Alejandro Castellano Sans, fundador y CEO de Maite.ai, explica que la inteligencia artificial no debe sustituir al abogado, sino potenciar sus capacidades, mejorar su competitividad y permitir que los profesionales independientes y los pequeños despachos accedan a herramientas tecnológicas hasta ahora reservadas a las grandes firmas. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Alejandro Castellano: «Maite.ai convierte al abogado en un profesional más rápido, más competitivo y eficiente»

9 / 10 / 2026 05:44

Maite.ai nació en Barcelona en 2024 con una idea que su propio fundador reconoce hoy que era equivocada: utilizar la inteligencia artificial para sustituir al abogado. El contacto con el mercado le hizo cambiar de rumbo. Dos años después, la legaltech española se ha convertido en una herramienta dirigida específicamente a profesionales jurídicos y, desde febrero de 2026, forma parte del grupo francés Doctrine.

Su apuesta tiene un destinatario muy definido: el abogado individual, el autónomo y los despachos pequeños y medianos.

La compañía ha fijado el precio de su servicio en 99 euros al mes con la idea, según explica su CEO, Alejandro Castellano Sans, de que la inteligencia artificial jurídica no quede reservada a las grandes firmas con mayores recursos.

La filosofía de Maite.ai puede resumirse en una idea: utilizar la inteligencia artificial para convertir al abogado en un profesional más rápido, más competitivo y eficiente.

No se trata, sostiene Castellano, de sustituir su criterio, sino de reducir el tiempo que dedica a tareas repetitivas, ampliar su capacidad de análisis y permitirle concentrarse en aquello que realmente aporta valor al cliente.

En esa evolución también intervienen abogados junto al equipo tecnológico. El objetivo es trasladar al producto la lógica jurídica, las necesidades reales de los despachos y la forma en que un profesional analiza un asunto.

Ingeniero de Telecomunicaciones, Castellano explica en esta entrevista cómo nació el proyecto, por qué considera imprescindible que el abogado pueda comprobar las fuentes utilizadas por la inteligencia artificial y qué cambia con Maite V5 Omni, la última versión de la plataforma.

¿En qué momento vio que la inteligencia artificial podía tener realmente sentido en el sector jurídico?

Yo venía de trabajar en otro proyecto de legaltech, así que conocía bastante bien a los abogados porque habían sido clientes y colaboradores. Al mismo tiempo, soy ingeniero de Telecomunicaciones y seguía muy de cerca la evolución de la inteligencia artificial generativa.

Hubo dos cosas que me parecieron evidentes. La primera es que esta tecnología maneja especialmente bien el lenguaje, y los profesionales jurídicos trabajan fundamentalmente con lenguaje. La segunda es que permite una interacción muy natural. Ya no necesitas llenar una aplicación de botones, pantallas y menús: puedes hablarle o escribirle como lo harías con otra persona.

Después empecé a comprobar si esa intuición tenía sentido empresarial. Encontré, entre otros, un informe de Goldman Sachs que señalaba al sector jurídico como uno de los más expuestos a la automatización mediante IA generativa. Ahí pensé que podía existir una oportunidad real.

Pero la primera idea de Maite era bastante diferente de la actual.

Completamente. La primera idea era sustituir al abogado. El mensaje era prácticamente «Adiós abogados. Hola Maite». Cuando fui a enseñárselo a los abogados, algunos me miraban como diciendo: «¿Tú te crees que soy tonto?».

Aquello me enseñó dos cosas. La primera, que la tecnología no estaba preparada para sustituir al abogado. Después de todo lo que hemos aprendido, creo que nunca lo estará por completo.

La segunda fue empresarial. Podíamos ofrecer a un particular un contrato o un testamento por 20 euros, pero un profesional iba a utilizar la herramienta de forma recurrente. Ahí hicimos lo que en el mundo de las startups se llama un pivote: cambiar el modelo de negocio.

Volvimos a enseñar el producto a los abogados y la reacción cambió. Nos dijeron: «Si termináis bien esto, puede ser una herramienta muy útil». A partir de ahí empezamos a construir Maite.

Castellano describe cómo la nueva versión V5 Omni permite a los abogados analizar expedientes completos, contrastar argumentos jurídicos, anticipar las estrategias de la parte contraria y preparar mejor sus asuntos, sin renunciar al criterio y la responsabilidad profesional del jurista. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

¿Y qué papel tienen los abogados en el desarrollo de la herramienta?

Un papel muy importante. Maite no se desarrolla únicamente desde la parte tecnológica. En el desarrollo del producto trabajan también abogados junto a ingenieros y perfiles técnicos.

Eso es clave porque una inteligencia artificial jurídica no puede construirse solo desde el código. Tiene que entender cómo trabaja un abogado, cómo analiza un expediente, qué información necesita, qué riesgos debe detectar y qué tipo de respuesta le resulta realmente útil.

Además, desde el primer momento hemos puesto las versiones de Maite delante de profesionales reales. Los abogados nos han dicho qué funcionaba, qué no funcionaba y qué necesitaban en su día a día.

Muchos usos que hoy forman parte del producto nacieron precisamente de esa interacción con ellos.

¿Qué diferencia a una inteligencia artificial jurídica de una herramienta generalista como ChatGPT?

La seguridad jurídica. Las inteligencias artificiales cometen errores. Quien diga lo contrario no está contando toda la realidad.

Nosotros hemos intentado especializar la tecnología para reducir esos errores en el ámbito jurídico. Una referencia que utilizamos es el test de acceso a la judicatura, en el que Maite llegó a obtener 99 respuestas correctas sobre 100.

Eso no significa que no pueda equivocarse. Precisamente por eso hay una segunda cuestión que para nosotros es fundamental: dar al profesional herramientas para comprobar la respuesta.

Un abogado no puede presentar un escrito confiando ciegamente en una inteligencia artificial y descubrir después que una sentencia citada no existe. Ya hemos visto casos de documentos judiciales en los que aparecían resoluciones inventadas por una IA.

Es decir, el abogado tiene que poder comprobar de dónde sale cada respuesta.

Exactamente. Si Maite utiliza un artículo, una sentencia o una resolución, el profesional puede consultar la fuente en la que se apoya la respuesta y acceder directamente a ella.

Para nosotros esto es esencial. No estamos hablando de delegar el razonamiento jurídico en una máquina. El abogado sigue siendo quien analiza, comprueba y toma la decisión.

La inteligencia artificial sirve para hacer mucho más rápido aquello que el jurista ya hacía.

«Ya vemos despachos pequeños, de cinco, seis, siete u ocho abogados, que nos dicen que gracias a estas herramientas prácticamente pueden duplicar el número de clientes que gestionan».

¿Ese es el problema de la denominada «caja negra» de la inteligencia artificial?

Sí. Una herramienta jurídica no puede limitarse a darte una conclusión sin que puedas saber en qué se basa.

Por eso queremos que el abogado pueda verificar las fuentes. La inteligencia artificial puede ayudarte a localizar información, relacionarla y plantearte posibilidades, pero quien tiene el conocimiento jurídico y la responsabilidad profesional sigue siendo el abogado.

No es una herramienta pensada para que una persona sin conocimientos jurídicos sustituya a un profesional.

Sin embargo, usted dice que algunos abogados empiezan a utilizar Maite para asuntos que antes no se atrevían a asumir.

Fue algo que descubrimos gracias a los propios clientes. Al principio pensábamos sobre todo en ahorro de tiempo: un trabajo que antes necesitaba una semana podía hacerse en un día.

Pero algunos despachos comenzaron a decirnos algo diferente: «Esto me permite entrar en cuestiones que antes no me atrevía a abordar».

La IA puede funcionar como una segunda opinión, como ese compañero al que preguntas: «Estoy preparando este asunto, ¿tú qué harías?». Durante un tiempo nosotros hablábamos del «alter ego» del profesional jurídico.

Eso no elimina la especialización ni convierte automáticamente a nadie en experto en cualquier rama del Derecho. Pero sí puede ampliar mucho la capacidad de análisis del profesional.

¿Eso es lo que quiere decir cuando afirma que Maite convierte al abogado en un profesional más rápido, competitivo y eficiente?

Exactamente. Por un lado, permite reducir muchísimo el tiempo de determinadas tareas. Por otro, amplía la capacidad de análisis del abogado y le permite contrastar más opciones antes de tomar una decisión.

Si una tarea que antes necesitaba varias horas puede resolverse en mucho menos tiempo, ese profesional puede dedicar más atención al cliente, asumir más asuntos o profundizar más en aquellos que ya lleva.

Ahí está la ventaja competitiva. No se trata de hacer desaparecer al abogado, sino de darle una herramienta para hacer mejor y más rápido aquello que ya sabe hacer.

El futuro de la abogacía pasa por integrar la inteligencia artificial en el trabajo cotidiano de los despachos, pero sin perder de vista que el criterio jurídico, la responsabilidad profesional y la relación de confianza con el cliente siguen siendo insustituibles. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

¿Cómo funciona esa interacción en la práctica?

Puede ser oral o escrita. La idea es precisamente que sea sencilla.

Puedes decirle: «Tengo una herencia con estas circunstancias» y explicarle el problema de forma natural. También puedes incorporar la documentación relacionada con un procedimiento y trabajar a partir de ella.

La facilidad de uso siempre ha sido una obsesión nuestra. Los ingenieros tendemos a hacer productos con muchos botones, opciones y pantallas. Aquí intentamos exactamente lo contrario: que una tecnología muy potente resulte muy sencilla para el profesional.

¿Qué supone el salto a Maite V5 Omni?

La diferencia principal es que intentamos que analice el asunto de una manera más global.

Antes el funcionamiento era más parecido a: tú haces una pregunta y Maite responde. Pero el contexto completo del caso estaba fundamentalmente en la cabeza del abogado.

Con V5 Omni tratamos de ir un paso atrás. El profesional puede incorporar, por ejemplo, veinte documentos relacionados con un procedimiento. La herramienta analiza esa información y, a partir de ahí, puede ayudarle a identificar los problemas jurídicos, estudiar alternativas, plantear pasos y trabajar sobre una posible estrategia.

¿Puede analizar también el asunto desde la perspectiva de la parte contraria?

Por supuesto. Y es una de las posibilidades que más utilizan algunos profesionales.

Puedes pedirle: «Analiza este asunto desde la posición de la contraparte», «dime qué preguntas podrían hacerle a mi cliente», «qué preguntas podría formular yo a la otra parte» o «dame argumentos a favor y en contra».

Eso aporta una perspectiva distinta. Cuando estás muy metido en un expediente, tener esa segunda mirada puede ser útil para detectar cuestiones que no habías considerado.

¿Hasta el punto de proponer una estrategia jurídica?

Puede ayudar a plantearla. Le facilitas la documentación y puede identificar posibles pasos, acciones o enfoques. También puede distinguir determinadas tareas que puede realizar la herramienta de aquellas en las que necesariamente debe intervenir una persona.

Pero insisto en una idea: no sustituye la decisión profesional.

Uno de los principales temores de los despachos al utilizar IA es la confidencialidad. ¿Qué ocurre con los documentos que sube el abogado?

Estamos trabajando con información muy sensible. Una cosa son las fuentes públicas, como leyes o sentencias, y otra completamente diferente es la documentación que introduce un despacho: expedientes, modelos, contratos, plantillas o información de clientes.

La información de cada cliente solo puede ser accesible por ese cliente. Está cifrada, nuestros servidores están en Europa y cumplimos la normativa española y europea de protección de datos.

Es una cuestión absolutamente crítica. Los propios clientes nos someten constantemente a revisiones y auditorías sobre seguridad y protección de datos.

«No queremos sustituir al abogado. Queremos que el abogado individual y los pequeños despachos puedan hacer más, competir mejor y dedicar menos tiempo a tareas mecánicas y más a aquello para lo que realmente necesitan su conocimiento, su criterio y su relación con el cliente».

Maite nació sin una gran ronda de inversión detrás. ¿Por qué decidió crecer así?

Porque había aprendido de experiencias anteriores. Había participado en proyectos en los que diez personas podían estar un año trabajando en una oficina, gastar un millón de euros y después salir al mercado y descubrir que al cliente aquello no le solucionaba ningún problema.

Con Maite hicimos lo contrario: poner el producto delante del cliente cuanto antes.

Y vi reacciones que no había visto nunca después de muchos años desarrollando tecnología. En una demostración preguntábamos al abogado: «¿Qué tienes que resolver hoy?». Cogíamos un trabajo real y lo hacíamos delante de él.

Cuando una persona ve que algo para lo que calculaba cuatro horas puede resolverse en una fracción de ese tiempo, entiendes que tienes algo potente entre manos.

¿En qué cifras se encuentra actualmente la compañía?

Hemos superado los 3.100 clientes, entre despachos pequeños y medianos, departamentos jurídicos de empresa y administraciones y organismos públicos y los 130.000 usuarios.

Al principio hubo bastante incredulidad en el mercado. Algunos competidores no se creían nuestro ritmo de crecimiento. Después empezaron a producirse acercamientos.

Doctrine es un buen ejemplo.

Doctrine adquirió Maite en febrero de 2026. ¿Qué vio el grupo francés en ustedes?

Estábamos creciendo a un ritmo muy elevado y Doctrine quería estar presente en toda Europa. España era un mercado importante.

Tenían básicamente dos posibilidades: empezar desde cero, crear un equipo, desarrollar el producto e intentar entrar en el mercado español, o adquirir una compañía local que ya estuviera funcionando.

Optaron por la segunda.

¿Significa eso que existe una única Maite para toda Europa?

No. El Derecho es profundamente local. La legislación y la jurisprudencia de España son diferentes de las de Francia o Alemania.

Cada país mantiene su negocio y su adaptación local, pero podemos trabajar coordinadamente y aprovechar muchas sinergias tecnológicas.

Eso es una ventaja muy importante de pertenecer a un grupo europeo.

¿Qué cambia tecnológicamente después de entrar en Doctrine, ña empresa francesa de tecnología jurídica especializada en inteligencia artificial aplicada al Derecho y en herramientas digitales para profesionales jurídicos.?

La capacidad de desarrollo aumenta muchísimo.

Cuando formas parte de un grupo más grande tienes acceso a muchos más recursos técnicos y a un equipo de ingeniería mucho mayor. Eso permite evolucionar el producto mucho más deprisa.

La integración en Doctrine debe permitir que Maite dé un salto tecnológico importante.

Alejandro Castellano recuerda que la compañía nació con la intención de sustituir a los abogados mediante inteligencia artificial, una idea que abandonó al comprobar que el verdadero potencial de esta tecnología reside en reforzar el trabajo de los profesionales jurídicos, no en reemplazarlos. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Ustedes han decidido dirigirse especialmente al abogado individual y a los despachos pequeños. ¿Por qué?

Desde el principio tuvimos muy claro que no queríamos que esta tecnología estuviera reservada únicamente a los grandes bufetes, las grandes corporaciones o los grandes patrimonios.

Queremos llegar al abogado individual, al autónomo y al pequeño y mediano despacho. Al abogado que utiliza la mayoría de la sociedad.

Nuestro propósito era democratizar el acceso a esta tecnología. Una gran firma tiene capacidad para invertir muchísimo dinero en herramientas tecnológicas. Un abogado autónomo o un despacho de cinco personas no dispone de esos mismos recursos.

Precisamente por eso nuestro esfuerzo ha sido ofrecer una herramienta potente a un precio que pueda asumir un profesional individual.

Ese precio es de 99 euros al mes. ¿Considera que es asequible para ese perfil de abogado?

Sí. Son 99 euros al mes y, para lo que permite resolver la herramienta, creemos que es un precio muy ajustado.

Podríamos haber situado el producto en un nivel mucho más alto, pero no tendría sentido con nuestra filosofía. Queremos que pueda acceder a él un abogado autónomo y no solamente una gran firma.

La idea es que un profesional individual o un despacho pequeño pueda disponer de capacidades tecnológicas que hasta hace poco estaban prácticamente reservadas a organizaciones con muchos más recursos.

¿Hay demasiado «humo» alrededor de la inteligencia artificial aplicada al Derecho?

Muchísimo. Nosotros mismos cometimos ese error al principio.

Éramos ingenieros entusiasmados con la tecnología y llegábamos a los despachos diciendo prácticamente: «Esto es increíble, mirad todo lo que va a hacer».

Y el abogado, especialmente el que conocía bien el Derecho, hacía una pregunta complicada y Maite se equivocaba.

Entonces entendimos que teníamos que cambiar completamente el discurso. Empezamos a decir: «Maite sirve para esto; para esto otro, no. Y Maite puede equivocarse».

Cuando empezamos a ser absolutamente transparentes sobre las capacidades y las limitaciones, empezamos también a vender.

Entonces, ¿la inteligencia artificial va a sustituir a los abogados?

No desaparecerá el profesional jurídico.

Hemos vivido otras transformaciones tecnológicas profundas: la informática, Internet, la ofimática… Los trabajos no desaparecieron, pero cambiaron.

Con la inteligencia artificial ocurrirá algo parecido. Va a modificar profundamente la forma de trabajar, pero hay una parte fundamental de la relación abogado-cliente que una máquina no puede sustituir.

Cuando yo acudo a mi abogado con un problema, lo que busco es que me diga: «Tenemos esta opción, esta otra y esta tercera. No te preocupes, voy a ocuparme de ello». Esa tranquilidad tiene un componente humano.

La máquina puede ayudarle a trabajar, pero esa relación con el cliente es diferente.

¿Qué ocurrirá entonces con el abogado que decida no utilizar inteligencia artificial?

Puede tener un problema muy serio. Probablemente termine fuera del mercado.

Es como si hoy alguien quisiera continuar trabajando exclusivamente con una máquina de escribir. La IA va a formar parte del trabajo jurídico.

Lo importante no es utilizarla porque esté de moda, sino entender qué puede hacer, qué no puede hacer y cómo incorporarla correctamente al trabajo profesional.

Va a generar una ventaja competitiva enorme. El abogado que la utilice podrá hacer determinadas tareas mucho más rápido que quien siga trabajando exactamente igual que antes.

¿Cómo le gustaría que fuera Maite dentro de tres años?

Me gustaría que los abogados nos dijeran que trabajan mejor y que son más felices porque pueden dedicar más tiempo a aquello en lo que realmente aportan valor.

Ya vemos despachos pequeños, de cinco, seis, siete u ocho abogados, que nos dicen que gracias a estas herramientas prácticamente pueden duplicar el número de clientes que gestionan.

La interpretación negativa sería: «Ahora necesito menos abogados». Pero hay otra forma de verlo: utilizar la tecnología para reducir las tareas de poco valor y dedicar ese tiempo a estar con el cliente, conseguir nuevos asuntos y prestar un servicio mejor.

Ese es el objetivo.

No queremos sustituir al abogado. Queremos que el abogado individual y los pequeños despachos puedan hacer más, competir mejor y dedicar menos tiempo a tareas mecánicas y más a aquello para lo que realmente necesitan su conocimiento, su criterio y su relación con el cliente.

Noticias relacionadas:

Ignacio Juliá, CEO de Santander España: «El valor de la inteligencia artificial no puede quedarse solo en manos de las tecnológicas»

Alejandro Touriño: «No hay otro programa formativo en castellano en Legal Tech y Legal Operations como el de The Valley»

Entrevista | Salvador Vives, CEO del Grupo Tirant: «La inteligencia artificial está en todas partes; el conocimiento jurídico, no»

La tecnología y la IA redefinen la abogacía: LEGALTECH EXPO abordará en Madrid sus retos y oportunidades

Opinión | El abogado que no quería jubilarse

Prudencia.ai se sitúa en primer lugar en un índice de fiabilidad jurídica elaborado por Observatorio Legal

Lo último en Profesionales

Juliá

Ignacio Juliá, CEO de Santander España: «El valor de la inteligencia artificial no puede quedarse solo en manos de las tecnológicas»

lexroom ia jurídica

La IA jurídica en catalán llega a 7.000 jóvenes abogados de Cataluña de la mano de Lexroom y JAC

Urquiola de Palacio

Urquiola de Palacio: «En conflictos complejos y especializados, el arbitraje puede ser una mejor solución que la vía judicial»

de izda. a dcha. Alberto Ramón Gaitán, Víctor Manuel Arrabal, Luis Mayorga, Concepción Pilar Barrio Del Olmo, Juan Jesús Vivas, Manuel Seda, Alfonso Cavallé, Francisco Javier Balsera, Juan Ramón Furrasola y José Eduardo García Pérez

La presidenta del Notariado traslada a Ceuta el apoyo de los más de 2.800 notarios españoles

cgae

El CGAE urge al Gobierno para que apruebe el reglamento de la pasarela al RETA antes del 29 de noviembre