Julio Guija, organizador de las XX Jornadas de Documentos Jurídico-Psiquiátricos, celebradas en Sevilla, destaca la necesidad de que juristas y psiquiatras compartan un lenguaje común ante los nuevos retos que plantea la inteligencia artificial. Foto: Confilegal.

Julio Guija: «La pregunta no es qué puede hacer la IA, sino qué va a dejar de hacer el médico»

El organizador de las XX Jornadas de Documentos Jurídico-Psiquiátricos defiende que la IA puede ser una herramienta de gran utilidad en la práctica clínica, pero siempre bajo supervisión médica y con reglas claras sobre sus límites y responsabilidades. En la foto durante la sesión de mañana de ayer sábado. Foto: Confilegal.

4 / 10 / 2026 05:43

Las XX Jornadas de Documentos Jurídico-Psiquiátricos, celebradas en Sevilla bajo el lema «Redes sociales e inteligencia artificial: retos jurídicos y psiquiátricos del siglo XXI», han reunido de nuevo 52 especialistas del Derecho y de la Psiquiatría para abordar problemas que afectan a ambos ámbitos.

En esta vigésima edición, la inteligencia artificial ha ocupado buena parte del debate: cómo puede ayudar en la práctica clínica, qué límites necesita, quién responde cuando interviene en una decisión médica y hasta dónde debe llegar la regulación.

Julio Guija, psiquiatra forense, organizador de este evento anual junto a la magistrada María Nuñez Bolaños, defiende que el gran valor de estas jornadas es conseguir que juristas y psiquiatras se escuchen, comprendan las dificultades del otro y hablen un lenguaje común.

Veinte años de jornadas. ¿Cómo se consigue mantener durante tanto tiempo un encuentro tan especializado?

Con mucho esfuerzo y con una convicción clara por parte de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental y de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental: la relación entre el mundo jurídico y el psiquiátrico es fundamental.

Las personas con enfermedad mental son, en muchos casos, especialmente vulnerables y necesitan también protección desde el punto de vista legal.

Para los psiquiatras es importante conocer ese ámbito jurídico porque después pueden tener que explicar ante un juez por qué adoptaron o no una determinada decisión respecto de un paciente.

Y ocurre también al contrario. Los juristas necesitan conocer mejor la realidad psiquiátrica.

Este año la inteligencia artificial ha ocupado buena parte de las jornadas. ¿Existe preocupación entre ambos colectivos?

Sí, aunque cada uno la contempla desde su perspectiva.

El jurista se pregunta hasta dónde se puede llegar, qué se puede hacer, qué no y qué debería regularse. Una cosa es regular las aplicaciones concretas de la inteligencia artificial y otra, más compleja, controlar cómo se genera y desarrolla esa tecnología.

Después está su aplicación práctica. Ahí entran las normas nacionales y, en nuestro caso, la regulación de la Unión Europea.

Y aparece otra cuestión fundamental: la responsabilidad cuando algo sale mal.

Julio Guija reivindica el diálogo entre juristas y psiquiatras como herramienta imprescindible para afrontar los desafíos que plantea la inteligencia artificial sin perder de vista los derechos de las personas. Foto: Confilegal.

¿Qué preocupa especialmente a los psiquiatras?

Cómo utilizar la inteligencia artificial en beneficio del paciente.

Hay algo aparentemente sencillo que para nosotros tiene una enorme importancia: poder mirar al paciente mientras hablamos con él. La entrevista psiquiátrica es esencial para el diagnóstico. Hay que observar la cara, los ojos, los gestos, los movimientos de las manos.

Pero durante años el médico ha tenido que dedicar buena parte de la consulta a escribir delante del ordenador. En lugar de mirar al paciente, estaba mirando la pantalla.

Ahora hay programas de inteligencia artificial que permiten mantener la conversación mientras la herramienta transcribe lo que se está diciendo. Después puede ordenar la información e incluso ayudar a preparar un informe.

Eso supone una ayuda extraordinaria.

¿Puede la IA ayudar también en el diagnóstico y el tratamiento?

Puede ayudar, pero la palabra importante es precisamente esa: ayudar.

La inteligencia artificial puede colaborar en el diagnóstico, en el tratamiento y en muchas tareas, pero todo debe estar supervisado por el médico.

La pregunta no es solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, porque cada vez puede hacer más cosas. La verdadera pregunta es qué va a dejar de hacer el médico.

Y, al menos hoy, el médico no puede dejar sus decisiones enteramente en manos de una máquina.

Ahí aparece inevitablemente la cuestión de la responsabilidad.

Exactamente. Si el médico supervisa y adopta la decisión, hay que determinar claramente dónde está la responsabilidad.

Hay situaciones especialmente delicadas. Imaginemos que una herramienta de inteligencia artificial detecta que una persona presenta un grave riesgo de suicidio. ¿Debe comunicarlo automáticamente al sistema sanitario? ¿En qué condiciones? ¿Tiene que existir una autorización previa del paciente?

Son cuestiones que hay que aclarar.

El campo de actuación de la inteligencia artificial es tan amplio que necesitamos delimitar qué se puede hacer y qué no.

«La inteligencia artificial puede colaborar en el diagnóstico, en el tratamiento y en muchas tareas, pero todo debe estar supervisado por el médico».

¿Todavía estamos ante un terreno con muchas cosas por definir?

Absolutamente. Todavía no sabemos con precisión hasta dónde podemos llegar en muchos ámbitos.

Por eso son útiles estas reuniones. Los psiquiatras escuchamos a los juristas y los juristas escuchan a los psiquiatras. Cada colectivo descubre las dificultades que está encontrando el otro.

Una de las cosas que llama la atención es precisamente la buena relación entre ambos colectivos.

Es importante. Somos un grupo relativamente reducido y eso facilita mucho las cosas.

Cuando todos entienden que existe una preocupación común y que cada profesional encuentra dificultades en su trabajo, surge empatía.

Además, pedimos a los ponentes algo muy concreto: que hablen de forma sencilla. Si el ponente es psiquiatra, no está hablando solamente para psiquiatras. Y si es jurista, tampoco se dirige exclusivamente a juristas.

Si empezamos utilizando lenguajes completamente diferentes, será imposible avanzar.

En la foto con Álvaro Martin, presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla, que cerró las Jornadas 2026. Junto a ellos, Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, Pedro Moreno Gea, editor de psiquiatria.com, y Juan Carlos Campo, magistrado del Tribunal Constitucional. Foto: Confilegal.

Durante las jornadas realizan, además, una encuesta antes y después de las ponencias. ¿Qué pretenden medir?

Queremos comprobar si todo este esfuerzo sirve para cambiar algo.

Nos interesa saber con qué ideas llegan los participantes y con cuáles se marchan después de escuchar ocho ponencias y participar en los debates.

A veces cambian las opiniones y otras veces no. Y que una opinión no cambie también puede resultar interesante.

Hay que preguntarse por qué. Puede ser porque los argumentos no hayan sido suficientes o porque estemos ante una cuestión sobre la que existe una posición muy asentada.

Después corresponde a los organizadores analizar esos resultados.

Después de veinte años, estas jornadas han acabado generando también conocimiento propio.

Sí. Las ponencias, los debates y las conclusiones se revisan y posteriormente se publican, normalmente en febrero o marzo.

Todo queda recogido en una monografía con su ISBN y se publica a través de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental. Allí pueden encontrarse también las publicaciones de años anteriores.

Es importante porque permite que todo ese trabajo no termine cuando acaba la reunión.

Una de las cuestiones de fondo es la protección de los derechos de las personas con enfermedad mental.

Exactamente. A veces se olvida que detrás de cualquier actuación psiquiátrica hay una persona que tiene derechos.

Durante décadas existió una visión muy vinculada al poder del psiquiatra sobre el paciente. Hoy la concepción es distinta.

El psiquiatra debe tener muy claro que está ante una persona que puede encontrarse en una situación de vulnerabilidad, pero que conserva la misma dignidad y los mismos derechos que cualquier otro ser humano.

Por eso necesita conocer también las normas que regulan su actuación y los límites jurídicos y éticos de sus decisiones.

Cuando un psiquiatra actúa como perito ante un tribunal, ¿qué necesita conocer?

Necesita dos tipos de conocimiento.

El primero es evidente: tiene que saber Psiquiatría. Debe conocer el diagnóstico, los tratamientos, la psicopatología y cómo se desarrolla una entrevista psiquiátrica.

Pero eso no basta.

Se puede ser un magnífico psiquiatra clínico y no saber actuar correctamente como perito ante un tribunal.

Cuando informas a un juez tienes que conocer también qué dice la ley, cómo se interpreta, qué jurisprudencia existe y qué espera el tribunal de tu informe.

Además, no es lo mismo actuar en un procedimiento penal, civil o laboral.

El perito debe entender los dos mundos. Solo así podrá explicar correctamente al juez qué significado tienen, desde el punto de vista psiquiátrico, los hechos que está analizando.

También parece importante crear un ambiente donde los participantes puedan hablar con libertad.

Muchísimo.

Intentamos generar desde el primer momento un espacio de confianza. Presentamos a unas personas con otras y facilitamos el contacto.

Cuando alguien se encuentra en un ambiente excesivamente formal, mide mucho más sus palabras y acaba limitándose a cuestiones puramente técnicas.

Cuando existe confianza, la comunicación fluye de otra manera. Eso se nota en el lenguaje, en los debates y en las relaciones personales.

Las ponencias siguen siendo rigurosas y técnicas, pero procuramos que el lenguaje sea asequible y divulgativo.

Ese ambiente ayuda precisamente a cumplir el principal objetivo de estas jornadas: conseguir que psiquiatras y juristas se entiendan.

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