«Aclaración importante: sigo vivo». Con esta rotunda declaración –y mucho humor– el abogado Juan Carlos Rodríguez, de la firma Fides Abogados, de Oviedo, Asturias, comunicaba a sus colegas, amigos y conocidos de LinkedIn que de muerto, nada de nada.
Y es que se había enterado poco, antes, de forma oficial, que había pasado a mejor vida.
Fue en una comunicación formal, mediante el consiguiente oficio, que le llevó la procuradora al despacho. El Juzgado informaba a su bufete que, ante esas «circunstancias», se habían dirigido al Colegio de Abogados para que nombrara un sustituto en la causa que había llevado el «finado» hasta ese momento. Porque era del turno de oficio.
De la incredulidad pasó a la sonrisa y de ahí a la risa. Evidentemente era un error del Juzgado. El muerto debía ser otro. Porque él estaba vivo y muy vivo. Así que decidió compartirlo.
«Hoy el Juzgado me comunicaba, con toda solemnidad, que he fallecido y que debía designarse nuevo letrado en el procedimiento«, explicaba Rodríguez en esa red social profesional, en referencia al escrito que acababa de recibir de un juzgado de Avilés, a 34 kilómetros en dirección oeste noroeste de la capital del principado.
«Como podéis ver, no ha sido necesario recurrir a médiums ni ouijas. Un simple escrito bastó para resucitar jurídicamente. Comparto el escrito con el que intenté tomármelo con humor (y respeto), porque en esta profesión también hay espacio para sonreír… incluso desde el más allá», terminaba su mensaje.
«Tras constatar el fallecimiento del abogado…»
El oficio decía así: «En virtud de la acordado en el procedimiento de referencia y tras constatar el fallecimiento del abogado Juan Carlos Rodríguez Álvarez, remito el presente interesándole la designación de un abogado del turno de oficio que se encargue de la persona identificada en la presente comunicación, debiendo comunicar a este Órgano Judicial el Nombre del colegiado/a sobre el que haya recaído tal designación, con indicación de su número de colegiado y dirección profesional, incluyendo en lo posible su número de teléfono y su dirección de correo electrónico».
Aquello merecía una respuesta. Y Rodríguez decidió disfrutarla.
Y salió este escrito, que dirigió al juzgado. Dice así:
«PRIMERO.- Que en el día de hoy he recibido providencia del Juzgado por la que se comunica, textualmente, que «constatar el fallecimiento del Abogado D. Juan Carlos Rodríguez Álvarez … «, y se remite Oficio al Colegio para designar nuevo letrado.
«SEGUNDO.- Que, afortunadamente para mí y para mis clientes (y esperamos que también para Su Señoría), el que suscribe (después de haberse pellizcado varias veces para ver si seguía aquí) puede afirmar con total certeza y hasta con alegría que sigue vivo. No solo eso: en pleno uso de sus facultades mentales y jurídicas.
«TERCERO.- Que, en consecuencia, y salvo que se trate de un error profético o de una broma muy elaborada por parte del destino, ruego se tenga por no fallecido al Letrado que suscribe y por subsistente su designación en el presente procedimiento».
Y terminaba con un suplico: «SUPLICO AL JUZGADO Que tenga por presentado este escrito, se sirva admitirlo, y tenga por aclarado el malentendido, manteniendo la condición de Letrado designado en autos al abajo firmante, que reitera, con humor y respeto, su condición de vivo».
Para Juan Carlos Rodríguez la cosa ha tenido su gracia. Pocas veces se producen errores o malentendidos de este calibre en el que uno es el protagonista. Errores o malentendidos que invariablemente acaban convertidos en noticias de prensa como esta.
«La verdad es que pocas veces me he reído tanto», ha declarado el abogado a Confilegal.

Comunicación del fallecimiento y contestación del abogado de que estaba vivo y muy vivo.