Francisco Javier Delgado Barrio, uno de los grandes magistrados de la Justicia española de las últimas décadas, expresidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y exmagistrado del Tribunal Constitucional, ha fallecido este viernes en Madrid a los 93 años.
Con su muerte desaparece un jurista que recorrió prácticamente todos los escalones de la Justicia española y que llegó a presidir, entre 1996 y 2001, las dos instituciones que simbolizan la cúspide del Poder Judicial: el Tribunal Supremo y su órgano de gobierno.
El Consejo General del Poder Judicial ha comunicado este 25 de septiembre su fallecimiento y ha expresado su pesar por la pérdida de quien ocupó su presidencia durante cinco años. También el Tribunal Constitucional, del que formó parte en dos etapas distintas, ha transmitido sus condolencias.
Delgado Barrio pertenecía a una generación de magistrados para los que la independencia judicial no era una fórmula retórica, sino la condición misma sobre la que descansaba el Estado de Derecho.
Una idea que repitió a lo largo de su vida profesional y que sintetizó en una expresión especialmente gráfica: la del juez sometido al ordenamiento mediante una «obediencia pensante».
Obediencia a la ley, pero razonada, interpretada y aplicada desde los principios y valores de la Constitución.
Con él se va una figura poco dada a los focos y muy dada al rigor. Pertenecía a esa generación de jueces que se hicieron a sí mismos juzgado a juzgado, en destinos pequeños y lejanos, antes de llegar a la cúspide del Poder Judicial.
Sus restos han sido trasladados al Tanatorio de La Paz, en la Autovía de Madrid a Colmenar, Salida 20. Se encuentra en la Sala 9. A las 18.00 horas tendrá lugar una misa por su alma.
DE BARBASTRO A LA CÚSPIDE DEL PODER JUDICIAL
Nacido en Barbastro (Huesca) el 21 de octubre de 1932, Francisco Javier Delgado Barrio era doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.
Su carrera estuvo marcada desde el principio por unos expedientes académicos y profesionales poco comunes.
En 1959 obtuvo el número uno en las oposiciones al Cuerpo de Secretarios de la Administración de Justicia. Posteriormente ingresó en la Carrera Judicial y comenzó a ejercer como juez en Viella, en Lleida.
Después pasarían por sus manos juzgados de Estepona, Aoiz, Tudela y Tafalla.
El salto decisivo llegó a mediados de los setenta. En 1974 superó las oposiciones de magistrado especialista en lo contencioso-administrativo, de nuevo con el número uno de su promoción, y se incorporó a la Sala de ese orden en la Audiencia Territorial de Burgos, donde siguió hasta 1984.
Esa especialización definiría buena parte de su trayectoria.
Delgado Barrio se convirtió con el tiempo en uno de los grandes especialistas españoles en Derecho Administrativo y, particularmente, en el control jurisdiccional de la actuación de las Administraciones Públicas y del urbanismo.
En 1984 dio un primer paso hacia el gobierno de los jueces al ser designado vocal del Consejo General del Poder Judicial para cubrir los últimos años de su primer mandato.
En 1986 llegó a la Sala Tercera del Supremo, entre 1991 y 1994 ocupó la vicepresidencia de la Junta Electoral Central y en abril de 1995 pasó al Tribunal Constitucional a propuesta del CGPJ.
Allí dejó una importante producción jurisprudencial sobre los límites de la actuación administrativa, la potestad sancionadora, el urbanismo y las garantías de los ciudadanos frente a los poderes públicos.
DOS VECES MAGISTRADO DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
En abril de 1995 fue nombrado magistrado del Tribunal Constitucional a propuesta del Consejo General del Poder Judicial.
Aquella primera etapa sería corta.
Poco más de un año después abandonó el Constitucional porque le esperaba la máxima responsabilidad dentro del Poder Judicial.
El 24 de julio de 1996 fue nombrado presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial. El nombramiento quedó formalizado mediante el Real Decreto 1840/1996.
Su talante negociador le permitió salir elegido por unanimidad. De perfil conservador, situó como prioridades reforzar la independencia judicial y agilizar el funcionamiento de la Administración de Justicia, y llegó a advertir contra el creciente margen discrecional del Gobierno invocando razones de seguridad pública. Le relevó al frente de ambas instituciones, el 7 de noviembre de 2001, Francisco José Hernando, también del sector conservador.
Permanecería en el cargo hasta noviembre de 2001.
Fueron cinco años particularmente relevantes para la modernización del Poder Judicial.
Durante su presidencia se impulsó el Libro Blanco de la Justicia, presentado en 1997, uno de los grandes documentos de diagnóstico y reforma de la Administración de Justicia de aquella época.
También fue una etapa en la que comenzó a consolidarse la Escuela Judicial de Barcelona y en la que el Consejo fue ampliando su estructura y sus mecanismos de gobierno.
Pero, por encima de las cuestiones organizativas, Delgado Barrio convirtió la independencia judicial en uno de los ejes fundamentales de su discurso institucional.
Décadas después, recordando su experiencia como miembro de dos Consejos Generales del Poder Judicial, insistiría en la razón constitucional de ser del órgano: mantener a los jueces alejados de cualquier dependencia política.
En un texto escrito con motivo del 40 aniversario del CGPJ explicó que la Constitución creó el Consejo precisamente para desapoderar al Ejecutivo de determinadas facultades sobre los jueces y garantizar que las decisiones judiciales fueran fruto únicamente de aquella «obediencia pensante» al ordenamiento jurídico que tanto le gustaba reivindicar.
DEL SUPREMO, OTRA VEZ AL CONSTITUCIONAL
No hubo retiro. Días después de cesar, el Congreso lo propuso de nuevo como magistrado del Constitucional, donde permaneció hasta julio de 2012.
Esa segunda etapa, prolongada más allá de su plazo ordinario por el bloqueo en la renovación del tribunal, le hizo partícipe de algunas de las deliberaciones más tensas de la historia de la corte de garantías.
Fue nombrado nuevamente magistrado en noviembre de 2001, esta vez a propuesta del Congreso de los Diputados.
Permaneció en el Constitucional hasta julio de 2012. Durante esa etapa fue el ponente de dos sentencias históricas que posibilitaron la entrada de las cámaras de televisión –y los fotógrafos– en los juicios y que cambiaron el panorama informativo hacia la apertura que vivimos hoy.
Fue, por tanto, protagonista privilegiado durante más de tres décadas de algunas de las instituciones esenciales del sistema constitucional español.
Juez, magistrado, miembro del Consejo General del Poder Judicial, magistrado del Supremo, presidente del Alto Tribunal y del CGPJ y, finalmente, integrante del máximo intérprete de la Constitución.
Muy pocos juristas españoles han acumulado una trayectoria institucional semejante.
UN ADMINISTRATIVISTA DE REFERENCIA
Pero reducir a Delgado Barrio a sus cargos sería dejar fuera una parte esencial de su figura.
Fue, ante todo, un jurista.
Su especialidad fue el Derecho Administrativo y particularmente una cuestión que atravesó buena parte de su obra: hasta dónde puede llegar la discrecionalidad de la Administración y dónde comienza el control de los tribunales.
En ese campo fue considerado uno de los especialistas españoles de referencia.
Entre sus trabajos destaca El control de la discrecionalidad del planeamiento urbanístico, publicado por Civitas en 1993, además de numerosos estudios sobre tutela judicial, procedimiento administrativo, jurisdicción contencioso-administrativa y potestades públicas.
Compaginó igualmente la carrera judicial con la docencia.
Fue profesor ayudante de Derecho Civil en la Universidad Complutense y profesor de Derecho Administrativo en el Colegio Universitario de Burgos y en el centro asociado de la UNED de esa misma ciudad.
Su trayectoria fue reconocida con la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort y la Gran Cruz del Mérito Militar.
En septiembre de 2022, cuando estaba próximo a cumplir los 90 años, la Universidad Isabel I lo invistió doctor honoris causa, convirtiéndolo en el primero de su historia en recibir esa distinción.
LA INDEPENDENCIA COMO PRINCIPIO
Quienes conocieron la trayectoria profesional de Delgado Barrio recuerdan especialmente su concepción del juez.
No entendía la independencia judicial como un privilegio corporativo de magistrados y jueces.
La concebía como una garantía del ciudadano.
El juez, en su pensamiento, no debía responder ante gobiernos, partidos, intereses económicos, medios de comunicación ni estados de opinión. Pero tampoco podía sustituir la voluntad del legislador por la suya propia.
Debía obedecer al Derecho.
Pensándolo.
Interpretándolo.
Aplicándolo conforme a la Constitución.
De ahí aquella expresión de la «obediencia pensante», que acabó convirtiéndose casi en una definición de su manera de entender la función jurisdiccional.
Javier Delgado Barrio perteneció a una generación que construyó buena parte de la arquitectura judicial surgida de la Constitución de 1978.
La vio nacer, la ayudó a consolidarse y terminó ocupando algunas de sus más altas responsabilidades.
Este viernes, 25 de septiembre de 2026, la Justicia española ha perdido a uno de sus grandes magistrados.
Descanse en paz.