La ARROGANCIA dejó FUERA DE JUEGO A MERCEDES ALAYA

La ARROGANCIA dejó FUERA DE JUEGO A MERCEDES ALAYA

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22/10/2015 00:00
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Actualizado: 22/10/2015 00:00
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Mercedes Alaya es historia en el Juzgado de Instrucción 6 de Sevilla. Ya no hay vuelta de hoja. Su tiempo de juez estrella se ha acabado. Quizá por ello se encierra diariamente en su despacho de la Audiencia Provincial, que comparte con otros compañeros. Y reflexiona, tratando de encontrar una explicación a todo lo sucedido. Porque a ella le prometieron… Pero, la arrogancia…

La decisión de la Comisión de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) cortó por lo sano el 13 de octubre pasado.

Desde su nombramiento como juez de apoyo a la nueva titular, María Núñez Bolaños, le habían dado toda la cuerda del mundo. Pero ella. Y sólo ella, había terminado por romperla.

Por unanimidad revocaron la comisión de servicio que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) le había concedido el pasado 26 de junio para que pudiera seguir instruyendo la macrocausa de los ERE, tras tomar posesión de su plaza, como magistrada del tribunal colegiado de la Sección Séptima de la Audiencia de Sevilla.

Su conducta había sido la de una auténtica “prima donna”. La de una estrella, con mayúsculas.

Por entonces hacía tiempo que Mercedes Alaya había dejado el anonimato de la magistratura para elevarse a la categoría de celebridad.

Para muchos era el “remake” femenino de “Solo ante el peligro”. En el que el “peligro” era la Junta de Andalucía en manos del PSOE-A. Y ella, una mujer sola. Gary Cooper.

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Sus continuas apariciones en televisión y prensa, tirando del carrito, llegando o saliendo de los Juzgados –mostrando un interminable fondo de armario-. Su portada de “Vanity Fair”. Su “reboda”, en el oratorio de San Felipe Neri, de la Iglesia de San Alberto Magno, renovando los votos de 30 años de matrimonio con el auditor Jorge Castro. Los ríos de elogios hacia su persona. Sus dos páginas de fans en Facebook, una  “Club de Fans de Mercedes Alaya”, con 52.358, y otra “Fans de la Juez Mercedes Alaya”, con 20.419 seguidores. Todo ello, y mucho más, le hizo creer que lo podía todo.

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No obstante, cuando tuvo que decidir si coger el tren de la Audiencia Provincial, de pasar a una nueva fase de su vida formando parte de un tribunal colegiado, o quedarse en el Juzgado de Instrucción 6 de Sevilla, y desde el que había puesto en jaque a la propia Junta de Andalucía, se lo pensó mucho.

En ese órgano judicial había servido durante los últimos 17 años. El mismo desde el que su antecesor, Ángel Márquez, había instruido el caso Juan Guerra.

Quería las dos cosas, pero las dos cosas no podían ser. ¿O sí?

Antecedentes había. Como el de Miguel Ángel Torres, instructor del caso Malaya, titular del Juzgado de Instrucción 5 de Marbella, que en julio de 2006 promocionó al Juzgado de lo Penal número 5 de Granada, y a quien el CGPJ le prorrogó el cese y la toma de posesión en su nuevo destino en dos ocasiones, hasta julio de 2007, para que terminara la instrucción.

O el de Germán Varela Castejón, que en abril de 2009 recibió el nuevo destino al que había optado por escalafón, en el Juzgado de Instrucción 2 de Pontevedra, quien continuó en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 2 de Figueres, durante seis meses en las mismas condiciones que Torres.

Por no olvidar a Luis Aláez, titular del Juzgado de Instrucción 3 de Santiago de Compostela cuando tuvo lugar el accidente del tren de alta velocidad Alvia, en 2013. En febrero de 2014 fue nombrado nuevo titular del Juzgado de lo Penal 1, pero no tomó posesión, quedando en comisión de servicio seis meses más, hasta la llegada del nuevo juez.

El camino estaba trillado. Por poder, se podía.   

El CGPJ sólo tenía que decirle a Mercedes Alaya que si elegía  el destino de magistrado de la Audiencia Provincial de Sevilla no tomaría posesión sino que permanecería en comisión de servicio seis meses más o, incluso, otros seis meses más, en el 6 de Instrucción.

Tiempo suficiente para cerrar lo que tuviera que cerrar.

Sin embargo, eso no ocurrió.

Un vocal del CGPJ, elegido a propuesta del Partido Popular, y hombre de confianza del presidente, Carlos Lesmes, le aseguró a Alaya, primero, que podría tomar posesión de su nuevo destino sin problemas y, segundo, que no sólo seguiría como juez de apoyo en su antiguo juzgado sino que además tendría “ordeno y mando” sobre los ERE, los cursos de formación y los avales de IDEA. Música para sus oídos.

Era una promesa que no tenía demasiada base legal, porque no tenía poder para hacerlo realidad. Pero la juez se la creyó.

TODO COMENZÓ BIEN

Tras tomar posesión, el 24 de junio pasado, Alaya descubrió que el mango de la sartén en el Juzgado, de acuerdo con la Ley Orgánica del Poder Judicial, lo tenía su sucesora, María Núñez Bolaños, con quien no hubo sintonía.

Para ella eso supuso un demérito. Porque la nueva juez venía de ser titular de un juzgado de familia durante los últimos once años.

A sus ojos, la experiencia de la nueva no se podía comparar con la suya.

A ella, a la que en Sevilla la conocen por el apodo de “la más grande”; la “madre” de los casos de los ERE, Betis, Mercasevilla 1 y 2, Avales y Cursos de Formación, nadie podía venir a darle lecciones en derecho procesal penal práctico.

Cuando “la nueva” aterrizó y propuso a los fiscales trabajar en equipo, con Alaya, con Álvaro Martín, el otro juez de apoyo nombrado por el CGPJ, con los secretarios judiciales, con los funcionarios, de los que estaban muy escasos, se echaron a reír abiertamente.

Nadie veía a Alaya como una “jugadora de equipo”. Iba contra su propia naturaleza.

Sin embargo, las cosas comenzaron bien para la juez estrella.

En la línea de las promesas del CGPJ: El Plan de actuación aprobado por el TSJA en junio establecía que ella se encargaría de la instrucción de los ERE y del delito societario de Mercasevilla.

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Núñez Bolaños, por su parte, llevaría los casos de formación y los avales y los préstamos concedidos por IDEA.

Álvaro Martín seguiría resolviendo el día a día del Juzgado.

Parecía que la cosa podía funcionar.

Sólo parecía.

ATAQUE DE ARROGANCIA

La decisión de Núñez Bolaños de solicitar -avanzado julio- a las partes personadas en el caso de los ERE su opinión sobre la división de la causa en diversas piezas, tal como había solicitado el Ministerio Fiscal varias veces en el pasado a la propia Alaya, provocó en la magistrada una reacción que sólo se puede calificar como de ataque de arrogancia en grado sumo.

La “juez estrella” respondió, enviando un escrito a la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial –saltándose al TSJA-, en el que descalificaba a Núñez Bolaños.

Ellos sí la entenderían. Debió pensar que estarían con ella, que comprenderían lo injusto de la situación. Sólo así se puede explicar la redacción del texto. Fue fruto de un arranque. 

Así, Alaya comunicó al “Papa” y a los cinco “cardenales” de la Justicia de la Permanente, que su sucesora tenía “escasos conocimientos de la jurisdicción penal” y que, además, mantenía una “estrecha amistad con el consejero de Justicia, Emilio Llera, notorio detractor del trabajo de esta instructora”.

“Las máximas de seriedad y rigor necesario no se dan en María Ángeles Núñez” añadió, y “es imposible que la titular pueda informar de causas que no conoce”.

En lo que a la previsible división de la causa de los ERE se refiere, afirmó: “En los ERE pretende aprovechar estos días de estancia en mi actual plaza de la Audiencia para dividir la causa en piezas… y con esta resolución evitaría mi entrada en la comisión de servicio relativa a esta causa”.

Lo evitaría, según su punto de vista, porque ella se oponía en redondo a tal división. Quería la causa de los ERE una e indivisa sólo para ella.

«Mi gran preocupación ha dejado de ser la ralentización de las causas (que sin duda se produciría), sino la ausencia de confianza que su actuación me genera por su actuación en los ERE y Cursos de Formación”, añadió más adelante.

El escrito suponía un ataque personal y profesional, sin precedentes de ningún tipo, en toda regla contra su sucesora.

También una conducta más propia de una adolescente despechada que de una magistrada a la que se le debía suponer el autocontrol y la mesura apropiada.

Por su contenido, se podía deducir claramente que no había asumido en absoluto su nuevo estado profesional. 

SE SALTÓ LA CADENA DE MANDO

Como era lógico, el escrito de Alaya terminó por llegar a la “puenteada” Sala de Gobierno del TSJA, el “obispado” de la Justicia en esa Comunidad Autónoma. Porque eso es lo que había hecho, “puentear” a sus inmediatos superiores, saltarse la cadena de mando.

La Sala, como era de esperar, cerró filas con Nuñez Bolaños, defendió su profesionalidad y declaró con rotundidad que estaban «totalmente fuera de lugar las alegaciones efectuadas por la señora Alaya Rodríguez».  

Sus manifestaciones «denotan una evidente falta de voluntad de cumplir el objetivo de colaboración con la titular, aspecto que debiera ser convenientemente valorado».

Y le recordaron Alaya algo que no debía olvidar: “Su posición actual es la de colaboradora de la titular del juzgado, a quien compete, en último término, la responsabilidad por el funcionamiento del mismo en su conjunto. La titular ha accedido al cargo tras la resolución de un concurso de plazas judiciales de carácter reglado, sin que resulte lícito, por tanto, cuestionarse su idoneidad e independencia».

Traducido: un correctivo en toda regla.

El escrito al CGPJ lejos de “liberarla” de Núñez Bolaños cavó su tumba.

NÚÑEZ BOLAÑOS TROCEA LA CAUSA DE LOS ERE

La titular del Juzgado de Instrucción dividió finalmente la causa de los ERE, en el que había ya 263 imputados, y que seguía creciendo y amenazando con hacerse inmanejable, permitiendo que muchos de los delitos pudieran prescribir.

Y lo hizo en 204 partes separadas, tal como se había hecho en el caso Palma Arena, en Baleares. Fueron dos grandes piezas por un lado: La primera relativa al procedimiento específico y la segunda comprendiendo las sobrecomisiones. Y por el otro 202 piezas pequeñas, una por cada ayuda sociolaboral o directa a empresas.

De acuerdo con fuentes judiciales consultadas por Confilegal, “la división era la única salida para llevar a término las investigaciones. En el caso de los ERE, Alaya se estaba hundiendo en un océano de papel, que, unido al resto de las macrocausas, comprendía un océano. Se hizo lo único lógico. Lo que debería haberse hecho desde el principio”.

Núñez Bolaños, en consecuencia, presentó en septiembre un nuevo plan, más acorde con los objetivos que se querían acometer, que no eran otros que cerrar las instrucciones sobre los delitos investigados.

La actitud rebelde de Mercedes Alaya se lo puso fácil al TSJA. Llegaron a la conclusión final de que la convivencia entre ambas magistradas era imposible.

Por ello, la Comisión de la Sala de Gobierno del TSJA, formada por los magistrados Elena Arias-Salgado, Damián Álvarez y Antonio Alcalá, presidentes de las Audiencias Provinciales de Jaén, Sevilla y Málaga, José María Páez, juez decano de Málaga, María José Rivas, jueza de Primera Instancia 14 de Granada, María Luisa Zamora, del Primera Instancia 26 de Sevilla, y Juan José Parra, del Penal 2 de Jerez –los mismos que habían santificado antes de la partición del caso de los ERE que lo instruyera Alaya- revocó la comisión de servicio a la magistrada.

La decisión fue tomada por unanimidad.

Alaya quedó fuera.

Fue un revés extremadamente doloroso, que se unió al que sufrió la pasada primavera, cuando la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo calificó las irregularidades como una prevaricación administrativa por un procedimiento “ilegal”, frente a su tesis de que era una malversación de fondos públicos.

La Sala había instruido la pieza separada de los aforados, entre los que se encontraban los expresidentes de la Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán y tres diputados nacionales.

O el de sus nuevos compañeros de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Sevilla, su destino actual, que, en un auto muy crudo, emitido a mediados de septiembre, revertieron numerosas decisiones tomadas por Alaya cuando era jueza instructora en el Juzgado 6 de Instrucción.

Le acusaron de tomar decisiones “sin razonar” al rechazar peticiones de la fiscalía sin aportar argumentos.

Su salida, muy dolorosa, ha sido por la puerta de atrás.

Los ánimos de la magistrada, comprensiblemente, están por los suelos, como lo prueba su ausencia, el pasado viernes, en la comida de despedida por jubilación a Luis Rodríguez-Varo, secretario judicial de su Juzgado durante los 17 años que estuvo al frente de éste órgano judicial.

El mismo día que el CGPJ ratificó la decisión del TSJA de cesarla como jueza de apoyo.

Sí fue su sucesora, María Núñez Bolaños, que ahora, con las manos libres, está convencida de que todo va a tomar velocidad de crucero.

A Alaya le quedó, eso sí, la mini-manifestación de apoyo de 50 personas que el sábado pasado salieron a las calles de Sevilla para mostrarle su cariño y comprensión y para gritar, a quienes les quisieran escuchar, que a “la más grande” la habían hecho la vida imposible. Si no, la cama.

Cerrada  la página Alaya, al Juzgado de Instrucción 6 de Sevilla regresa ahora la paz tras casi cuatro meses de turbulencia. Una paz vital para afrontar la resolución de las macrocausas que restan por resolver.

“Estamos en la fase de dividir el material, de darle velocidad a todo. Necesitamos más funcionarios. Hemos pedido el apoyo de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil y tenemos la oportunidad de poner en macha la unidad de apoyo judicial, diseñada por el CGPJ. Esto va a salir sí o sí, que a nadie le quepe la menor duda”, explicaron fuentes del Juzgado a Confilegal.  

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