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Edgeworth contra Cuatrecasas resiste en Londres: el caso supera el filtro preliminar y entra en la cocina procesal

Edgeworth Capital contra Cuatrecasas resiste en Londres: el caso supera el filtro preliminar y entra en la fase de gestión procesal rumbo a la práctica de la prueba.

20/06/2026 03:06

No ha muerto. Lejos de ello.

El procedimiento que enfrenta a Edgeworth Capital con Cuatrecasas ante los tribunales ingleses sigue su curso, y lo hace con paso firme. Abierto, vivo, en movimiento.

Otra cosa muy distinta —y aquí toca la cautela del cronista— es la distancia que aún lo separa de una sentencia capaz de zanjar lo único que importa de verdad: si el despacho español incurrió o no en negligencia profesional. Esa frontera queda lejos.

Conviene situarse. Veamos dónde está el asunto y por qué ha llegado hasta aquí.

Antecedentes del caso

El origen del caso se remonta al asesoramiento que llevó a cabo Cuatrecasas a la demandante, Edgeworth, respecto a la compra de la ciudad financiera del Banco Santander en Boadilla del Monte, Madrid.

La demanda de Edgeworth Capital contra Cuatrecasas es por 213 millones de euros por presunta negligencia profesional.

Asalto número uno: el intento de tumbar el pleito de un golpe

La primera escaramuza se libró en 2025. Y fue de las preliminares, esas que no dirimen quién lleva razón, sino algo más elemental y más brutal: si el litigio tiene siquiera derecho a existir.

Cuatrecasas apostó fuerte por la vía rápida. Su estrategia consistió en señalar defectos procesales en la demanda de Edgeworth con la esperanza de que el caso se desplomara antes de empezar.

No coló.

El Master McQuail —la figura que en el sistema inglés gestiona la instrucción civil de estos procedimientos— rechazó el planteamiento. Y no solo lo rechazó: abrió la mano. Concedió a Edgeworth la oportunidad de corregir lo señalado y continuar. El pleito encajó el golpe y siguió en pie.

Desde ese momento, todo ha rodado conforme al manual. Edgeworth reformuló y presentó su demanda corregida. Cuatrecasas contestó. Edgeworth replicó.

Y luego vino esa danza de escritos menores —solicitudes de aclaración, peticiones de detalle, precisiones cruzadas— que en apariencia parecen trámite burocrático pero que, en realidad, van delimitando con bisturí el campo de batalla antes de que entre la prueba.

Del «si hay pleito» al «cómo se gana»

Y aquí está el verdadero salto. Porque ya nadie discute si este litigio merece vivir. Esa pregunta murió. La que ocupa ahora a las partes es de naturaleza completamente distinta: cómo se organiza este mastodonte procesal y, sobre todo, cómo se prueba lo que cada lado afirma.

En abril de 2026 se celebró una cost case management conference ante el Master. Traduzcámoslo para el lector español: viene a ser el primo inglés de nuestra audiencia previa.

Una vista en la que el tribunal coge el timón, fija el calendario, aprueba los presupuestos de costes —ese detalle tan británico de presupuestar el gasto del litigio con antelación— y traza la hoja de ruta de lo que viene.

¿Y qué viene? Lo esperable. La maquinaria se dirige ahora hacia el disclosure, la exhibición de documentos entre las partes; después, la prueba testifical; luego, la pericial.

Y, si nadie pacta antes —siempre planea la sombra del acuerdo—, la preparación del juicio propiamente dicho.

La foto, hoy

Recapitulemos sin adornos. El procedimiento está vivo, abierto y en una fase de gestión ya madura. Ha cruzado el filtro preliminar, tiene calendario y avanza hacia la práctica de la prueba.

Pero el corazón del asunto permanece donde estaba: intacto. La pregunta de fondo —¿hubo negligencia profesional o no la hubo?— sigue latiendo bajo toda esta arquitectura procesal sin que nadie la haya respondido todavía.

Para eso habrá que esperar. Y puede que bastante.

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