No hay alegría en la SALA TERCERA DEL SUPREMO

No hay alegría en la SALA TERCERA DEL SUPREMO

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12/7/2015 00:00
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Actualizado: 12/7/2015 00:00
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El proceso de elección del próximo presidente de la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha apagado la alegría y las ganas de relacionarse entre sus 40 miembros. 

Prueba de ello es la suspensión de la tradicional comida que suelen celebrar por estas fechas todos los años, antes de las vacaciones de verano. 

Es una comida de «buen rollo» que tiene como objeto pasar un rato juntos para preguntarse mutuamente dónde se va cada uno de vacaciones y para desearse lo mejor en este tiempo de estío.

No llega a la categoría de tradición, pero sí se había convertido en una suerte de costumbre en los últimos años.

El problema es que, esta vez, no está el horno para bollos.

Y esto también ha afectado a la comida de despedida de Rafael Fernández Montalvo, hasta ahora presidente de la Sección Segunda de la Sala (funciona dividida en siete secciones), que se jubila.

Cuando a un magistrado de esta Sala le llega ese momento, lo lógico es que sus compañeros le hagan una comida de despedida.

Pero no va a ser.

Ni la una ni la otra.

Ni una sola, unificada para ambos fines. 

El proceso de elección del nuevo presidente, que culminará el próximo 22 de julio en el Pleno del Consejo General del Poder Judicial, lo ha empañado todo.

Los humores de unos y de otros se hallan en posiciones contrapuestas. 

Hace unos meses se daba por hecho que José Manuel Sieira, un magistrado progresista que lo había hecho bastante bien al frente de la Presidencia de la Sala, sería renovado sin problemas. 

Era su primer mandato y los resultados habían sido positivos.

Lo lógico es que hubiera continuado, lo mismo que va a ocurrir en el caso de Juan Luis Ibarra al frente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, cuyo nombramiento va también al Pleno del 22 y al que no le han salido pretendientes de ningún tipo.  

Sin embargo, las cosas se han torcido en la Sala Tercera.

A Sieira le han salido no uno sino tres rivales, uno de ellos con gran apoyo dentro del órgano de gobierno de los jueces. 

Ante ese estado de cosas, los señores magistrados y magistradas de la Sala Tercera se han decidido por lo que parece más sensato: plegar velas. 

Sin ganas para celebraciones, ni alegría, el mutis por el foro es lo más aconsejable.

A todos ellos no les queda más que esperar y confiar, aunque no saben si en la Providencia, en la Justicia o en la Suerte.

O quizá no confiar. 

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