El FC Barcelona y, concretamente, su presidente, Joan Laporta, y su junta directiva, se han alineado con el sectarismo radical independentista catalán y no hicieron el lógico, merecido y cortés homenaje a los jugadores de la selección española, ganadora del Mundial de fútbol 2026.
Eran 8 jugadores del Barça –Joan García, Eric García Pau, Cubarsí, Gavi, Pedri, Dani Olmo, Lamine Yamal y Rodri– y 3 del Athletic de Bilbao –Unai Simón, Aymeric Laporte y Nico Williams sobre el terreno de juego del Camp Nou. 11 de los 26 que formaron parte de esta mítica selección. El 42,31 % de todos los jugadores que formaron parte de la selección campeona del m undo. .
Ningún otro partido de fútbol habría reunido sobre el terreno de juego tal coincidencia de campeones del Mundo de Fútbol 2026.
El presidente del FC Barcelona y su Junta Directiva renunciaron a que se hiciera ningún homenaje a los 11 campeones del mundo al comienzo del partido que tuvo lugar ayer por la noche en partido de Liga.
¿Una actitud mezquina e indigna? ¡Cómo poco y siendo muy educado! Se me ocurren más adjetivos mucho más desagradables. Sobre todo tras escuchar los gritos que se profirieron antes del partido por una parte del público: «Puta España», «Puta selección».
Laporta y su junta directiva rompieron la tradición internacional de homenajear a los jugadores campeones del mundo en su primer partido oficial ante su público.
Así se hizo el pasado 19 de agosto en el estadio Metropolitano, en Madrid, antes del encuentro entre el Atlético de Madrid y el Málaga con sus cuatro campeones del mundo: Alejandro Grimaldo, Álex Baena, Marc Pubill y Marcos Llorente.

Tres días después, el 22 de agosto, San Mamés, Bilbao, homenajeó, con motivo del partido entre el Athletic de Bilbao y el Sevilla, a los tres internacionales bilbainos campeones del mundo –Unai Simón, Aymeric Laporte y Nico Williams– y al seleccionador nacional, Luis de la Fuente, exjugador del club rojiblanco.

El reconocimiento se extendió a Elene Gurtubay y Ziara Vega, campeonas de Europa sub-19, y al mítico portero internacional Carmelo Cedrún, fallecido el 6 de julio.
El 26 de agosto, el Santiago Bernabéu, en Madrid, hizo lo propio con el catalán Marc Cucurella, actual jugador del Real Madrid, y con el vasco Mikel Oyarzabal, futbolista del equipo visitante, la Real Sociedad.

También en la misma Inglaterra se homenajeó en Londres, el 23 de agosto, a Pedro Porro, al inicio del partido del Tottenham contra el Charlton, a su jugador español campeón del mundo.

La disculpa del Barcelona para obviar el hecho es que no era el momento idóneo, pues se iba a efectuar un homenaje a la estelada, no a la bandera oficial de Cataluña sino a la bandera independentista que, de manera provocativa, habían exhibido en Elche, dando lugar a incidentes con la Policía, por los que se protestaba.
El Barcelona, además de la descortesía de no homenajear a los 11 campeones del mundo ha agraviado a la selección española y a la inmensa mayoría de los aficionados.
En contra de los criterios de la FIFA y la UEFA, el FC Barcelona politizó el partido con su descortés comportamiento y su sometimiento al separatismo, poniéndolo al servicio de los grupos independentistas, minoritarios en Cataluña, pero activamente intolerantes e irrespetuosos con un deporte que no debería tener color político en una sociedad democrática.
La presencia de sectores radicales y totalitarios, dispuestos a tergiversarlo todo —en este caso, el fútbol— para defender sus planteamientos, desvirtúa esa necesaria neutralidad.
También cabe reflejar el parcial y sectario comportamiento de LaLiga, exhibiendo y dando eco en sus medios a los actos de manifestación de banderas independentistas y, sin embargo, ocultando la proliferación de la bandera legal, sí, legal, de España en el estadio del Ceuta, antes del partido de este equipo contra Las Palmas, el pasado 23 de agosto.
¿Debe abandonar el FC Barcelona la Liga española?
Finalmente, cabe decir que, por conductas insolidarias como esta, hay quienes desean —lo han dicho públicamente en medios de comunicación— que el Barcelona abandone la Liga española lo antes posible.
No se puede jugar un mismo campeonato con quienes agravian de tal modo al conjunto de la afición.
O el Barcelona respeta al conjunto o que se plantee ya irse a jugar a otra liga.
A esto se une el caso actualmente pendiente de los tribunales, el de los pagos durante 2 décadas, mediante sociedades, al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, José María Enríquez Negreira, según el Barcelona, por asesoramientos. Pero con sólidos y lógicos indicios de ser sobornos, según la Fiscalía y la Guardia Civil, para que los árbitros favoreciesen al Barcelona.
Y lo último: la pretensión de fichar a Julián Álvarez, jugador con contrato en vigor con el Atlético de Madrid, sin pagar la cláusula de rescisión del jugador argentino y contra los criterios del club al que pertenece.

Dicho sea esto con el máximo respeto a la gran mayoría de seguidores del Barcelona en Cataluña, en el resto de España y por todo el mundo, ajenos a esta nefasta politización del club por sectores radicales, eso sí, amparados lamentablemente por la presidencia y la junta directiva del Club.
El Barça, con esta decisión de no homenajear a los internacionales campeones, no fue un club campeón, ni un club señor. Demostró lo que es, de verdad.