El Rey Felipe VI eligió ayer el escenario de mayor proyección diplomática posible para fijar posición sobre la crisis de Ceuta: la cena de gala en el Palacio Real con motivo de la visita de Estado del presidente francés, Emmanuel Macron.
Y lo hizo sin matices: la entrada de más de 80.000 migrantes desde Marruecos a finales de julio, «violando la frontera española, que es, también, una frontera europea, es inaceptable».
No es un calificativo menor en boca del Jefe del Estado, cuyas intervenciones públicas suelen medir cada adjetivo.
El artículo 56 de la Constitución le atribuye la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales, y el marco elegido, con el mandatario francés como invitado y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, entre los asistentes, convierte sus palabras en un mensaje dirigido, sobre todo, a Bruselas.
Lo sucedido, sostuvo el Rey, plantea «un desafío mayúsculo, desde el punto de vista de seguridad y orden público y humanitario». Esa triple dimensión (policial, de orden interno y de atención a las personas) es la que, a su juicio, exige una respuesta que desborde las capacidades de un solo país.
Una responsabilidad compartida
El núcleo del discurso estuvo en la idea de corresponsabilidad. Felipe VI defendió que se trata de «una situación que debe tener como consecuencia un refuerzo de la colaboración entre los estados miembro, en recursos y cooperación».
Y lo concretó con una frase que resume la posición histórica de los países mediterráneos en el debate migratorio europeo: «Los países que soportamos una mayor presión por encontrarnos en la frontera exterior de la UE no podemos afrontar solos una responsabilidad que es de todos».
El monarca reclamó, en esa línea, que los europeos sean «más eficaces y solidarios en la protección de la frontera exterior de la Unión».
Macron, que ya había expresado su solidaridad con España tras los hechos, no se refirió al asunto durante la cena. Su silencio en ese foro concreto no altera, sin embargo, la declaración de apoyo que había trasladado con anterioridad.
Segunda intervención y viaje pendiente
Es la segunda vez que el Rey se pronuncia públicamente sobre la situación en Ceuta. Queda pendiente la visita que realizará junto a la Reina Letizia a la ciudad autónoma y a Melilla, anunciada por el presidente del Gobierno, y cuya fecha aún no se ha concretado.
El Rey enmarcó la cuestión migratoria en una reflexión más amplia, habitual en sus discursos de política exterior.
Apeló a «la mejor versión de Europa» en «este tiempo convulso en que tanto se habla de la quiebra del orden internacional, del realineamiento de las grandes potencias, del proteccionismo comercial y de la progresiva desconexión de las cadenas de valor, cuando más importancia cobra tener una casa de todos los europeos».
La referencia a Ceuta encaja así en ese argumento: si la frontera de Ceuta es frontera de la Unión, su protección no puede depender exclusivamente del Estado que la tiene en su territorio.