En 1988 el presidente Ronald Reagan eligió a Anthony Kennedy para convertirse en pieza clave de su revolución neoconservadora entre los 9 jueces que conforman la Corte Suprema de Justicia de los EE.UU. Sin embargo, su voto ha hecho que, desde el pasado viernes, el matrimonio gay sea legal en toda la nación.
Para los conservadores estadounidenses, el matrimonio gay era una línea roja que jamás debía traspasarse. El único matrimonio válido sólo podía ser el que celebraban un hombre y una mujer. Así había sido desde el principio de los tiempos y así debía seguir siendo.
Sin embargo, ha sido «uno de los suyos» el que ha hecho realidad una sentencia que muchos analistas consideran ya el mayor triunfo de los derechos civiles desde los años sesenta.
«La naturaleza del matrimonio es que, mediante su lazo duradero, dos personas unidas pueden encontrar libertad, como expresión, intimidad y espiritualidad. Esto es cierto para todas las personas, cualquiera sea su orientación sexual», afirma Kennedy argumentando la decisión de la mayoría, que ganó por 5 a 4, suprimiendo todos los obstáculos para que el matrimonio gay sea legal en toda la nación.
Para los que le conocen bien, Kennedy ha sido congruente, ya que ha votado en los tres casos previos, considerados como cruciales, en temas de derechos de los homosexuales.
Desde su nombramiento, por el presidente Ronald Reagan en 1988, el juez Kennedy -nada que ver con la famosa familia de Massachussets- estaba llamado a ser una sólida roca de la corriente neoconservadora que lideraba el jefe de la nación.
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No fue, es verdad, la primera elección de Reagan para ocupar el puesto dejado vacante en el Alto Tribunal por Lewis F. Powell Jr.
Por el camino quedaron Robert Bork, que fue rechazado por el Senado -en Estados Unidos a los 9 magistrados del Tribunal Supremo los nombra el presidente con el visto bueno de la Cámara Alta-, y Douglas Ginsburg, que retiró su candidatura tras admitir que le había «dado al porro» en el pasado.
Su siguiente opción fue Kennedy, un californiano de origen irlandés y católico, exabogado, profesor de universidad, especializado en derecho constitucional y juez del Cuarto Circuito de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos, puesto al que fue nombrado por el presidente Gerald Ford por recomendación de Reagan.
Con Reagan Kennedy se entendía muy bien. En el pasado le había ayudado a redactar un proyecto de ley fiscal cuando éste era gobernador de California.
En el Senado lo miraron del derecho y del revés y pasó todos los controles con nota.
Se convirtió en juez del Tribunal Supremo. Un puesto que en los Estados Unidos es vitalicio.
Durante sus primeros años como magistrado de la Corte Suprema, el juez Kennedy votó el 90 por ciento de las veces en línea, primero, con el entonces presidente del Tribunal, William Rehnquist, y después, con Antonin Scalia, uno de los jueces más conservadores de la historia de ese órgano judicial.
De esa forma, votó a favor de limitar la autoridad del gobierno federal, en varias ocasiones, y en otras en contra de leyes que limitaban el derecho a llevar armas.
Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar en 1992. Kennedy se alineó con la entonces mayoría progresista del Tribunal Supremo que estableció que las restricciones legales de acceso al aborto no podían constituir una «carga indebida» en el derecho de las mujeres al aborto, establecido en 1973.
Desde ese momento, los especialistas en el poder judicial estadounidense opinan que el juez Kennedy se convirtió en un «verso suelto». En una incógnita. Ya no es un neoconservador. Ni un conservador moderado.
De hecho, Kennedy se ha transformado en un motor de cambio dentro del Tribunal Supremo, la versión USA de nuestro Tribunal Constitucional. Ha animado a sus colegas a que aborden aquellos recursos de leyes y convenios internacionales con el fin de interpretar la Constitución, emulando así al Tribunal Europeo de Derecho Humanos.
Su voto ha sido decisivo en los últimos años, en ese proceso de cambio interno. La sentencia del matrimonio gay ha sido la última de una larga serie.
En 2012 salvó, por la misma mayoría -5 a 4-, el «Obamacare», la reforma del sistema de salud impulsada por el presidente Barak Obama, una de las iniciativas más cuestionadas y atacadas por la oposición republicana.
En 2013 la Corte Suprema derogó la Ley de Defensa del Matrimonio -5 a 4, otra vez-, que negaba beneficios a parejas del mismo sexo.
Kennedy es un juez muy activo en proyectos educativos. No ha abandonado, en absoluto, su vocación universitaria. Participa en varios programas de diferentes universidad estadounidenses y de China, a donde viaja con asiduidad.