‘Amor con amor se paga’, o ‘tú me rascas la espalda y yo te rasco la tuya’. Es el principio básico sobre el que se levanta nuestra civilización. El principio de la ayuda mutua o ‘Do ut des’ (también Quid pro quo). A todos los niveles.
Llegado el momento no es necesario verbalizarlo. Todo el mundo sabe si está en el ‘debe’ o en el ‘haber’ con otras personas.
Este es el caso del vocal canario del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Rafael Fernández Valverde, hombre próximo al presidente, Carlos Lesmes.
El pasado mes de julio, Fernández Valverde votó, en el Pleno del CGPJ, con el bloque mayoritario que aupó a Luis Díez-Picazo a la Presidencia de la Sala Tercera, del Tribunal Supremo, en detrimento del hasta entonces titular, José Manuel Sieira.
Valverde, por lo tanto, está en el ‘haber’.
En fechas próximas, según ha podido saber Confilegal, al magistrado Ángel Aguallo Avilés, próximamente se va a jubilar.
Aguallo Avilés era catedrático de Derecho Financiero de la Universidad de Córdoba cuando fue nombrado magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de este Alto Tribunal, en febrero de 2008, junto a -precisamente- Díez-Picazo, por el turno de juristas de reconocida competencia.
Su salida, cuando se produzca, dejará una plaza libre.
Una plaza que vendría como anillo al dedo a la catedrática de Derecho Administrativo y abogada del bufete Gómez Acebo y Pombo, Blanca Lozano Cutanda, pareja sentimental de Fernández Valverde.
Resulta curioso que este jueves, precisamente, se repartiera en el Supremo el último libro de la catedrática Lozano Cutanda, «Derecho Ambiental Administrativo».
Fernández Valverde es consciente de que, en el que caso de que fuera Lozano Cutanda «la elegida» por el Pleno del CGPJ, sería la primera vez en la historia del Tribunal Supremo que una misma pareja sentimental formara parte de una misma Sala del órgano cúspide de la Justicia española.
¿Votarían lo mismo, Fernández Valverde y Lozano Cutanda, en los Plenos de la Sala?
Algunos de sus compañeros del Supremo no lo ven.
Estéticamente no encaja y hay evidentes resistencias.
Que no la elijan puede resultar injusto, es cierto.
La catedrática Lozano Cutanda puede tener todos puntos y todo el derecho del mundo para ocupar ese puesto; los méritos.
Pero…
Otra cosa sería que la letrada optara por otra sala diferente. Como la de lo Civil, Penal, Social o Militar.
En ese caso ya existen antecedentes.
Y nadie lo ha cuestionado.
La cosa es peliaguda. Muy peliguada. Necesita mucho esfuerzo de venta. Mucha capacidad de convencimiento. No es fácil.
¿Se pagara el amor con amor en este caso?
Seguiremos informando.