El magnicidio del presidente del Consejo de Ministros (como se denominaba en 1870 al presidente del Gobierno), Juan Prim i Prats, el 27 de diciembre de ese año, cambió la historia española. Es muy probable que, de haber vivido, España no habría sufrido la crisis del 98 y la guerra civil. Uno de los más importantes documentos del proceso será, a partir de ahora, exhibido en el Tribunal Supremo.
CARLOS BERBELL
Rafael Catalá, ministro de Justicia, hará mañana entrega del manuscrito, que recibe el nombre de «apuntamiento», al presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes.
El documento es un resumen de la causa del magnificido del general Juan Prim y Prats, cuando tenía 56 años. Pasará a formar parte de la exposición permanente del Alto Tribunal.
A día de hoy, todavía se desconoce quiénes fueron sus autores y cuáles fueron los intereses que les condujeron a matar al presidente.
Sólo hay un caso que se le pueda comparar, por la importancia del asesinado: la muerte del presidente John Fitzgerald Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Estados Unidos. Al igual que en el caso de Prim no se sabe, a ciencia cierta, quienes formaban el complot; sólo se supo de uno, Harry Oswald.
En el citado documento se relatan las incidencias y los apuntes realizados por el secretario judicial duante la investigación del complot que se tejió contra la máxima autoridad política del momento, que había conseguido aprobar la reinstauración de la monarquía en España, pero de una casa diferente a la de los borbones: la casa de Saboya.
El nuevo rey, Amadeo Primero, fue elegido por las Cortes Generales el 26 de diciembre. Al día siguiente, el mismo día que mataron a Prim, inició su viaje a España para tomar posesión de su corona.
El entonces presidente del Gobierno, miembro del Partido Progresista, había sido actor principal en las contiendas carlistas, en América, en el Norte de África y en Crimea.
Participó en la coalición multinacional formada por fuerzas militares de Francia, Gran Bretaña y España que en 1861 desembarcaron en México después de que el gobierno de Benito Juárez decidiera cancelar el pago de la deuda externa.
Prim se negó a secundar los planes de Francia, que quería instaurar un sistema monárquico en México, en la persona de su candidato, el prìncipe Maximiliano de Austria, destituyendo previamente a Juárez. Por ello, ordenó a las tropas españolas embarcar rumbo a Cuba.
Aquella decisión fue muy criticada por su antecesor, en la Presidencia del Consejo de Ministros, Leopoldo O’Donnell, que pretendía recuperar la influencia española en México, el cual trató de articular una censura oficial gubernamental contra Prim. Éste, sin embargo, contaba con el apoyo de la reina Isabel II y la maniobra quedó en nada.
La retirada del cuerpo expedicionario español es el punto de partida histórico de las magníficas relaciones que después han mantenido ambos países porque demostró a la joven República mexicana que la antigua metrópoli no tenía interés en devolverla a su estado de colonia.
Prim, de ideología liberal progresista, era un adelantado a su tiempo. Propuso la independencia de Cuba si así lo decidía el pueblo cubano en referéndum, una amnistía para los patriotas cubanos, y una compensación a España.
El proyecto habría saneado la Hacienda pública española, pero encontró una fuerte oposicíón. Jamás se llevó a cabo.
El entonces presidente del Gobierno también veía con buenos ojos dotar de autonomía a Puerto Rico y a Filipinas.
EL ATENTADO
Prim fue tiroteado la tarde-noche del 27 de diciembre de 1870 cuando se dirigía en berlina desde el edificio de Las Cortes, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, a su residencia oficial.
El carruaje fue bloqueado en la calle del Turco (hoy marqués de Cubas) por tres coches.
Las heridas que sufrió el general Prim no fueron mortales de necesidad. Murió varios días después supuestamente a causa de una infección.
La investigación judicial sobre el magnicidio se prolongó durante 10 años. En ese tiempo, más de diez juez y fiscales trataron de llegar a la verdad, pero nunca se pudo dilucidar quiénes habían sido sus autores.
La muerte de Prim dio al traste con sus planes regeneracionistas.
Amadeo de Saboya fue coronado rey en 1871 pero un año después, privado de su principal apoyo, renunció a la corona.
Un estudio realizado por una universidad madrileña en 2014 sugirió que podía haber sido estrangulado, pero no hubieron pruebas concluyentes.
Antes de la entrega del documento, el ministro de Justicia y el presidente del TS firmarán un convenio de colaboración para desarrollar actividades formativas en la carrera judicial