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Opinión | El Papa León XIV nos ha dejado mensajes inolvidables que deberían tenerse bien presentes para una regeneración de la clase política

Manuel Jaén reflexiona sobre los mensajes del Papa León XIV en España y su llamada al diálogo, el respeto y la regeneración de la clase política

14/06/2026 03:06

Acaba de marcharse el Papa y gran parte de los ciudadanos de nuestro país, seguro que con el Rey Felipe VI a su frente, ya echan de menos su compañía y sus sabias palabras. Todos esos mensajes tan bien articulados a lo largo de su periplo por varios lugares de nuestro país, comenzando por la capital, Madrid, en donde el Papa pronunció discursos de una enorme profundidad sobre las principales cuestiones que a todos nos conciernen: la dignidad humana, la paz, la inmigración, la familia y el diálogo social.

Los mensajes, en su integridad, los tenemos a nuestra disposición, y seguro que para muchos serán un valioso material de consulta en más de una ocasión y, desde luego, deberían serlo con más intensidad y frecuencia, por muchos políticos, que hacen de la disputa y el odio al contrario su principal forma de pensamiento y actuación, seguidos o apoyados por ciertos sectores de los mass media, irradiando una permanente actitud de enfrentamiento y rencor hacia los que consideran “el contrario”.

Cuando una pareja de jóvenes le pidió al Papa, en su visita, un consejo para poder mantener una relación sólida, aquel contestó, entre otras cosas, que la convivencia se construye, y creo que esto es válido para parejas y para todo tipo de convivencia, a través del respeto.

El respeto es un valor que viene impuesto por la dignidad humana, que aparte de ser un principio moral incuestionable, viene reconocido en el artículo 10 de la Constitución, como fundamento del orden político y de la paz social, que debería tenerse muy presente en todo tipo de relación y, en particular, por los interlocutores que participan en los debates públicos.

Una frase repetida de León XIV

Hay una frase del Papa, creo que repetida por él en varias ocasiones, que nos hace pensar en lo que los ciudadanos españoles vivimos todos los días, con no poco desagrado y rechazo, desde hace ya algún tiempo, que no es otra cosa sino los permanentes duros enfrentamientos entre partidos, entre políticos, y sus respectivos afines.

Esa frase, que aquellos deberían asumirla y obrar conforme a ella, es la siguiente: «entendimiento en lugar de enfrentamiento», que supone dialogar, argumentar, en su caso acordar, siempre en el marco de un debate basado en el respeto del otro y de los principios comunes que rigen el Estado democrático de Derecho.

Lo anterior me lleva a otra grandiosa frase del Sumo Pontífice, expresada en uno de sus discursos de Madrid, cuando dijo que hay que huir de ideologías prefabricadas”, seguida de la afirmación de que es necesario huir de la polarización.

En efecto, es bastante frecuente que esas ideologías, por muy respetables que sean, pues es lo propio del pluralismo que forma parte de nuestra convivencia, se apoderen de muchas personas, sobre todo en determinados partidos políticos, como un férreo corsé, que impide a sus defensores o partidarios reconocer el bien que pueden suponer ciertas propuestas provenientes de otras ideologías.

Aquí vuelvo a repetir algunas de las afirmaciones, que ya hice en anteriores ocasiones, del mayor y prestigioso filósofo de nuestro país, José Ortega y Gasset, en el prólogo para franceses de su libro La rebelión de las masas, pronunciadas en 1930.

Cuando decía queser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”.

Añadiendo, además, que “la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la ‘realidad’ del presente, ya falsa de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías”.

La polarización política, un peligro

Es decir, esa polarización, impuesta por las ideologías que se pretenden opuestas, representa, a mi juicio, un peligro para el propio sistema democrático y, en definitiva, para una convivencia armónica que permita resolver conjuntamente los problemas que ha de afrontar la sociedad, provocando permanentemente enfrentamientos entre diferentes partidos políticos, alentados por los mass media, profundizando en la división entre “izquierdas” y “derechas”.

Con ese deplorable encasillamiento, en lugar de hacer los esfuerzos necesarios por alcanzar, como nos lo decía el Papa ese entendimiento, que es la llave para la solución de los problemas.

Pero el entendimiento presupone una buena disposición, abierta, para hablar, debatir, contrastar razones y argumentos, conformar si es necesario; en fin, un buen talante y unos buenos conocimientos para el diálogo al que se refería el Papa.

Y para profundizar realmente sobre los temas objeto de discusión y, en este sentido, a veces se gana, con la razón y con buenos argumentos, y otras se pierde. Algo que forma parte del entendimiento, al que igualmente se refería el Papa. La pregunta es si todos los que participan en la actualidad del debate público cuentan con la necesaria preparación para ello.

El discurso de León XVI ante Las Cortes Generales

Especial recuerdo merece la mención que hizo León XIV en el discurso ante las Cortes Generales, del totus orbis, que permite afirmar la existencia de vínculos jurídicos y morales entre los pueblos. Y la reflexión de la Escuela de Salamanca con especial referencia a Francisco de Vitoria, que contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad. Y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes.

Lo que lleva a afirmar, concluía el Papa en su discurso, que la dignidad, la justicia, y el bien común, sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

En fin, a mi juicio, y el Papa, con sus mensajes, me ha permitido confirmar este pensamiento. Hay que volver a los fundamentos de la democracia, esto es, al diálogo y el consenso, a los que Ortega y Gasset se refirió al defender la necesidad de una regeneración democrática, frente al caos del radicalismo que se apoderó de la sociedad española en tiempos de la II República, principalmente de sus dirigentes políticos, y que, sin duda, fue la causa de su fracaso. Afirmando que “la República es una cosa y el radicalismo es otra”, y criticando la fuerte politización y polarización de la sociedad, con posiciones cada vez más radicalizadas (v. “Rectificación de la República”, en Revista de Occidente, 1932).

Sabias palabras las de Ortega y de plena actualidad, como gran parte de su pensamiento, a pesar de haber transcurrido casi un siglo desde que las pronunciara.

Nos quedamos con el lema de la visita del Papa a España, «Alzar la mirada», para salir de la resignación y abrirse a la esperanza. Y aunque este lema tenga un indudable significado espiritual y pastoral, también puede interpretarse en clave de servicio a los demás, de anteponer los intereses generales sobre los individuales, de adoptar siempre una actitud de buena disposición para el diálogo, desde el respeto y la dignidad que todo ser humano merece, sin exclusiones.

Y junto a este hermoso lema aquel otro antes mencionado, del que debería tomar buena nota la clase política y las comparsas de ciertos partidos: entendimiento, siempre entendimiento, en lugar de enfrentamiento.

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