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In Memoriam de Manuel Martínez de León: la lealtad de un amigo, la pasión de un jurista

Homenaje a Manuel Martínez de León, abogado, profesor y experto en arbitraje y Derecho del Deporte, recordado por su lealtad y generosidad.

16/09/2026 03:09

La noticia que uno sabe que puede llegar y que, cuando llega, resulta imposible de aceptar. Ha fallecido Manuel Martínez de León, un excelente abogado, un jurista inquieto, un profesor y un apasionado del arbitraje y del Derecho del Deporte. Para quienes tuvimos el privilegio de compartir con él tantos años, se va, ante todo, un amigo.

Martínez de León fue durante toda su vida un hombre de proyectos. No se conformaba con pertenecer a las instituciones. Quería mejorarlas. No se limitaba a identificar los problemas. Inmediatamente comenzaba a pensar cómo resolverlos, a quién había que llamar, qué personas podían colaborar y qué nueva iniciativa podía ponerse en marcha.

Tuve el privilegio de confirmarlo presidiendo el Comité de Expertos de Arbitraje de la Industria del Deporte y del Entretenimiento, en el que Manuel desarrolló una extraordinaria labor como Secretario que me permitió disfrutar de su compañía y conocer su capacidad de trabajo, su imaginación y su extraordinaria facilidad para relacionar personas y proyectos.

Compartimos también la enseñanza, la reflexión sobre numerosos procedimientos arbitrales y multitud de encuentros profesionales y personales que fueron confirmando la enorme riqueza intelectual y humana de Manuel. Un jurista curioso en el mejor sentido de la palabra.

Interesado en el Derecho mercantil, el arbitraje, el deporte, las nuevas realidades del entretenimiento, la Universidad y cualquier espacio en el que el Derecho tuviera que encontrar soluciones para una sociedad que cambia.

Preguntaba, estudiaba, proponía y, sobre todo, hacía. Manuel no era solamente un hombre de ideas. Era un hombre de acción. Había en Manuel una característica que siempre admiré, su generosidad profesional.

Vivimos en una profesión en la que no siempre resulta fácil alegrarse sinceramente del éxito ajeno. Manuel sabía hacerlo. Cuando un amigo recibía un nombramiento, publicaba un artículo, impartía una conferencia o alcanzaba cualquier reconocimiento, era el primero en felicitarlo y procurar que aquel mérito fuese conocido.

Lo hizo conmigo en numerosas ocasiones y sé que lo hizo con muchas otras personas. No entendía el prestigio como un patrimonio que hubiese que defender frente a los demás. Al contrario, el éxito de los buenos profesionales enriquecía a toda la profesión. Eso explica la cantidad y la calidad de las amistades que fue construyendo a lo largo de su vida.

Siempre presente

He vuelto a los mensajes que intercambiamos durante años una crónica de una amistad construida alrededor del Derecho, el arbitraje, el deporte, la Universidad, proyectos compartidos, reuniones, comidas, conferencias y, sobre todo, de una permanente disponibilidad hacia los demás. El Manuel que conocemos, pues sigue presente, positivo, cariñoso, entusiasta, inteligente, amable, generoso y profundamente vital.

Manuel estaba siempre. Estaba para felicitar un nombramiento, para celebrar el éxito de un compañero, para proponer un proyecto, para encontrar a la persona adecuada, para organizar una reunión, para recomendar a un buen profesional o, sencillamente, para llamar cuando sabía que alguien atravesaba un momento difícil.

Sus expresiones se repetían: «Cuenta conmigo», «Aquí me tienes», «Estoy a tus órdenes». No eran fórmulas convencionales de cortesía. Eran una forma de ser.

Pero si existe un aspecto de su vida que retrata especialmente la extraordinaria dimensión humana de Manuel fue su enfrentamiento con la enfermedad.

Hace unos años hubo de librar una lucha titánica. Lo hizo sin doblar ni por un momento las rodillas, sin permitir que la enfermedad doblegara su voluntad, su optimismo ni sus ganas de vivir. Fue una batalla larga y durísima, que afrontó, en su sonrisa, con una entereza admirable hasta una victoria que le permitió volver a la vida con una fuerza extraordinaria.

Manuel aprovechó aquella victoria. No volvió simplemente a lo que hacía antes. Tenía todavía más cosas por hacer. Llegaron nuevos logros profesionales y académicos, entre ellos su aplazado doctorado, culminación de una vocación intelectual que nunca abandonó, su actividad en la Universidad y en la enseñanza, sus publicaciones, su presencia en el mundo arbitral y multitud de iniciativas relacionadas con el Derecho, el deporte y el entretenimiento.

Resulta ejemplar contemplar cómo alguien que había atravesado semejante prueba podía regresar con aquella energía, aquella curiosidad intelectual y aquel entusiasmo por emprender nuevos proyectos. Cada dificultad despertaba en Manuel una nueva razón para seguir adelante.

Lamentablemente aquella enfermedad volvió a invadir su cuerpo. Nunca invadió su voluntad. Nunca conquistó su espíritu.

Manuel volvió a luchar exactamente como había luchado la primera vez. Sin rendirse, sin ablandar su actitud ante la adversidad y sin dejar que quienes le queríamos percibiéramos en él resignación alguna.

Esta vez la enfermedad ha conseguido superar la barrera de su cuerpo. Pero no ha conseguido vencerle a él.

Manuel transmitía la certeza de quien considera que la vida tiene un sentido que va más allá de nosotros

Hay victorias que no se miden por el resultado de una batalla. Quienes conocimos a Manuel sabemos que permaneció fiel hasta el último momento a la forma en que había decidido vivir, luchando, trabajando, queriendo a los suyos, interesándose por los demás y mirando siempre hacia delante.

Hay una dimensión, sin la cual resulta difícil explicar su actitud ante la vida y ante la muerte, su religiosidad. Una fe íntima, serena y sincera, sin exhibición, conocida por quienes tuvimos la fortuna de estar cerca de él y compartir situaciones personales que permitían descubrir la profundidad de sus convicciones.

Manuel transmitía la certeza de quien considera que la vida tiene un sentido que va más allá de nosotros mismos y que, por ello, incluso los momentos más dolorosos deben afrontarse con esperanza.

La enfermedad ha podido finalmente con su cuerpo después de una resistencia ejemplar. Manuel estaba siendo reclamado entre las personas que han cumplido generosamente sus compromisos en la tierra. Pocas personas tan preparadas como Manuel para afrontar ese viaje con la serenidad, confianza y fortaleza con las que afrontó los anteriores.

El próximo 2 de octubre, festividad de los Santos Ángeles Custodios, celebraremos el funeral por el eterno descanso de nuestro Manuel, una persona tan querida y especial para todos nosotros.

La misa tendrá lugar a las 20:30 horas, en la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora, en calle Goya, 26, Madrid, y será oficiada por nuestro querido y respetado Don Silverio Nieto.

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