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Dos pasos, una huella y un millón de € de fianza: el rompecabezas que mantiene a Jonathan Andic, hijo del fundador de Mango, entre el accidente y el homicidio

Las hermanas de Jonathan Andic declaran a su favor ante la jueza Raquel Nieto en Martorell, mientras el sumario se llena de indicios contrarios.

03/07/2026 12:07

Sarah y Judith Andic Raig entraron este viernes en los juzgados de Martorell dispuestas a defender lo indefendible para la acusación: que su hermano Jonathan no mató a su padre.

Ante Raquel Nieto, titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Martorell (plaza 5 del Tribunal de Instancia de Martorell, Barcelona, según su nueva denominación), ambas repitieron el relato que ya habían dado a los Mossos d’Esquadra el pasado septiembre.

La relación entre Isak Andic y su primogénito era «buena». Nunca hubo gritos. Y esa «obsesión por el dinero» que la investigación atribuye a Jonathan, insisten, jamás existió. Su abogado es el prestigioso penalista Cristóbal Martell.

Es la versión de la sangre. Y llega justo cuando el resto de testimonios recabados por el juzgado empieza a dibujar un relato bien distinto sobre la muerte del hombre que construyó uno de los mayores imperios de la moda española.

Las hermanas Sarah y Judich Andic (de izquierda a derecha, atrás) a su llegada a los Juzgados de Martorell (Barcelona) para declarar en la causa por la muerte de su padre, este viernes, 3 de julio. Foto: David Zorrakino/EP.

El imperio que heredar

Isak Andic fundó Mango en 1984 con una tienda en el Paseo de Gracia de Barcelona. Cuarenta años después, la firma factura más de 3.300 millones de euros al año, tiene más de 2.800 puntos de venta en 120 mercados y es, tras Inditex, la segunda multinacional textil española.

Andic, nacido en Estambul y afincado en Cataluña desde niño, dejó la gestión ejecutiva en 2020 —el cargo de consejero delegado recayó en Toni Ruiz— pero conservó el 95% de las acciones a través de Punta Na Holding, la sociedad patrimonial que hoy presiden, a partes iguales, sus tres hijos: Jonathan, Judith y Sarah.

La cifra exacta de lo que dejó sigue siendo objeto de disputa incluso entre quienes la han intentado calcular.

Isak Andic, el fundador de Mango, era una de las grandes fortunas españolas. Foto: EP.

Forbes situó su fortuna en 4.500 millones de euros en 2024, la quinta mayor de España; otras estimaciones posteriores a su muerte la elevan hasta los 8.000 millones, aunque reconocen que el patrimonio real «continúa siendo un misterio» dada la complejidad de sus activos: la mansión de Esplugues de Llobregat, una colección de Porsche clásicos, un velero, un jet privado y el 7,5% de Banco Sabadell, del que fue vicepresidente.

En julio de 2023 repartió notarialmente Punta Na —y con ella el control de Mango— entre sus tres hijos.

Es, precisamente, ese reparto, y el temor a que una fundación benéfica proyectada por Andic lo alterase, lo que la instrucción sitúa en el centro del móvil.

Knuth y el testamento que «lo cambiaba todo»

La declaración más dañina para la defensa, sin embargo, no salió de la familia. Estefanía Knuth, pareja de Isak Andic durante los últimos seis años de su vida, aseguró ante la magistrada, el pasado 30 de junio, que el empresario preparaba un nuevo testamento capaz de alterar por completo el reparto de la herencia entre sus tres hijos, al destinar buena parte de su fortuna a una fundación benéfica.

Un cambio que, según su testimonio, «lo cambiaba todo».

Knuth fue más allá y situó el origen de la tensión entre padre e hijo en 2014, cuando Isak Andic tuvo que interrumpir una vuelta al mundo en su velero Nirvana para regresar a Mango y frenar una caída de beneficios, apartando a Jonathan de la gestión que había dejado en sus manos.

Según su relato, aquel episodio dejó una herida de orgullo que resurgió con fuerza al conocerse los planes del nuevo testamento.

Estefanía Knuth, la pareja de hecho de Isak Andic, dibujó una relación entre padre e hijo que no beneficia a Jonathan. Foto: EP.

La pareja del empresario añadió que este quería que su hijo abandonara la compañía a partir de enero de 2025 —apenas dos semanas después de la fecha real de su muerte—, en la misma ruta de montaña que, según la versión de Jonathan, este había propuesto para reconciliarse con su padre.

Un detalle más alimenta las sospechas: Jonathan llamó a Knuth cuatro minutos y treinta y cuatro segundos después de la caída, antes incluso de avisar al 112.

La propia Knuth, que llegó a reclamar 70 millones de euros de herencia y finalmente cerró un acuerdo por 27 millones ya cobrados, ha optado por no personarse como acusación particular. Pero su testimonio, sumado al del resto de comparecientes, refuerza ante la jueza la hipótesis de un móvil económico.

Los mensajes que complican la defensa

Tres días antes de las hermanas, la testifical que más inquietud generó en Martorell fue la de Julia Lüderwaldt, terapeuta de la familia, que declaró durante casi tres horas sin acogerse al secreto profesional.

De su comparecencia trascendieron mensajes incorporados al procedimiento. En ellos, el propio Jonathan reconocía el «profundo» deterioro del vínculo con su padre. Una frase, en concreto, es la que la investigación considera más comprometedora: «No me extraña que pensaras que era capaz de matarte».

Los mensajes revelan también otro episodio. La propia terapeuta habría reclamado a Isak Andic una petición de 40 millones de euros para facilitar la independencia empresarial de su hijo. Y habría acompañado esa petición con una amenaza: abandonar el tratamiento si el empresario no accedía.

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Isak Andic forjó un imperio que factura más de 3.300 millones de euros al año, tiene más de 2.800 puntos de venta en 120 mercados y es, tras Inditex, la segunda multinacional textil española. Foto: EP/Mango

39 segundos, dos pasos y una huella

El foco de la instrucción sigue puesto en lo ocurrido el 14 de diciembre de 2024 en un tramo de las Cuevas del Salnitre, en Collbató, cuando padre e hijo hacían juntos, y solos, una ruta hacia Montserrat.

Isak Andic cayó desde una altura de entre 100 y 150 metros. Y ahí es donde el relato se bifurca en dos versiones que, catorce meses después, siguen sin conciliarse.

Los Mossos sostienen que, en el instante de la caída, Andic estaba parado y no manipulaba el teléfono —Jonathan había dicho inicialmente que su padre pudo caer mientras hacía fotos, algo que el análisis del móvil descarta—.

Apuntan además a una huella hallada en el punto de la precipitación que, según sus simulacros, resultó demasiado profunda para un simple resbalón: reproducirla exigió frotar la suela contra el suelo, como mínimo, cuatro veces.

Y subrayan un detalle que a los investigadores les resulta extraño: Andic no presentaba marcas en las manos, pese a que junto a ese tramo hay una rampa a la que, de haber resbalado, habría tenido tiempo de agarrarse.

La defensa responde con su propia lectura de los mismos datos. Sostiene que el informe policial esconde un vacío de 39 segundos —dos pasos registrados por el móvil de Isak justo antes de la caída— compatibles, dicen, con un tropiezo accidental, y acusa a los Mossos de «tendenciosidad y sesgo» por omitirlos.

Cuestiona también que la huella fuera realmente de la víctima, alegando que la zona no se acordonó ni preservó como prueba de forma rigurosa.

Y recuerda que la propia Unidad de Intervención en Montaña de los Mossos, tras diez simulacros de precipitación, concluyó que no podía determinar ni la causa exacta de la caída ni si hubo intervención de terceros.

A ello suma que Andic padecía artrosis y había sufrido una caída previa meses antes —motivo por el que la jueza Nieto ha reclamado su historial médico completo—.

La autopsia, por su parte, tampoco determinó de forma categórica una muerte violenta.

Con ese empate técnico sobre la mesa, la instructora ha ordenado una reconstrucción de los hechos in situ en Collbató, con Jonathan Andic presente, y ha incorporado a la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos, especializada en pruebas indiciarias.

La caída, minuto a minuto

A esa reconstrucción técnica se suma el testimonio de los dos excursionistas que socorrieron a Jonathan minutos después de la caída, también citados por el juzgado.

Su relato puede resultar determinante para fijar el tiempo transcurrido entre el accidente y la llegada de terceros, y el estado en que se encontraba el hijo del empresario en esos primeros instantes.

A ello se suma un dato que los Mossos consideran relevante: Jonathan había visitado la zona dos días antes del suceso —un recorrido casi calcado, según el análisis de su móvil—, algo que él mismo admitió, alegando que quería «familiarizarse con el sendero» antes de la excursión.

La causa, archivada provisionalmente en enero de 2025 por falta de indicios de delito, se reabrió dos meses después a petición de los propios Mossos.

Jonathan Andic fue detenido en mayo de 2026 y quedó en libertad bajo una fianza de un millón de euros que, según ha advertido ya la justicia, no recuperará aunque el procedimiento se archive. Tiene el pasaporte retirado, prohibición de salir de España y obligación de comparecer semanalmente ante el juzgado.

Lo que queda por venir

El calendario judicial no se detiene. La instrucción prevé aún las testificales del consejero delegado de Mango, Toni Ruiz, de la secretaria de la familia Andic y del responsable de ciberseguridad de la compañía, aunque sin fecha fijada —previsiblemente después del verano—.

Cada nueva comparecencia añade una pieza a un rompecabezas que, catorce meses después de la muerte de Isak Andic, sigue sin resolver la pregunta de fondo: accidente o homicidio.

Las hermanas ya han dicho lo suyo. Ahora falta ver si el resto del sumario las respalda.

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