Una OPERACIÓN DE ALTO SECRETO en el corazón del Tribunal Supremo
Sobre estas líneas, el Salón de Plenillos del Tribunal Supremo, donde se reúne la Sala de Gobierno. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Una OPERACIÓN DE ALTO SECRETO en el corazón del Tribunal Supremo

|
23/6/2015 00:00
|
Actualizado: 23/6/2015 00:00
|

El “corazón” es el llamado salón de plenillos, que es donde se suele reunir la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo y todas las salas especiales, cuando toca.

Se encuentra a apenas diez metros del despacho oficial de Carlos Lesmes. En la “zona presidencial” del edificio, en pleno centro de Madrid. Sus ventanas dan a la Plaza de la Villa de París.

En ese lugar fue donde el magistrado Marino Barbero llevó a cabo la instrucción del caso Filesa. Allí fueron interrogados los encausados. 

Ahora se ha convertido en el centro neurálgico de una “operación de alto secreto”. Sin precedentes.

“Operación palo y zanahoria”, podría denominarse, emulando a la costumbre que tiene la Guardia Civil a poner nombre a todo lo que hace.

Un nombre en recuerdo y en honor de aquél famoso titular que nos regaló el presidente al comienzo de su mandato, en una entrevista a un medio nacional, del “palo y la zanahoria”, como método para controlar a los jueces.  

Porque en eso se ha convertido la inspección que están llevando a cabo el presidente Lesmes y el vicepresidente, Ángel Juanes: En una operación de alto secreto. 

Nadie «extraño» puede penetrar en el interior del salón de plenillos. 

Pero es que, además, se han restringido las visitas externas, de grupos de ciudadanos, tan populares. Mientras la «Operación palo y zanahoria» está en vigor nadie puede visitar ni la Sala de Banderas ni la Rotonda, dos de las zonas más preciosas del Palacio. 

Sólo pueden entrar Ana Murillo, jefa de Gabinete del presidente, Esperanza Córdoba, jefa del Servicio de Inspección, el secretario de Gobierno del Tribunal Supremo, Tomás Sanz, y personal del citado Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial.

Personal “subalterno”, que se diría en el argot taurino.

Por lo que nos hemos podido enterar, temen, como al demonio, que se produzca cualquier tipo de filtración.

¿A quién?

Ya se sabe, a los periodistas, que somos muy malos porque contamos todos los secretos, y lo que no lo son, también. Estamos obligados. 

«La libertad de información es el oxígeno de la democracia. Sin libertad de información sólo hay tiranía», dijo un famoso prócer. Cosa que suscribimos todos los periodistas. Sin matices.  

Es la primera vez en 203 años que se lleva a cabo una inspección de este tipo a lo que algunos de sus componentes denominan con henchido orgullo la “cúspide de la Justicia”, el Tribunal Supremo. 

Hasta ahora, según nos han contado, han inspeccionado la Sala V, de lo Militar, la Sala IV, de lo Social.

Ahora han empezado por la Sala Tercera, donde hay siete secciones. Van por la primera.

La metodología es siempre la misma: piden los asuntos a los secretarios de Sala, a través de Tomás Sanz, que es su superior jerárquico.

El material se transporta en carritos hasta la puerta del salón de plenillos. Una vez allí, el personal del Servicio de Inspección se hace cargo de los carritos y los lleva a su interior.

Nadie puede pasar la línea roja invisible en esta operación de “alto secreto”.

“Nadie habla con nadie. Nadie sabe qué se está haciendo. Cómo se está llevando a cabo la inspección. Estamos, por completo, fuera de juego”, nos contaban desde dentro. “Esto parece un convento de clausura. El palacio ha vuelto a recuperar la esencia de lo que fue”.

La intranquilidad se ha extendido a los cuatro puntos cardinales del edificio. Sus Supremas señorías viven sin vivir en ellas, que diría Santa Teresa.

La revisión de las Salas de lo Penal y de lo Civil se ha fijado para finales de septiembre y octubre.

Como ya se sabe, la inspección del Supremo fue instada en febrero de 2013 por el Congreso de los Diputados por una resolución, y de acuerdo con el artículo 615 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Este artículo, en su punto 2, dice que “la inspección del Tribunal Supremo será efectuada por el Presidente de dicho Tribunal o, en caso de delegación de éste, por el Vicepresidente del mismo”. 

Por lo que se ve, no son ellos solos, mano a mano. Sino ellos y un equipo, dentro de  la “Operación palo y zanahoria”. Cosa lógica, porque si lo hicieran solos les darían las uvas de 2018.

El nombre bien podría convertirse en la cuarta entrega de “Los mercenarios”, con Sylvester Stallone: «Los mercenarios IV. Operación Palo y Zanahoria». 

Que no se entere el actor-director-guionista-productor, que seguro, seguro, que lo copia.   

Noticias Relacionadas: