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Beatriz Sanjurjo: «Hay MUCHÍSIMO PLAGIO en la RED»
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Beatriz Sanjurjo: «Hay MUCHÍSIMO PLAGIO en la RED»

20 abril, 2015

Beatriz Sanjurjo acaba de publicar “Manual de Internet y Redes Sociales”, un libro que bien podría haber llevado otro título: “Todo lo que usted querría –y debería- saber sobre Internet y Redes Sociales desde el punto de vista legal y temía preguntar”. Está escrito en un lenguaje divulgativo y muy asequible. Y dice cosas como: “Hay muchísimo plagio en la red”.

TEXTO: CARLOS BERBELL Y YOLANDA RODRÍGUEZ 

La doctora Beatriz Sanjurjo no viene de una familia de juristas. Nada que ver. Lo suyo es vocación pura. A base de esfuerzo y trabajo se ha hecho su lugar en el mundo de lo legal. Es abogada –BSR Abogados-, profesora universitaria y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Su último libro podría haber sido una tesis doctoral, una vez reescrita en “roman paladino”, que decía Gonzalo de Berceo, pero ni lo pensó. Quería hacer una obra sobre este campo que aclarara conceptos y arrojara luz y le salió una obra que podría convertirse en un referente. 

Un referente que podría resultar de gran ayuda para “el legislador”, para nuestros representantes en el Parlamento, la mayoría poco duchos en Internet –hay que decirlo- y su impacto en el mundo legal. Porque cubre campos tan controvertidos como la protección de datos, la propiedad intelectual, los negocios audiovisuales, el e-commerce, el marketing online, la publicidad digital y el periodismo digital.

Cuando le explicas lo importante de esta aportación, Beatriz Sanjurjo te mira con ojos de sorpresa, como queriendo decir ‘¿tú crees?, no es para tanto?’, y luego despliega una risa alegre con efectos contagiosos.

¿Por qué este manual?

Porque me di cuenta de que somos incapaces de tener el móvil más allá de un metro y medio de nosotros. Y de que es una disciplina transversal a todo: al mundo personal, a mundo profesional, al mundo empresarial, a la publicidad, al comercio. A todo. Había muchísimas dudas. Estudié el mercado y comprobé que no había suficiente información. Tampoco muchas sentencias y, mucho menos, jurisprudencia.

Por ello, creí necesario que tuviéramos todos un texto que respondiera a las dudas normales que puedan surgir y conocer Internet ha afectado a todos esos ámbitos. A nuestra vida, en una frase.

Su libro posee una peculiar característica: se aleja del “suajili” jurídico. Su libro lo entiende cualquiera. ¿Por qué este afán divulgativo?, ¿de querer llegar más allá de las fronteras universitarias, al gran público?

Quizá por mi faceta docente. Para transmitir el conocimiento hay que hacerlo en un lenguaje comprensible.

Esto me recuerda el cuento de un emperador chino al que obligaron a que publicara las leyes para hacer realidad el principio de la igualdad. El emperador no estaba de acuerdo que las leyes fueran públicas y él no estaba de acuerdo. Así que cumplió con ello, a su manera. Ordenó que las leyes fueran escritas en unos papelitos chiquitos, y una caligrafía minúscula, y luego dispuso que fueran colocadas en lo alto de unos palos enormes, de gran longitud, que ordenó colocar en el centro de la ciudad.

El emperador cumplió con lo que le habían impuesto: el principio de la publicidad de las leyes, pero lo hizo de una forma en que la gente no podía consultarlas.

Una triquiñuela legal.

A mí me gusta que todo el mundo conozca que tiene unos derechos y que los puede ejercer. Mi libro explica cuáles son esos derechos, qué normativas legales los rigen y cómo se pueden hacer efectivos con facilidad.

Internet nos rodea por todas partes y no sabemos cómo movernos. El hecho de que podamos acceder de forma rápida, gratuita e inmediata a la Red nos hace pensar que todo es posible.

Y no. Existen los mismos derechos fuera de la Red que dentro. Y son incluso más complejos y muchísimo más desconocidos.

«DENTRO Y FUERA DE LA RED EXISTEN LOS MISMOS DERECHOS Y OBLIGACIONES LEGALES»

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Pues mucha gente piensa que Internet es un territorio sin ley…

En Internet actuamos de forma global. Tú aquí, a través de un Smartphone, puedes publicar algo, pero ese algo se puede leer en cualquier parte del mundo.

Cada país al que llegue tiene una normativa diferente. La Unión Europea, por ejemplo, está luchando por integrar toda esa normativa para que tengamos unas reglas básicas por las que podamos guiarnos los ciudadanos europeos.

Pero los Estados son muy suyos en estos asuntos y Europa es un minúsculo lugar del mundo.

En este campo nos movemos a nivel internacional. No creo que sea un territorio sin ley pero sí tengo que admitir que hay pocas leyes y que es muy difícil regularlo.

Por ejemplo, lo que han hecho con la propiedad intelectual, que pensamos que iba a ser una regulación mejor en cuanto a temas digitales, pues se ha quedado un poco escaso.

¿No se idealiza a Internet? Si somos justos, el “ruido” en su interior es estruendoso. Los contenidos se repiten y se repiten. A veces para encontrar lo que se busca es como buscar una aguja en un pajar…

Es cierto. Te crees que estás actuando en un sitio donde no hay leyes, no hay normas, y todo es posible.

Cuando a mis alumnos les explico que las fotografías tienen una propiedad intelectual me asombra que se asombren. Ellos son la generación digital y piensan que Internet es otro mundo.

Si ven una foto publicada en un periódico o una revista, en papel, consideran que es propiedad de la publicación pero si la ven en Internet piensan que pueden utilizarla sin problemas, que es gratis. No lo llego a comprender, lo confieso.

Les falta asumir ese conocimiento de que los mismos derechos que hay fuera operan dentro de la red.

Y sí, hay muchísimo plagio en la Red, cierto. Es necesario que todos tomemos conciencia que eso no puede ser así, que las nuevas generaciones lo sepan desde el principio. Porque tienen esa idea de que no pasa nada. De que se puede hacer todo.

A los chavales les dices que cometen injurias en un chat y te miran raro. Yo estoy opinando sobre una persona. Como si fuera un universo paralelo en el que se puede actuar sin ningún tipo de restricción.

Hay que educar a los jóvenes y a los mayores sobre estos derechos y estas obligaciones. Este es uno de los objetivos que busco con mi libro. 

¿Se puede proteger la propiedad intelectual en Internet?

Se intenta proteger la propiedad intelectual en Internet.

No es la pregunta que le hemos hecho.

[Se ríe abiertamente]. Se puede. Sí, se puede. Pero hay que reconocer que es muy difícil. Nosotros tenemos una nueva normativa que ha dejado muchos aspectos sin regular.

En su libro dice que esta ley perjudica a los emprendedores y favorece a los poderosos…

[Vuelve a reírse]. ¿He dicho eso?

Sí, lo tiene escrito.

Es cierto que hay un cierto desamparo para el particular frente a las grandes entidades. Primero, porque tienen asesoramiento jurídico. Saben cómo hacerlo. Tienen medios. Los particulares muchas veces desconocen lo que hay que hacer. Este es, precisamente, uno de los objetivos de mi libro: que la gente conozca que existen una serie de derechos y que no es tan difícil como uno pueda pensar.

«INTERNET HA DEMOCRATIZADO EL DERECHO A LA INFORMACIÓN Y EL DERECHO A LA OPINIÓN»

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Porque no todo es gratis en Internet…

No, claro.

¿Y qué hay gratis en Internet, para que nos aclaremos?

Yo siempre digo que lo único gratis en Internet es la conexión, una vez que has accedido y poquitas cosas más. Todo tiene una contraprestación.

En algunos casos, como WordPress, te permite hacer un blog gratis, o bajarte un tipo de música. Pero todo  tiene un plus. Te dejan algo gratis, inicialmente, pero si quieres aumentar los servicios o mejorarlos tienes que pagar.

Pero hay que reconocer un hecho incontrovertido: Internet ha democratizado el derecho a la información y el derecho a la opinión.

Hace tres semanas un juez español ordenó a las empresas proveedoras de acceso a Internet que caparan el acceso a “The Pirate Bay”, una web de descarga de contenidos con sede en Suecia. Lo hicieron, pero la verdad es que no sirvió de nada porque se podía acceder por otras, digamos, puertas. ¿Tratar de impedir este tipo de accesos no es tratar de poner puertas al campo?

Efectivamente, eso es verdad. Es como cuando, en redes sociales, limitamos nuestra privacidad.

Pensamos que con eso estamos seguros. ¿Quién puede acceder a nuestra información? En Facebook están mis amigos y los amigos de mis amigos y piensas que está bien. Pero eso puede estar cumpliéndose en el área de la Unión Europea, pero fuera puede que no.

Varía tanto la regulación que, aunque intentamos poner normativa, es imposible regular un fenómeno global que afecta a tantos ámbitos y personas y lugares del

¿Práctica usted el ‘egosurfing’?

Es de las cosas más practicadas. La gente se busca por el nombre, los apellidos. Muchas veces te encuentras más cosas de las que quieres. El problema es qué haces cuando hay algo que no quieres. Y esto nos lleva al derecho al olvido.

¿No es también ponerle puertas al campo? De lo que se estaba hablando, cuando Google puso en marcha la comisión de estudio, era de aplicar el derecho al olvido a los Googles europeos específicos. Pero, ¿qué pasa con el Google.com? Quizá sea más eficaz, para ejercer el derecho al olvido efectivo, contratar a una empresa, que se hace, para que se ocupe de ello, ¿no cree?

Lo que están haciendo los “community manager” ahora es ocuparse de la reputación digital. Todos tenemos una reputación digital. Cuando haces “egosurfing” ves lo que dice la red de ti. Y si encuentras cosas malas, pues estos generan nuevos “inputs”, nuevas entradas, con información positiva, de tal manera, que eso revive tu buena reputación en las primeras páginas de Google y confina la “mala” a páginas posteriores. 

Y es efectivo. Porque sabemos que la gente se queda con las dos o tres primeras páginas nada más.

Dicho esto, después de saber que existe esta posibilidad, a mí me parece bien que exista el derecho al olvido en todos los dominios, no sólo en el  punto es o en el punto fr o en el punto de sino también en el punto com. Y que nos permita eliminar esos datos, que están obsoletos.

O que, aún siendo ciertos, pueden perjudicarnos. Porque no sirven para nada. Sólo para dar una mala imagen.

Es bueno que se puedan suprimir.

Facebook, al principio, se oponía, pero al final ha trabajado esa posibilidad. Tiene un formulario para poder ejercer el derecho al olvido que están copiando muchas redes.

«A MÍ ME PARECE BIEN QUE EXISTA EL DERECHO AL OLVIDO»

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Sin embargo, ¿ese derecho al olvido que se está desarrollando en Europa nos puede llevar a colisionar, desde el punto de vista comercial, con los Estados Unidos? Ellos no lo contemplan.

Buena pregunta. Cuando nace Internet evoluciona de una forma exponencial, tan rápida, que crea multitud de problemas, y nos encontramos con casos como este. Nosotros reconocemos la existencia de un derecho al olvido pero Estados Unidos, no.

Esto está creando conflictos en las propias empresas españolas. Hace poco me comentaban un caso de una persona que, aún habiendo dado el consentimiento para que se informase y se tuvieran los datos en una base de datos digital y existiese un documento firmado, al final, el departamento legal había optado por retirar los datos para evitar problemas.

Eso lo hace esa empresa aquí. ¿Eso va a traer problemas cuando tengamos relaciones con países donde no existe? Pues sí.

¿Cuál es su opinión sobre la decisión de Google de suprimir Google News cuando se le planteó el pago de un canon a los medios de información españoles?

No me lo esperaba. En otros países, cuando ha pasado eso han encontrado otras soluciones. Esperaba que hubiera habido algún tipo de negociación, que se llegase a alguna solución intermedia.

En otras naciones ha habido un apoyo a la prensa, ha habido un acuerdo económico, diferente. No lo que se ha establecido aquí.

Ignoro lo que sucedió, pero yo no veía mal los argumentos iniciales de Google News. A mí me convencían. Ellos facilitaban información. Eso le sirve al usuario, sin duda. El problema está en que nuestra normativa, ese derecho a la propiedad intelectual, es irrenunciable.

Ese término, irrenunciable, en la Ley de Propiedad Intelectual es lo que ha creado el conflicto. Porque se podía haber renunciado a tener ningún tipo de beneficio y eso hubiera solucionado el problema.

Como usuarios, todos necesitamos sitios que nos faciliten información. En periodismo tenemos una “app” muy buena, “Newscron”. The Guardian la utiliza. Te facilitan información, te la pone, te la ordena…

Tenemos tantísima información que necesitamos filtrarla. Y está bien que alguien te la filtre y te la ordene. Es lo que hacía Google News.

Gracias a la red han aparecido modelos distintos de propiedad intelectual, como por ejemplo el “creative commons”, que es de uso libre y gratuito pero que obliga a citar al autor y a esa naturaleza “creative commons”. ¿Cómo puede una persona salvaguardar su propiedad intelectual en la red con estos matices diferentes tan variados?

Hay un gran desconocimiento sobre esto también. Hay muchísimas páginas web que te permiten que protejas tu propiedad intelectual por distintos sistemas. Algunos son de ámbito internacional y otras nacionales. La “creative commons” es californiana y es muy específica. Su aplicación no es algo que se haya solucionado, desde el punto de vista legal.

«NO SABEMOS PROTEGER NUESTRA INTIMIDAD. DAMOS DEMASIADA INFORMACIÓN SOBRE NOSOTROS»

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¿Los enlaces a contenidos en la red representan un problema, como se ha dicho?

Es un problema importante porque, en ocasiones, se vulnera la propiedad intelectual. A veces se hace sin intención. Lo digo de verdad. Hay gente que lo hace por remitir a esa información. No están intentando robar la autoría sino facilitar la información. Ese es el problema: cuándo estás facilitando información y cuándo estás robando la autoría. Hay que tener clara la diferencia.

Hay dos sentencias muy interesantes del Tribunal de Justicia de la Unión Europea –una de octubre y otra de febrero- que establecían la posibilidad de que puedas poner un “link”, una “url”, de un vídeo en “youtube”.

Cuando dicen que a ese vídeo, a esa “url”, has podido acceder de una forma libre, no estás haciendo un acto de comunicación que vulnera la propiedad intelectual porque, del mismo que se accede de forma libre, tú accedes de forma libre.

Lo que tienes que ver, decían las sentencias, es que el vídeo esté por el mismo sistema, que tenga la opción de poder incrustar en otra página.

Abren una brecha a una nueva interpretación futura de qué ocurre con las “urls”, porque es un problema para todo el mundo. Porque muchas personas lo utilizan de forma bienintencionada. Te direcciono aquí, pero no me quedo con la propiedad de lo que hay aquí. Ese es el límite. Todavía queda mucho por desarrollar en ese campo.

Usted se ha referido a la intimidad. ¿Sabemos proteger nuestra intimidad en la red?

No, no sabemos. Damos demasiada información sobre nosotros.

Cuando entramos en un servicio como, pongamos por caso, Facebook, marcamos la casilla y le damos al “acepto sin pensar” [se ríe].

Recientemente publiqué un artículo sobre esta red y la intimidad. En él hablaba sobre la teoría de los tres mordiscos digitales.

El primero se lo damos nosotros mismos, por esa idea de que no pasa nada, si contamos nuestra vida. Lo publicamos todo. Que nos vamos de cena, de viaje.

Es como un diario digital. Nosotros mismos limitamos nuestro ámbito de privacidad.

El segundo, es cuando los demás, a través de las redes sociales, sin tu consentimiento, vulneran tu intimidad. Son los chats, las fotografías que suben en las que te etiquetan, ponen tu nombre.

Cuando practicamos el ‘egosurfing’ lo vemos. ¡La cantidad de cosas que no hemos subido nosotros sobre nuestras vidas!

El tercero es el funcionamiento de las propias redes sociales. Las “cookies” son un mundo. Te rastrean tus gustos. Si entrecruzasen toda la información que hay internet sobre nosotros te hacían un holograma.

No con nuestro físico. Con todo.

Recordemos el caso de Daniel Kapp, un señor austriaco enfermo de cáncer, que denunció que Facebook le mostraba continuamente funerarias en su muro.

Todo comenzó porque el hombre buscó información sobre el cáncer de próstata, que le acababan de diagnosticar.

En la política de Facebook, en las condiciones que nunca leemos, se dice que la red social puede recopilar información de sus usuarios para mostrar en su perfil anuncios relacionados con las búsquedas que hace. Personalizados.

A raíz de esas búsquedas, Facebook comenzó a poner en su muro ese tipo de anuncios.

El hombre se quejó, porque una cosa es que buscara información sobre el cáncer y otra cosa es que le colocaran anuncios de funerarias.

Pero este no es el único caso ni la única situación. Hay una extensa casuística. Esto está ocurriendo a día de hoy.

Resumiendo, la intimidad se vulnera en internet por esta teoría de los tres mordiscos: por la información que das tú, sin darte cuenta, la que dan los demás sobre ti, y la que da el propio sistema.

Nos decía, no hace mucho, un conocido del Centro Nacional de Inteligencia, que estaban muy agradecidos a Facebook y al resto de las redes sociales porque hacen que su trabajo sea infinitamente más fácil que hace 20 años. El  95 por ciento de la información que obtienen de sus objetivos la sacan de ahí.

Es cierto. Les voy a contar una anécdota que viene al caso. En mi faceta como abogada estaba preparando un juicio de separación. Buscaba bienes de la otra parte. Lo intenté a través del Punto Neutro Judicial del CGPJ, y requiriendo información por las vías oficiales.

No encontramos nada.

Entonces, le pregunté a mi cliente. ¿Su marido no tendrá Facebook? Sí, si lo tiene. ¿Y la tiene a usted como contacto? Sí. Pues vamos a ver qué información podemos sacar de ahí.

Fue increíble. El hombre presumía en Facebook de todo lo que tenía. Y se lo embargamos.

También es el sitio donde los ‘empleadores’ miran sobre potenciales empleados, ¿no es verdad?

Eso es así. A fecha de hoy, todos los departamentos de recursos humanos de las empresas ‘surfean’ las redes sociales  para saber quiénes son las personas que han presentado sus curriculums.

¿Cuál es la red específica de búsqueda, Linkedin?

En principio era Linkedin, la red profesional por excelencia.

En Linkedin contamos lo buenos que somos. Pero ahora están buscando el resto. Contrastan. Porque tú puedes optar a un puesto de contable, que puedes ser muy bueno, pero en Facebook muestras tu preferencia por las máquinas tragaperras, por poner un ejemplo.

Contrastan lo que tú muestras al mundo y lo que el mundo muestra de ti.

También existe una disociación patológica de la realidad. ‘Nadie se va a enterar de que voy a publicar algo en esta red social que no me conviene’.

Están equivocados. Todo el mundo tiene acceso a todo.

«TODOS LOS DEPARTAMENTOS DE RECURSOS HUMANOS ‘SURFEAN’ LAS REDES SOCIALES PARA SABER QUIÉNES SON LAS PERSONAS QUE HAN PRESENTADO SUS CURRICULUMS»

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Sin embargo, también hay gente sobre la que es muy difícil encontrar algo. Profesionales y personas con mucho dinero. Evitan la red. No tienen ni Facebook ni Twitter…

Claro, son muy conscientes de que las redes sociales son un escaparate. Sea profesional o no. ¿Por qué estamos todos en redes sociales? Porque hay que estar. Si no hablas tú de ti, van a hacerlo los demás.

Este tipo de personas se asesoran y hacen todo lo posible por no estar en redes sociales porque no les interesa. Por eso no los encuentras.

Mucha gente piensa que lo que publica en Twitter, pongamos por caso, no tiene consecuencias legales…

Twitter se ha convertido en el canal de la noticia inmediata. No es verdad que lo que se diga en esa red no tenga consecuencias legales. Lo hemos visto recientemente con el accidente del avión de Germanwings y algunas opiniones que se vertieron en ella.

En el mundo virtual existen las mismas obligaciones legales que en el mundo real, lo repito. Lo que dice un particular en un chat, en un blog, en una información, está sometido al mismo marco legal que un periodista en un periódico tradicional. Para empezar, injurias y calumnias, si se piensa en la jurisdicción penal, o vulneración al honor a la intimidad y la propia imagen, si se opta por la jurisdicción civil.

Quiero dejarlo muy claro, para que los lectores lo entiendan: Las obligaciones y las responsabilidades legales ‘on line’ y ‘off line’ son las mismas. Idénticas.

En  su libro demuestra muy bien que conoce el mundo del periodismo, y las diferentes fases por las que ha pasado en sus modernas transformaciones: el periodismo 1.0, el periodismo 2.0 y el periodismo 3.0. ¿Qué es el 3.0?

El periodista que está perfectamente integrado en las redes sociales. Que sabe hacer de todo. El 1.0 era colocar tu texto en la red. En el 2.0 dejabas que los lectores opinen. Y el 3.0 es el gestor de una comunidad interactiva. Interactúas, das la información. Gestionas la comunidad.

Ustedes tienen el trabajo que han tenido siempre: el de informar, el de documentarse, el de contrastar información. Pero, además, se han tenido que convertir en expertos en manejar redes sociales, en subir vídeos, en redactar con hipertextos y en filtrar información.

Y además ustedes son conscientes de que tienen seguidores en redes sociales. Seguidores no pasivos, que necesitan tener una comunicación. Ese es el periodismo 3.0. ¿Cuál será el 4.0? No lo sé. Todavía no hemos llegado. Es un mundo por descubrir. 

Internet es la nueva frontera de nuestro tiempo. Todo está relacionado con ella, con la Red. Por ejemplo, lo que nos espera ya está aquí: los wearables. Nuestro mundo de los smartphones va a ser cosa del pasado. En un tiempo, todo lo que obtenemos a través de ellos estará incluido en la propia ropa. Y eso abre más incógnitas. La ley va tres pasos por detrás de la tecnología. Por eso tiene que aligerar el paso lo más posible.