El exdiputado del PP, SANTIAGO CERVERA, ABSUELTO de un delito de amenazas

El exdiputado del PP, SANTIAGO CERVERA, ABSUELTO de un delito de amenazas

17 / 06 / 2015 00:00

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La magistrada del Juzgado de lo Penal 3 de Pamplona, Aurora Ruiz, ha absuelto al exdiputado y expresidente del PP de Navarra, Santiago Cervera, de un delito de amenazas, consecuencia de un chantaje al expresidente de Caja Navarra, José Antonio Asiaín.

Podría ser una buena base para el capítulo de una serie de televisión de intriga o para una película. 

Santiago Cervera fue detenido el 9 de diciembre de 2012, a las 10.45 de la mañana, por la Guardia Civil, que puso en marcha un dispositivo de 22 agentes, después de recoger un paquete de un punto exacto: un hueco de la muralla de la Fortaleza de San Bartolomé, en Pamplona. 

El paquete era un cebo que había colocado allí la Benemérita, siguiendo las instrucciones recibidas por José Antonio Asiaín, expresidente de Caja Navarra en un correo electrónico que le fue enviado el 4 de diciembre de 2012 a su bufete. 

Era un misiva en la que le exigían 25.000 euros a cambio de no revelar información confidencial sobre su gestión.

«Tengo en mi poder documentación que demuestra que usted realiza para Caja Navarra determinadas actividades profesionales a través de su despacho de abogados. Entre esas actvidades hay un buen número de desahucios hipotecarios. Usted lleva tiempo facturando considerables cantidades de dinero a Caja Navarra a pesar de ser su presidente y prestando servicios de los que también participa y se lucra su hijo. El conocimiento público de las pruebas de que dispongo causaría un serio problema por la sensibilidad social que existe hacia los abusos de las entidades financieras, el lucro de sus dirigentes y especialmente portodo lo relativo a los desahucios hipotecarios. La manera de evitar que se difunda la información y documentos de que dispongo es la entrega de 25.000 euros», decía el correo electrónico. 

Al final del mismo se le indicaba el sitio donde debía dejar el dinero: «Lugar de entrega. Se toma el ascensor público que se encuentra frente a la entrada del Club de Natación  y se sube hasta el fortín de San Bartolomé. Al salir del ascensor se cruza por una pasarala de unos veinte metros. A la izquierda se ve el muro del fortín que mira hacia la Txantrea. En ese mismo muro hay dos rendijas verticales prácticamente a ras de la hierba. La que está a la derecha es más profunda y frente a ella hay un fooc de suelo. En esa rendija se debe introducir el sobre con cuidado de que quede suficientemente disimulado y no puda verse desde el exterior, y se debe tapar la rendija con hojas o hierba». 

Durante el interrogatorio, después de ser detenido, Cervera explicó que había acudido al lugar porque días antes había recibido un correo electrónico anónimo, el 29 de noviembre, en el que le decían que le iban a facilitar información sobre Caja Navarra, sobre la que tenía gran interés. Y en el que le indicaban que se la dejarían precisamente en ese lugar.

El exdiputado del PP aseguró que fue víctima de una trampa, pero desconoce “quiénes me hicieron lo que me hicieron”. Recordó que los hechos se produjeron en un momento en que tenía una “significación política” en relación a Caja Navarra y  que había “una serie de asuntos de tipo político en relación a mi presencia en el PP de Navarra y la presencia en ese mismo partido de determinadas personas”.

Su carrera política se vio hecha añicos. Presentó la dimisión de sus cargos poco tiempo después.

La hipótesis de «la trampa» hoy cobra gran fuerza, a la vista de la sentencia del Juzgado de lo Penal 3. 

Según dice la magistrada, en el juicio quedó acreditado que el acusado había recibido dicho correo electrónico en una de sus cuentas. ¿Pudo habérselo enviado a sí mismo desde otra cuenta? Las pruebas periciales practicas sobre los correos electrónicos «en modo alguno permite atribuirlo a una creación fingida del imputado. No se ha podido establecer una mínima relación del imputado, señor Cervera, con el origen de esos correos a través del examen del contenido de sus ordenadores, de sus teléfonos, de sus viajes y de su localización en las fechas de creación de los correos. Pero sobre todo, lo esencial es que en la causa no existe prueba pericial alguna que acredite que el acusado envió el correo delictivo que recibió el denunciante, señor Asiáin. 

Cervera fue, en consecuencia, absuelto de un delito de amenazas. El fiscal no ejerció acusación alguna. 

El misterio de la mente que orquestó todo queda todavía por resolver.

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