El 5 de septiembre de 2026 falleció el Dr. h.c. mult. D. Robert Alexy, filósofo del Derecho, jurista alemán y Catedrático de Derecho Público y Filosofía del Ferecho de la Universidad Christian-Albrechts de Kiel, hasta su retiro en 2013.
En virtud de sus aportaciones a la argumentación jurídica, la teoría de los derechos humanos y fundamentales y la filosofía del Derecho, así como por sus críticas al positivismo jurídico, es considerado uno de los más importantes filósofos del Derecho de nuestro tiempo.
El 27 de octubre de 2016 el Dr. Robert Alexy fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza, promovido por el Departamento de Derecho Penal, Filosofía del Derecho e Historia del Derecho.
El Dr. Alexy mantuvo una estrecha relación académica con el Grupo de Estudios Penales de la Universidad de Zaragoza, particularmente con la autora del presente artículo y con el Programa de Doctorado de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales.
Dicho acto fue presidido por el entonces rector, José Antonio Mayoral en la Sala Paraninfo de dicha universidad e impartió la conferencia «La dimensión real e ideal del Derecho».
Sus padrinos fuimos la autora de este artículo y Javier López, Catedrático de Derecho Procesal, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza. El profesor Alexy había participado anteriormente en 2012 en un seminario sobre la neutralidad del Estado y la función de la religión en la vida pública, organizado por la Fundacion Manuel Giménez Abad en colaboración con la Fundación alemana Alexander von Humboldt en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza.
En mi caso, fue mi maestro el profesor Juan José Gil Cremades quien me alentó en los inicios de los años 90 a solicitar la prestigiosa beca concedida por la Asociación alemana Alexander von Humboldt para ir a investigar junto al profesor Alexy en la Universidad Christian Albrechts de Kiel, situada en el Land de Schleswig Holstein, en el Norte de Alemania.
Así fue como trabajé con él en los años 1996 y 1997, con sucesivas estancias en años posteriores. Entre las múltiples enseñanzas que me trasmitió, además de las académicas, fue la de su entrega al alumnado y a la docencia.
Asistí a todas sus clases de derecho constitucional y de argumentación jurídica, en el Auditorium Maximun (Audimax) de esa Universidad, en el que había más de 300 alumnos porque era muy popular y “berühmt”, famoso, prestigioso, así como “ein geschätzter Kollege”, un colega apreciado, como dirían los alemanes.
Nunca delegó una sola clase, a pesar de que era requerido para muchas conferencias y fue recibiendo sus innumerables doctorados honoris causa en países de Latinoamérica y España.
Destacaba también por su generosidad al compartir sus conocimientos. Por ejemplo, me permitió fotocopiar todos sus apuntes de clases, lo que considero hoy un lujo. Otra de las cualidades que mostraba su gran talla humana es que nunca hablaba mal de nadie, ni se prestaba a ningún “cotilleo”.
A todo ello se unía su gran humildad intelectual, a pesar de ser un referente mundial en la materia jurídica de resolución de conflictos entre derechos fundamentales, la argumentación y ponderación jurídica.
Su método de ponderación de derechos se utiliza hoy en muchos tribunales constitucionales e internacionales.
Ofrece a los jueces técnicas de ponderación y del principio de proporcionalidad para ver cómo combinar derechos fundamentales en conflicto, y cuál debe ceder en favor del otro, siguiendo la práctica de la tradición constitucional alemana, que ha servido en buena medida de modelo para la elaboración de la vigente Constitución española.
Una vez que fui elegida jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos tuvo ocasión de venir a un seminario que organicé en Estrasburgo en el año 2019.
A su vuelta escribía: “He regresado a Kiel sin contratiempos. Quiero agradecerle su maravillosa invitación; mi estancia en Estrasburgo fue magnífica. Pude mantener conversaciones muy valiosas, conocer a personas nuevas e interesantes y reencontrarme con viejos amigos. Mi viaje a Estrasburgo no habría sido lo mismo si no hubiera tenido la gentileza de mostrarnos —a Martin Borowski y a mí— su despacho. Ahora ya no veo el TEDH solo desde fuera, sino también desde dentro. Los derechos humanos constituyen el núcleo normativo de mi teoría. Su tribunal representa uno de los mayores esfuerzos por institucionalizar este ideal, es decir, por hacerlo realidad. Me alegra enormemente que usted esté allí”.
Esperemos que la estela de profesionalidad e integridad del profesor Alexy sea un ejemplo para muchos de los juristas contemporáneos.