Hacienda lleva años perfeccionando la forma de seguir ese rastro. Lo que para muchos empresarios es “empezar de nuevo”, para la Administración puede ser una sucesión fraudulenta de empresas.

El problema no es cerrar, el problema es cómo se hace

Hay que tener en cuenta que cerrar una empresa insolvente no es ilegal, como tampoco lo es continuar una actividad. De hecho, existen mecanismos completamente legales para reorganizar negocios, salvar la actividad económica y proteger el empleo.

El problema aparece cuando la nueva estructura se utiliza para dejar atrás las deudas mientras el negocio sigue funcionando prácticamente igual. 

Ahí es donde empiezan los riesgos de verdad. Porque la Agencia Tributaria puede interpretar que existe ocultación patrimonial; vaciamiento de empresa; continuidad fraudulenta; abuso de la personalidad jurídica; y utilización instrumental de sociedades.

Y cuando eso ocurre, la famosa “responsabilidad limitada” de la SL deja de ser tan limitada y empieza a romperse.

El momento en el que el administrador deja de dormir

Muchos empresarios crean una sociedad pensando que, pase lo que pase, responderá únicamente la empresa.

Hasta que descubren que no siempre es así. Cuando se aprecia fraude o maniobras para impedir el cobro, la deuda puede acabar derivándose al administrador y ahí cambia todo.

Porque el problema deja de ser empresarial y se convierte en personal. Es entonces cuando empiezan: las cuentas bloqueadas; los embargos; las notificaciones constantes; el miedo a abrir el buzón; la obsesión por revisar el banco cada mañana; las discusiones en casa; el insomnio; y el cortisol disparado.

Lo peor es que la mayoría no actuó pensando en defraudar, sino que actuó pensando en sobrevivir.

Los “gurús” desaparecen cuando llegan las consecuencias

Internet está lleno de personas hablando de sociedades como si fueran perfiles de Instagram que se pueden cerrar y abrir cada vez que algo sale mal.

Pero una empresa no desaparece porque cambie el CIF. Y hoy la Administración cruza muchísima más información de la que la gente imagina: movimientos bancarios; clientes; facturación; administradores; sociedades vinculadas; relaciones familiares; trabajadores; correos; y actividad real.

Por eso, muchos de esos supuestos trucos acaban convirtiéndose en un problema enorme años después. Y mientras tanto, quien dio el consejo ya está grabando otro vídeo diciendo cómo “facturar sin pagar impuestos”.

Lo más triste: Muchas veces había solución

Por otro lado, llegamos a un punto que es muy importante entenderlo bien: La insolvencia no siempre significa el final y continuar una actividad empresarial no tiene por qué ser fraude. Existen fórmulas legales para hacer las cosas bien: reestructuraciones societarias; venta de unidad productiva; concursos bien planteados; negociación de deuda; mecanismos preconcursales; planes de continuidad empresarial ordenada; ley de la Segunda Oportunidad; y planes de viabilidad reales.

Pero hay que actuar antes de entrar en pánico. Como siempre decimos en Bergadà Abogados: “Ocuparse para no preocuparse”.

Porque cuando las decisiones se toman desde el miedo, normalmente se acaba eligiendo el camino más peligroso, el cual suele empezar exactamente igual: “No pasa nada. Abres otra sociedad y continúas”.

Hasta que un día llega la derivación.

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