La psiquiatra que atendió a Rosario Porto en 2009 ha revelado al tribunal que Rosario Porto sufría tendencias suicidas. La mujer acudió, acompañada de su marido, Alfonso Basterra, al centro sanitario La Robleda, en Santiago de Compostela, porque se sentía mal. Presentaba un cuadro notorio de «ansiedad, angustia y tristeza».
La galena contó que Rosario Porto «tenía deseos de morir», por ello representaba un «riesgo para ella misma», pero no para terceras personas.
Declarando como testigo, la psiquiatra contó que cuando era joven Rosario Porto sufrió un episodio de intento de «autoeliminación», es decir, de suicidio.
En contra del criterio de los médicos, Porto pidió el alta voluntaria tras ingresarse en 2009.
La psiquiatra no quiso revelar nada sobre lo que sabía de la relación entre Asunta y su hija, apelando a su «código deontológico», aunque sí confirmó que la madre de Asunta tenía cierta «ambivalencia». Lo que se traducía en que unas veces podía sentir amor y otras odio por las personas de su entorno, incluyendo a su hija.
Por otra parte, en la sesión de hoy -es el noveno día-, el entorno de Rosario Porto, al igual que hiciera ayer, siguió resaltando el amor y la dedicación que la madre adoptiva sentía hacia Asunta.
Un hombre, amigo de Rosario Porto, con la que coincidía con ella en el Ateneo y con la que mantiena una relación de amistad de seis o siete años, ha declarado que siempre tuvo una «absoluta dedicación» a la niña.
La encargada de remodelar la casa de los fallecidos padres de Porto, relató que la intención de la mujer era hacer un hogar «para ella y la cría». Tenía previsto hacer obra en la casa para hacer un cuarto donde la niña pudiera «tocar el piano».
La mujer definió a Porto como una persona «metódica» y centrada únicamente «en su trabajo y en la niña».
También declaró el tutor de Asunta, quien, días antes de su fallecimiento, recibió una misiva de Rosario Porto en la que ésta le explicaba que las faltas de su hija se debían a problemas de salud provocados por una medicación que le provocaba vómitos.
Tras conocer lo sucedido, el profesor entregó la carta a la Policía.
El último en declarar fue el comisario de la Policía Nacional de Santiago de Compostela, que ratificó que un testigo que acudió a la Comisaría declaró que había visto a la niña en una calle de Santiago en torno a las 19.30 horas del 21 de septiembre, el mismo día en que fue asesinada.
Sin embargo, no declaró el testigo citado, cuyo testimonio tendría toda la fuerza del mundo, por lo tanto es un testimonio de oídas, o como se dice en el derecho anglosajón, «hearsay».
A pesar de ello, para José Luis Gutiérrez Aranguren es esencial porque refrendaría su tesis de que Asunta no murio entre las 16 y las 20 horas, como establece la autópsia.
A partir del próximo martes, comenzarán a declarar los testigos de la segunda defensa, la de Alfonso Basterra, padre de Asunta.
Aunque estaba prevista la comparecencia del hombre con el que Rosario Porto había mantenido una relación sentimental, y por el que rompió su matrimonio con Basterra, la abogada del exmarido ha renunciado a su testimonio. CONFILEGAL/EP.
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