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José María Viñals: “En Europa hay más separación de poderes que en Estados Unidos”

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Lupicinio International Law Firm es el único bufete español especializado en un nicho muy concreto: litigar en defensa de países (Irán, Rusia o Cuba), empresas o individuos contra las sanciones impuestas por organismos internacionales. Viñals, pieza esencial en el engranaje de este despacho, afirma con aplomo que «En Europa hay más separación de poderes que en Estados Unidos». Es su experiencia.

TEXTO E IMAGEN: CARLOS BERBELL Y YOLANDA RODRÍGUEZ

Y a las pruebas se remite.

“En Europa tenemos el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, con base en Luxemburgo, que es independiente y tiene mucho caché, desde el punto de vista jurídico”, explica Viñals.

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“Esto nos ha permitido conseguir algunos éxitos contra decisiones del Consejo de la Unión Europea. Esto es materialmente imposible en Estados Unidos, salvo que te gastes millones y millones de dólares en hacer ‘lobby’ para que senadores y congresistas planteen enmiendas a sanciones que, después, el presidente tiene que aprobar”, añade el abogado, socio director de Operaciones Internacionales del bufete Lupicinio International.

Sus palabras denotan dos características: pasión y seguridad sobre lo que habla. El entorno, una de las salas de juntas de la firma, en la calle Villanueva, que tiene forradas sus cuatro paredes con antiguos libros de compendios de leyes que ya nadie consulta, pero que  resultan ser un magnífico “atrezzo”.

¿Nos está usted diciendo que, desde su experiencia, la Unión Europea es más democrática  que Estados Unidos en lo que se refiere a la imposición de sanciones?

Sí, porque la separación de poderes en la Unión Europea es evidente. 

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En Estados Unidos te llevan primero por una vía administrativa, luego te conducen hacia un tribunal federal. Pero como son imposiciones del Ejecutivo…

Salvo que se hayan confundido de personas y el error material sea manifiesto, pues impera la libre disposición. Es lo que hay.

En Europa, por el contrario, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea puede preguntar al Consejo, ‘oiga, ¿y usted por qué lo ha sancionado? ¿Hay pruebas? Queremos verlas’. Y tomar una decisión que puede significar la eliminación de la sanción o sanciones.

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Sin embargo, reconocerá que conseguir la unanimidad de los 29 países de la Unión Europea para la imposición de las sanciones a un país requiere que las pruebas sean claras…

No todas necesitan de unanimidad. Si cuentan con el respaldo de alguna norma sancionadora de Naciones Unidas, basta con una mayoría cualificada de países de la Unión. Este ha sido, por ejemplo, el caso de Irán.

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Sobre el que la UE, Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Alemania y el Reino Unido han llegado a un acuerdo para levantar las sanciones a cambio de que Irán se comprometa a que su programa nuclear sea exclusivamente pacífico. ¿Qué ha sido lo más importante, desde su punto de punto de vista, de esta negociación?

Saber si las van a quitar de golpe o de forma progresiva. Si se levantan de forma progresiva después será muy complicado volverlas a imponer porque Rusia y China, que están en el Consejo de Seguridad Permanente de la ONU, se van a oponer.

Lo que hagan ahora condicionará el futuro si las cosas no van como se han previsto. Estados Unidos y Europa –sobre todo Europa- son partidarios de hacerlo gradualmente.

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Las sanciones relacionadas con los derechos humanos van de otra forma.

Estamos hablando de una economía de 80 millones de personas, que tiene las quintas mayores reservas del mundo de petróleo y las terceras de gas. Estamos hablando de un país que produce 1.8 millones de coches al año, con una capacidad de consumo impresionante. Estamos hablando de un país que tiene zonas francas, zonas especiales de libre comercio como la isla de Kish. Estamos hablando de un país que puede transformar toda la economía de Oriente Medio. El potencial económico de Irán es enorme.

¿En qué lugar de la escala mundial se encuentra la economía iraní?

Ahora mismo es la decimoctava. Dos puestos por detrás de España. Tienen un crecimiento positivo, lo que pasa es que la inflación que tienen es alta. El riesgo del tipo de cambio es alto. La mayoría de sus bancos están sancionados y no pueden hacer transacciones. Hasta ahora, cualquier país, o cualquier empresa, que quiera hacer negocios con Irán tiene que pasar por el filtro de que lo que vendan no sean materiales de doble uso ni materiales prohibidos.

Luego, a la hora de pagar, tienen que hacer auténticos malabarismos. 

En ocasiones, utilizan puertos intermedios como puede Dubái, o alguno de los Emiratos Árabes. 

La de Irán es una economía real, industrializada dispuesta a competir en el mercado internacional. Sin duda, su regreso al mercado internacional va a afectar a los países del Golfo Pérsico.

Sintetizando, desde el punto de los negocios, Irán está en una posición fantástica. Y su bufete, por sus relaciones en la zona, puede ser un buen introductor de embajadores…

En Irán tienen un “gap” (una brecha) sociocultural muy importante con respecto a los países occidentales. Porque ellos son una república islámica donde aplican un derecho muy particular. El hecho de haberlos conocido, de haber hecho cosas con ellos, nos da una posición muy buena respecto al resto de competidores.

Hemos estados con ellos en sus momentos difíciles.

Irán puede suponer para este despacho lo que fue Cuba en el año 96, cuando llevamos inversores a la isla. Nos puede caer todo de pronto. Porque muchos querrán hacer negocios con Irán y nadie tiene experiencia ni contactos con ese país.

¿Quién hace los listados de sanciones a países, empresas e individuos en el caso de la UE?

El Consejo de la Unión Europea delega esa competencia en la alta representante de la UE para Asuntos de Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini. Luego, la señora lo somete, para su aprobación, al Consejo, que es el que impone las sanciones, finalmente.

Nosotros, desde el punto de vista europeo, somos de los pocos despachos que hemos llevado un número importante de estos casos ante el TJUE y que hemos obtenido sentencias favorables para nuestros clientes.

«EN EUROPA HAY CUATRO BUFETES ESPECIALIZADOS EN RECURSOS CONTRA LAS SANCIONES DE LA UNIÓN EUROPEA, UNO ES EL NUESTRO»

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¿Cuántos bufetes especializados en esta materia hay en Europa?

En Europa hay cuatro bufetes especializados en recursos contra las sanciones de la Unión Europea. Uno es el nuestro. Los otros son un inglés, un belga-inglés y un alemán. Los despachos no se han querido posicionar en este nicho, sobre todo los ingleses. Porque tienen muchos intereses con Estados Unidos.

Nosotros somos los que más llevamos de sanciones iraníes y rusas.

En el caso europeo, ¿cómo es el mecanismo de recurso contra las sanciones?

Una vez que hemos cerrado nuestra contratación, lo primero que hacemos es iniciar una instancia judicial procedimental ante el TJUE de Luxemburgo. Es una demanda. Demandamos para que se quite a nuestro cliente del listado de sanciones por una serie de motivos establecidos en derecho. Luego nos responde el Consejo de la Unión Europea. Nosotros contestamos. Después hay una dúplica y, a continuación, una vista oral. A la que le sigue una sentencia.

Si es negativa, recurrimos en segunda instancia ante la Corte Superior.

¿Cuánto tiempo se invierte, en total, en cada uno de estos procesos?

La primera instancia está entre uno y dos años. La segunda, de seis a nueve meses.

Podrían haber también medidas cautelares para quitar las sanciones a la empresa o país, en tanto en cuanto se llegue a una sentencia firme. Pero son muy complicadas de conseguir. Hay que fundarlas muy bien.

El procedimiento es muy complejo. Los jueces están muy bien preparados y el Consejo de la Unión Europea tiene grandes abogados que conocen muy bien las normas dispositivas del derecho europeo y del derecho sancionador.

Ustedes también tienen clientes rusos sancionados por la Unión Europea, ¿no es así?

Así es. Representamos al Banco de Desarrollo de Rusia, que tiene un banco filial en Ucrania, el Privat Bank, que era el segundo del país. Ahora ha pasado a ser el tercero o cuarto porque se ha visto afectado directamente por las sanciones.

Es curioso, ¿sabían ustedes que la Unión Europea también sanciona a periodistas? En Irán se sancionó a dos personas físicas. Uno de ellos era el presidente de la televisión iraní y otro un periodista que trabaja en un canal de noticias.

Y lo mismo ha sucedido con un periodista ruso, que es el director de la Agencia de Noticias Estatal de la Federación rusa. Por apoyar el despliegue de fuerzas rusas en Ucrania, según la Unión Europea. 

¿Por qué se puede sancionar a un periodista?

Al ruso, por hacer uso de su libertad de información y de expresión. Por decir que Crimea debía ser parte de Rusia por motivos históricos.

Cuando en España se dice que Gibraltar debe ser español, o cuando el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, repite lo mismo, a nadie se le ocurre sancionarlo. Al menos, el Consejo de Europa no toma ninguna medida.

Al ruso se el sanciona por hacer declaraciones públicas o por crear corrientes de opinión en los medios favorables a la anexión de Crimea. No hay que olvidar que hubo un referéndum en Crimea que aprobó su regreso a Rusia.

Es sorprendente que eso suceda con los periodistas. 

Igual de sorprendidos están los rusos. Igual de sorprendidos estamos nosotros. Porque para ser parte de la Unión Europea uno de los requisitos que se exige es, precisamente, que haya libertad de expresión, libertad  de prensa, libertad de información. Luego, los europeos mandan observadores a países que quieren ser parte de la Unión Europea como fue en su día Bulgaria, Croacia, para asegurarse que esos derechos fundamentales están especialmente protegidos en sus constituciones y se están aplicando.

El Consejo de la Unión Europea ha tenido a bien, en el caso de Rusia, sancionar no solo a periodistas sino pero sancionar también a políticos de la Duma, representantes de distritos rusos elegidos democráticamente, por decir que a su parecer que Crimea debe ser parte de Rusia.

¿Por qué no transciende esta cuestión en la Unión Europea?

No lo sé. Nosotros hemos ido directamente al Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo y hemos metido un procedimiento judicial.

Yo he dado muchas entrevistas en medios rusos y en otros medios que estaban interesados. De hecho, publicamos un artículo aquí, lo publicó creo que fue el “Expansión”, donde hacíamos ese símil de Gibraltar con Crimea.

Decíamos que si aplicamos esa regla de tres al señor García Margallo al igual que se ha sancionado al portavoz de la Comisión Exterior de Rusia por decir  que Crimea tiene que ser parte de la Federación Rusia, al señor García Margallo a lo mejor le dan un disgusto un día de estos. O a periodistas españoles o a los que reivindican que el Ulster deber ser parte de Irlanda.

¿Cómo empezaron ustedes a especializarse en este campo?

Nosotros empezamos con las sanciones que puso en su día la Unión Europea a Sudáfrica. Empezamos asesorando sobre cómo dar respuesta legal a esas sanciones..

Luego, llegó Cuba. Nos peleamos mucho contra las sanciones. Analizamos la situación para servir a empresas que querían invertir allí.

Ustedes están especializados en Cuba, ¿no es así?

Sí, pero en este caso asesoramos a empresas europeas, que quieren invertir en Cuba, sobre las implicaciones que, para sus intereses, pueden tener las leyes estadounidenses en materia sancionadora. Sobre todo si ya están operando en territorio de los Estados Unidos. 

A pesar de que Estados Unidos y Cuba han reanudado las relaciones diplomáticas, los intercambios entre ambos países distan todavía de ser normales.

El activo natural de Cuba es el turismo. Si se pudiera abrir el turismo al mercado estadounidense el desarrollo de la isla podría ser trepidante. Se podría hablar de un crecimiento del Producto Interior Bruto de dos dígitos.

¿No está desarrollada Cuba, desde el punto de vista turístico?

No. Lo único que está desarrollado es la ciudad de la Habana. El problema, con respecto a los Estados Unidos, es que el sector turístico está vedado a las empresas norteamericanas. La palabra turismo todavía aparece en el elenco de normas sancionadoras que todavía rigen sobre empresas nacionales de Estados Unidos que quieran hacer negocios en Cuba.

Para decirlo más claro: una empresa estadounidense no puede invertir en el sector turístico porque el turismo es un sector especialmente castigado por las sanciones todavía vigentes. Es necesario que tanto el Congreso como el Senado las levanten.

¿No hay interés, por ello, en Estados Unidos por invertir en Cuba?

Al contrario. Los estadounidenses han mostrado un interés mayúsculo por invertir en la isla, pero desde el punto de vista legal sólo pueden hacer aquellos negocios que les están permitidos.

Si alguien quiere montar un hotel en La Habana, no puede. El interés es masivo pero, al mismo tiempo, están encadenados de pies y manos.

La Secretaría de Estado y la Secretaría del Tesoro, que dependen del Ejecutivo, han levantado el embargo hasta donde han podido. Han abierto unas ventanas a las que no se aplican las sanciones para hacer negocios con Cuba. Una de ellas es establecer 12 categorías de visados para que los ciudadanos estadounidenses puedan ir a la isla.

¿Doce categoría de visados?

Doce tipos de categorías, sí. Pueden expedirse, por ejemplo, por motivos cristianos, motivos religiosos, motivos de investigación de mercados, vistas familiares, y así hasta doce categorías. La turística no está incluida, obviamente.

Hoy por hoy, Estados Unidos está inmerso en una gran contradicción. El poder ejecutivo, que es demócrata, ha declarado que las sanciones no sirven pero el poder legislativo, con mayoría republicana, las mantiene.

Desde el punto de vista geopolítico, la situación es apasionante y que está perjudicando a las empresas extranjeras que compiten con las estadounidenses. Las norteamericanas no pueden hacer todavía nada en Cuba mientras que las empresas europeas que antes no invertían en la isla por los intereses que tenían en Estados Unidos, ahora lo están haciendo.

A eso se denomina ventaja competitiva. Para cuando puedan desembarcar, dentro de dos años o tres, desde que Congreso y Senado eliminen las sanciones vigentes contra Cuba, los europeos habrán tenido dos años para consolidarse en la isla.

«LAS POSIBILIDADES ECONÓMICAS EN EL MERCADO CUBANO, A DÍA DE HOY, SON BÁRBARAS»

Pero las posibilidades, ¿son mejores que antes del embargo?

Las posibilidades económicas en el mercado cubano, a día de hoy, son bárbaras. Lo que pasa es que hay que conocer la realidad cubana y nosotros estamos ahí para mitigar esa brecha entre la forma de hacer negocios de cubanos y la de los extranjeros, que van con unas ideas muy distintas.

Sucede los mismo que con Irán. Existe un “gap” cultural enorme entre el derecho socialista, o de tradición revolucionaria, y el derecho tradición capitalista, por decirlo de alguna forma.

Hay que ayudar a los cubanos a adaptarse a los mercados internacionales. Nosotros hacemos esa función atrayendo inversión a Cuba y haciendo que nuestros clientes tengan la seguridad de poder invertir en Cuba.

Conocemos muy bien la realidad cubana. Somos un puente entre los cubanos y los inversores extranjeros.

Llevamos haciendo esto desde el año 96. Desde ese año existe la posibilidad de invertir para los extranjeros. Muchas compañías españolas, como Meliá, Telefónica, Iberostar y muchas otras están operando en Cuba desde ese año. Tenemos muchísimo “know how”, mucha experiencia de campo, en esto.

Sin embargo, en Cuba es “a lo chino”, es decir, empresas mixtas con mayoría cubana. No hay otra.

Sí, ahora puede haber otra. En Cuba se están buscando mucho inversiones en la zona especial de desarrollo de Mariel. Mariel es, por así decirlo, un Hong Kong dentro de Cuba. Una isla dentro de una isla, donde se dan unas facilidades muy importantes.

Allí se está haciendo una zona que ellos llaman ‘Zona especial de Desarrollo’. Allí se quiere traer tecnología, fábricas, líneas de producción, en la que la persona extranjera pueda tener el ciento por ciento de la compañía. Los aranceles son mucho más baratos. Ellos no quieren llamarle zona franca, pero se parece mucho.

Lo que se está haciendo es, sin renunciar a la esencia socialista, abrir la isla a la inversión extranjera directa. Cuba necesita 2.000 millones de dólares anuales para desarrollar infraestructuras, para que la economía pueda mantenerse por sí misma.

Una especie de Honk Kong, pero sin autonomía ni libertad política. Libertad de empresa, eso sí.

Nosotros somos abogados, no emitimos nunca ningún tipo de comentario político porque, al final, nosotros ayudamos a los empresarios de cualquier color político a llevar sus negocios, sus inversiones y sus empresas, a países de lo más variopinto. Nosotros trabajamos con Estados Unidos, con Brasil, con Inglaterra, con Polonia, y entonces nosotros, pues claro, de política no opinamos. 

Hemos ayudado a empresas españolas a hacer negocios en Cuba y en otros países, pero también nos implicamos en otros asuntos, como el de Ángel Carromero [dirigente de Nuevas Generaciones del Partido Popular que se vio acusado de homicidio imprudente tras el accidente en el que fallecieron el opositor cubano Oswaldo Payá y Harold Cepero]. Pusimos todo nuestro conocimiento sobre el derecho cubano.

Podía haber sido condenado con 16 años de cárcel. Se logró que tuviera una pena pequeña y que seis meses después fuera repatriado a España. Se le podía no haber aplicado el Convenio de Repatriación de Presos porque se le podría haber acusado de delitos contrarrevolucionarios, que no ocurrió.

Creo que todo salió bastante bien.

Suponemos que fueron contratados por el Partido Popular, ¿fue así?

Lo hicimos por la familia. Otra cosa es que tuviéramos, obviamente, que interactuar entre intereses variopintos, tanto del Estado cubano como del español. Fue un trabajo muy complicado.

¿Cuántos abogados tienen en su bufete?

Somos cincuenta, pero tenemos delegaciones en Barcelona, Bilbao, Valladolid, Vigo, La Habana y ahora en Dubai. Ahora vamos a abrir delegación en Argel. Estamos contentos.