Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, el único superviviente de los Abogados de Atocha con vida, y actual presidente de la Fundación ha lamentado la muerte de todos sus compañeros. Y ha afirmado que «Éramos unos osados que nos jugamos la vida».
La Fundación Abogados de Atocha ha conmemorado hoy el X Aniversario de su creación con un sentido homenaje a tres de sus supreviveintes, recientemente fallecidos: Miguel Sarabia Gil, Luis Ramos Pardo y Dolores Gozález Ruiz.
Una Fundación que tiene como principales fines el «mantener vivo el recuerdo de las paersonas que sufrieron el brutal atentado de la calle Atocha 55, el contribuir a extender su memoria y organizar actos en homenaje y reconocimiento a su contribución en la lucha por conseguir las libertades democráticas en España y en defensa de los trabajadores», como ha recordado su director Francisco Nariajo.
En el acto de conmemoración del X Aniversario de la creación de la Fundación se ha recordado aquel tremendo atentado perpetrado un 24 de enero de 1977 por un comando ultraderechista contra un despacho de abogados laboralistas, del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.) y militantes del Partido Comunista de España, que tenían su sede en el 55 de la calle de Atocha.
Mataron a cinco personas. Los abogados Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, el estudiante de derecho, Serafín Holgado, y el administrativo, Ángel Rodríguez Leal.
Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores Gozález Ruiz, quedaron gravemente heridos.
Ya solo queda uno de ellos, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, presidente de la Fundación Abogados de Atocha, quien durante su intervención ha lamentado haberse «quedado solo en la referencia de la matanza de Atocha». Y ha reiterado que ahora, «la única versión de Atocha ahora es la mía». «De los 9 de Atocha solo quedo yo».
José Luis Núñez fue el encargado de ensalzar la figura de Dolores González Ruiz, quien falleció en febrero de este año. De ella destacó su «tesón, su fortaleza», capaz de liarse a «bolsazos con los grises en las sentadas de la Universidad». «Una persona muy respetada, incluso por aquellos que con compartían sus ideas». Alguien que «responde muy bien a una generación que hicieron posible una transición», concluyó.
Juana Ramos, hija del fallecido Luis Ramos, recordó emocionada la figura de su padre, su espiritu de lucha. Su amor a la profesión «le encantaba su trabajo como abogado», y «estuvo trabajando casi hasta el final de sus días», puntualizó.
Además, recordó una anécdota de cuando le ingresaron en el hospital cuando una enfermera le comunicó que ya estaba muy enfermo a lo que él constestó «que me quiten lo bailao».
Javier López, ha asegurado en su intervención que la Fundación tiene que «recuperar esa memoria para que siga siendo un valor en presencia». Y que por eso es tan importante «establecer relaciones con el mundo de la abogacía, impulsar cursos en las universidades, y recuperar la historia del proceso 1001».
En el acto se ha echado de menos a destacados protagonistas del primer patronato de la Fundación como Manuela Carmena y Ángel Gabilondo (éste último representando a los rectores universitarios).