Un COMEDOR ESTRATÉGICO en el Tribunal Supremo

30 / 05 / 2015 00:00

En esta noticia se habla de:

El comedor de que dispone el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, en la planta primera del Alto Tribunal se está convirtiendo en un lugar “muy estratégico”.

Hasta 2011 fue un despacho. El del decano del Colegio de Abogados de Madrid.

Una rémora de los tiempos en los que el Palacio de Justicia albergaba no sólo al Tribunal Supremo sino también a la Audiencia Territorial de Madrid (actual Tribunal Superior de Justicia de Madrid), la Audiencia Provincial, los Juzgados de Primera Instancia, la Fiscalía y el Colegio de Abogados.

El antecesor a Sonia Gumpert, Antonio Hernández Gil, se lo cedió a Carlos Dívar en 2011, quien lo acondicionó como comedor y le dio el mismo uso que Lesmes, desde que fue nombrado jefe de todos los jueces, en diciembre de 2013. 

Para el presidente es una pieza central en la “discreta” operación que ha puesto en marcha: convencer al Gobierno para que eleve la edad de jubilación de los magistrados del Supremo a los 72 años, por ley. 

Y suprimir a los eméritos.

Actualmente, la edad de jubilación se encuentra en los 70 años, pero todos los magistrados que la alcanzan y lo solicitan, pueden continuar hasta los 75 años como magistrados eméritos, cobrando lo mismo que los demás.

La cosa se concede de forma automática.

Esto es posible gracias a una sentencia, de fecha 22 de junio de 2011, de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo, pensada para que su anterior presidente, Ramón Trillo, pudiera seguir hasta los 75 años.

Trillo se había jubilado un año antes, el 9 de mayo de 2010, y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) tenía que renovarle año a año.

Hasta ese momento, la figura del magistrado emérito se contemplaba como un refuerzo en tiempos necesidad para hacer frente a la carga de trabajo.

La sentencia cambió todo. 

Desde entonces los que lo soliciten se quedan, tanto si son necesarios como si no.

En estos momentos el Tribunal Supremo tiene diez magistrados eméritos. Dos en la Sala de lo Civil, tres en la Sala de lo Penal y cinco en la Sala de lo Contencioso-Administrativo.

Dentro de poco habrá tres más. Dos en la Sala de lo Social y uno en la Sala de lo Penal.

No todos quieren continuar, es cierto. Como José Ramón Ferrándiz, de la Sala de lo Civil, que recientemente cumplió los 70 años, y se jubiló. O Gonzalo Moliner, el presidente que precedió a Lesmes, que hizo lo mismo. 

Es optativo.

Ahora Lesmes se ha propuesto “rectificar” todo esto con un plan. En ese plan el “estratégico comedor” es una pieza vital. Por la intimidad y privacidad que confiere.

El presidente de los jueces piensa que existe una “ventana de oportunidad” con la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que ahora va camino del senado.

¿Cómo?

Una enmienda. Una simple enmienda en el Senado.

Así de fácil.

Para ello tiene que convencer-seducir-persuadir a tres ministros: Cristóbal Montoro, titular de Hacienda, Rafael Catalá, de Justicia, y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que es la que tiene la palabra final.

Convencer-seducir-persuadir en la intimidad de comidas o desayunos. 

«Cuando se penetra en ese comedor todo es posible», según nos han contado los privilegiados que han pisado su suelo de madera y que han compartido mesa y mantel con el presidente. 

Los preciados vinos, las viandas, el ambiente “mágico” que Lesmes es capaz de crear cuando agasaja a sus invitados entre esas cuatro paredes, cuyas ventanas se asoman a la Iglesia de Bárbara de Braganza, puede provocar auténticos milagros. 

Como éste que se propone.

Es un desafío digno de un moderno Hércules.

Esta vez no consiste en abrir con sus manos la tierra que une África y Europa, como hizo el héroe griego, creando el estrecho de Gibraltar, sino en abrirse camino hacia las mentes y las voluntades de sus tres interlocutores. Y conquistarlas para su causa.

Toda una epopeya digna de un moderno héroe del siglo XXI.

En el Partido Popular, según nos han contado, no están por la labor. 

Ni hablar del peluquín. 

«Niente». 

Sobre todo con la que está cayendo.

Elevar la edad de jubilación a los 72 años para los jueces supondría poco menos que abrir una Caja de Pandora.

Otros colectivos inmediatamente reivindicarían el mismo privilegio, creando frentes de conflicto que el PP no está por la labor de afrontar.

Sin embargo, el presidente Lesmes cree que puede.

Tiene fe en sus fuerzas.

Y la fe puede mover montañas. Sobre todo en un comedor tan estratégico, como el suyo. 

Noticias relacionadas: