AI denuncia el uso de la pena de muerte para combatir la delincuencia y el terrorismo

AI denuncia el uso de la pena de muerte para combatir la delincuencia y el terrorismo

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01/4/2015 00:00
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Actualizado: 01/4/2015 00:00
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Amnistía Internacional denuncia que un número alarmante de países utilizaron en 2014 la pena de muerte para responder a amenazas o supuestas amenazas para la seguridad del Estado y la seguridad pública planteadas por el terrorismo, la delincuencia y la inestabilidad interna.

Según un estudio de Amnistía Internacional, que examina anualmente de la pena de muerte en el mundo, concluye que los Estados utilizaron la pena de muerte en un intento fallido de hacer frente a la delincuencia, el terrorismo y la inestabilidad interna. El fuerte aumento del número de condenas a muerte se debió en gran medida a Egipto y Nigeria: en todo el mundo se impusieron al menos 2.466 condenas, un 28 por ciento más que en 2013. Se registraron 607 ejecuciones, casi un 22 por ciento menos que en 2013 (sin incluir las llevadas a cabo en China, país que ejecutó a más personas que el resto del mundo junto). Se sabe que hubo ejecuciones en 22 países, la misma cifra que en 2013.

Asimismo, desde Amnistía denuncian el número alarmante de países utilizaron en 2014 la pena de muerte para responder a amenazas o supuestas amenazas para la seguridad del Estado y la seguridad pública planteadas por el terrorismo, la delincuencia y la inestabilidad interna. 

«Los gobiernos que utilizan la pena de muerte para responder a la delincuencia se engañan a sí mismos. No hay pruebas que demuestren que la amenaza de la ejecución tiene un efecto disuasorio frente a la delincuencia superior al de otras penas», ha defendido el secretario general de AI, Salil Shetty.

«El año pasado quedó patente la sombría tendencia de los gobiernos a usar la pena de muerte en un inútil intento de responder a amenazas, reales o imaginarias, a la seguridad del Estado y la seguridad pública», ha añadido.

Para Shetty, «resulta vergonzoso que tantos Estados del mundo jueguen básicamente con la vida de la gente, ejecutando a personas por ‘terrorismo’ o para sofocar la inestabilidad interna sobre la premisa errónea de la disuasión».

MENOS EJECUCIONES

No obstante, en 2014 también hubo buenas noticias: se registraron menos ejecuciones que en el año anterior, y varios países adoptaron medidas positivas tendentes a la abolición de la pena de muerte.

En concreto, Amnistía ha podido documentar al menos 607 ejecuciones llevadas en todo el año, frente a las 778 de 2013, lo que supone una reducción de más del 20 por ciento. En 2014 se registraron ejecuciones en 22 países, el mismo número que el año anterior. Según destaca la ONG, esta cifra supone una reducción considerable respecto a la de hace 20 años, ya que en 1995 registró ejecuciones en 41 países.

Las cifras de ejecutados no incluyen a China, país que no hace público el número de ajusticiados, pero Amnistía Internacional cree que allí se ejecuta y condena a muerte a miles de personas cada año y que, de hecho, en 2014 se ejecutó a más personas que en el resto del mundo en su conjunto.

El listado de los cinco países que más ejecutan lo componen Irán, con 289 ejecuciones anunciadas oficialmente y al menos 454 más no reconocidas por las autoridades; Arabia Saudí, con al menos 90; Irak, con al menos 61, y Estados Unidos, con 35.

«Las cifras hablan por sí solas: la pena de muerte está empezando a ser cosa del pasado. Los pocos países que siguen ejecutando deben mirarse seriamente en el espejo y preguntarse si desean seguir violando el derecho a la vida o unirse a la inmensa mayoría de los Estados que han abandonado este exponente máximo de pena cruel e inhumana», ha manifestado Shetty.

MÉTODOS Y DELITOS

Amnisía señla que entre los métodos de ejecución utilizados en 2014 figuraron la decapitación, el ahorcamiento, la inyección letal y el arma de fuego. Se llevaron a cabo ejecuciones públicas en Arabia Saudí e Irán.

Se condenó a muerte a personas por una serie de delitos no letales, como el robo, delitos relacionados con las drogas y delitos económicos. Hubo incluso personas condenadas a muerte por actos tales como «adulterio», «blasfemia» o «brujería», que ni siquiera deberían ser considerados delitos. Muchos países utilizaron la imprecisa denominación de «delitos políticos» para condenar a muerte a disidentes o presuntos disidentes.

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