La fiscalía y la información

La fiscalía y la información

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29/3/2015 00:00
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Actualizado: 29/3/2015 00:00
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Susana Gisbert Grifo, fiscal

Una de las pocas cosas buenas que ha traído consigo el terrible siniestro del avión en Francia, ha sido el descubrimiento de una Fiscalía que da una información ágil, transparente y en tiempo real, con un total respeto por las víctimas y un cumplimiento exquisito del deber de garantizar el derecho a recibir información veraz del que gozan los ciudadanos.

Ahí es nada.

Todos hemos comprobado cómo el fiscal francés comparecía ante los medios de comunicación y proporcionaba la información que se demandaba casi en el mundo entero. Chapeau, compañeros franceses. Me quito el sombrero ante ustedes.

Pero, por supuesto, aunque las comparaciones puedan ser odiosas, no podemos por menos que hacer un ejercicio de honestidad y preguntarnos qué habría pasado si semejante espanto hubiera ocurrido dentro de nuestras fronteras.

¿Hubiera comparecido algún fiscal ante las cámaras?

¿Se nos hubieran proporcionado los datos del mismo modo?

¿O se hubieran echado balones fuera hasta que el desastre nos explotara en plena cara?

No me contesten todavía. No les  pediré que lo hagan después de la publicidad, pero sí denme la oportunidad de explicar algunas cosas antes de hacerlo.

Es necesario saber que, entre las funciones que la ley asigna al Ministerio Fiscal se encuentra, según el artículo 4 de su Estatuto Orgánico, la de informar a la opinión pública. Una función poco conocida y todavía menos desarrollada, al menos en lo que a la legislación afecta. Esa breve mención, y su desarrollo en una Instrucción de la Fiscalía General del Estado, la 3/2005, son todo lo que el BOE dedica a esta fundamental materia.

Pero no sólo es eso.

Obviamente, hay que complementarlo con algo tan básico como nuestra propia Constitución, que establece que el Ministerio Fiscal es el garante de los derechos de los ciudadanos, y no cabe duda que entre estos derecho se incluye el de recibir información veraz, también consagrado como tal en nuestra Carta Magna. Claro, conciso y contundente, como me enseñaron que debía ser.

Así las cosas, resulta que al amparo de nuestro marco legislativo patrio se podría tener una actuación exactamente igual que la de los compañeros franceses.

Nada hay en él que lo impida, sino más bien al contrario. La referida Instrucción abunda en la necesidad de que el fiscal proporcione la información que en cada caso se demande, sea directamente por el propio fiscal que conoce del caso o sea a través del fiscal portavoz, figura consagrada y no tan conocida –ni valorada- como debiera.

Por su parte, el portavoz, que ha de existir en todas las fiscalías, será el propio fiscal jefe de la misma o el fiscal en quien delegue dicha función. De modo que, ante un caso así, o el propio fiscal del caso o el portavoz podrían comparecer y explicar todo aquello que fuera necesario. Con los límites, claro está, del secreto de sumario cuando exista, y del propio sentido común que lleva a no revelar aquello que pueda perjudicar a la investigación.

Así que, ahora que ya están las cartas sobre la mesa, podemos contestar a la pregunta. O al menos intentarlo, porque a nadie se le puede exigir un ejercicio de adivinación y, por desgracia, la bola de cristal que siempre pedimos ni ha llegado ni se la espera. Pero contamos con una buena materia prima.

Tenemos un marco legislativo apropiado, aunque escaso, y tenemos también unos fiscales dispuestos a ello y con preparación suficiente. Unos buenos urdimbres para la cesta, que no obstante debe ser tejida a partir de una apuesta firme porque el ejercicio de transparencia sea completo.

Por eso, a partir del ejemplo que los colegas galos nos han dado, más que una contestación rotunda al interrogante, me gustaría abrir un espacio para la reflexión. De uno y otro lado. Del de aquellos que se han apresurado a decir que aquí nunca se habría obrado de ese modo y del de la Fiscalía, que puede –podemos- aprovechar para mirarnos en el espejo de nuestros vecinos. Sin complejos.

Ya sé que ésta es una materia delicada. Porque nos falta concienciación de la importancia de los medios y también porque, en el estado actual de las necesidades de la justicia, parece que hay otras prioridades que demandan atención y recursos con una mayor urgencia. Pero si no hacemos esa seria reflexión a tiempo, llegaremos tarde y mal cuando la ocasión surja.

Y ojalá no surja nunca, pero si lo hace, que esta vez nos pille preparados y con los deberes hechos.

Yo ya hace tiempo que me puse a ello.

Y me consta que no soy la única.

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