El oxímoron es una figura retórica que combina dos conceptos de significado totalmente opuesto que originan un nuevo sentido, por ejemplo: “un instante eterno”, “un silencio atronador”, “un secreto a voces” etc.
En esta figura podría tener encaje la «locura cuerda» de don Quijote, que en lo que atañe a los asuntos de justicia dio lugar a una enorme contradicción entre aquello que nuestro afamado caballero andante predicaba de la misma y lo que practicaba, es decir, entre lo que decía y lo que hacía.
Lo que don Quijote predicaba de la justicia
Es bien cierto que don Quijote siempre tuvo un alto sentido de lo justo y de lo correcto y, por ello daba gracias al cielo, que le había dotado de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre a hacer bien a todos y mal a ninguno (Segunda Parte, capítulo XXV).
Siempre dispuesto para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos, motivo por el cual se hizo caballero andante (Primera Parte, capítulo XI).
Don Quijote se erigió, nada menos, en un ministro de Dios en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia (Primera Parte, capítulo XIII) convirtiéndose en la esperanza de quienes ya no confían en la misma, pues en su pensamiento estaba presente la idea de que los extraordinariamente afligidos y desconsolados buscaban siempre remedio en los caballeros andantes, antes que en la justicia ordinaria (Segunda Parte, capítulo XXXVI).
Este espíritu justiciero de don Quijote le llevó, como buen caballero andante, a ejercer una profesión cuya función no era otra, que la de valer a los que poco pueden, vengar a los que reciben tuertos y castigar alevosías (Primera Parte, capítulo XVII); así como perdonar a los humildes y castigar a los soberbios (Segunda Parte, capítulo LII) ofreciendo su brazo en las más peligrosas aventuras que la suerte le deparaba en ayuda de los flacos y menesterosos (Primera Parte, capítulo XIII).
Para conseguir estos encomiables propósitos nuestro Hidalgo manchego no dudaba en enfrentarse a todo aquello que consideraba arbitrario, injusto y/o abusivo.
Las manifestaciones más importantes de la concepción teórica de la justicia que don Quijote predicaba quedan reflejadas, sin duda, en los sabios consejos que le dio a su fiel escudero Sancho Panza cuando éste se disponía a asumir el gobierno de la “Ínsula Barataria” (Segunda Parte, capítulo XLII) sobre aspectos tales como: la seguridad jurídica, la igualdad ante la ley, la objetividad y la imparcialidad, la motivación de las decisiones, la compasión y la misericordia, la equidad, la cortesía y el respeto con los súbditos.
En estos consejos don Quijote se expresa con unos razonamientos impecables sobre el valor de la justicia, tanto desde el punto de vista jurídico, como desde el ético.
Ahora bien, una cosa es lo que don Quijote decía y otra muy diferente lo que hacía.
La justicia que don Quijote practicaba
Y es que la concepción teórica de la justicia que don Quijote predicaba se veía contradicha por sus actuaciones conforme a unos principios y valores muy contrarios de aquellos que predicaba, generando auténticas injusticias.
Esto nos lleva a preguntarnos cómo es posible que don Quijote que hablaba con palabras tan sabias, rectas y razonables sobre lo que era justo o injusto, pudiera actuar de una forma tan insensata, imprudente e irresponsable.
La explicación es muy sencilla, don Quijote consideraba que estaba por encima de la ley cuando ésta no garantizaba lo que él entendía que era lo justo y lo correcto.
Sustituía, sin más, la ley por su visión personal de la justicia, con desprecio absoluto a la autoridad a la que se enfrenta con frecuencia (Primera Parte, capítulo XLV).
Ello se debía a que en el espíritu del ingenioso Hidalgo había una desconfianza absoluta en quienes administraban justicia, lo que se pone de manifiesto en diversas alusiones a la arbitrariedad y la corrupción de la que éstos adolecían (Primera Parte, capítulo XXII)de ahí que nuestro caballero andante fuera partidario de actuar “al margen de la ley” para imponer su justicia de una forma directa e inmediata, porque no estaba dispuesto a resignarse y permanecer impasible ante la injusticia que proliferaba a su alrededor.
Es así como el ingenioso Hidalgo no duda en enarbolar de oficio la enseña de la justicia, incluso, por la fuerza de las armas, aunque casi siempre con resultados bastante contraproducentes.
Entre los episodios más significativos de la temeridad de don Quijote en la aplicación de su justicia podemos destacar dos:
El caso de Andrés (Primera Parte, capítulo IV) donde nuestro caballero andante libera a un joven criado de los azotes que su amo Juan Haldudo le estaba propinando atado a una encina, creyendo que ha hecho justicia, don Quijote se marcha del lugar y el amo de nuevo azota al muchacho con más coraje y violencia, lo que demuestra que la intervención del caballero no solo no arregló nada, sino que lo empeoró todo; hasta tal punto que el propio Andrés, que tuvo la oportunidad de encontrarse en otra ocasión con don Quijote le recriminó a éste su desafortunada intervención (Primera Parte, capítulo XXXI).
Y el famoso episodio de los galeotes (Primera Parte, capítulo XXII) donde don Quijote libera a un grupo de facinerosos argumentando que como éstos no habían cometido nada contra los honrados guardas que los custodiaban, no estaba bien que éstos fueran sus verdugos no yéndoles nada en ello. La consecuencia inmediata de esta indebida liberación fue que los propios liberados acabaron apedreando a su liberador, que tanto bien les había hecho.
Conclusión
El oxímoron de la justicia quijotesca evidencia que ésta no se puede alcanzar a través de la transgresión de las leyes, pues aunque la justicia humana diste mucho de ser perfecta, mucho peor es que el individuo se la tome por su propia mano, por muy altruistas y desinteresados que sean sus propósitos.
La justicia debe garantizarse a través de los cauces adecuados, porque no se puede luchar contra las injusticias generando nuevas clases de las mismas.
En todo caso, hay que decir en defensa de don Quijote, que lo verdaderamente justificable de sus acciones justicieras fue que no se resignara nunca ante la injusticia, porque quizás ello hubiera sido una forma peor de locura.