“Sin Estado de Derecho no hay democracia constitucional, ni seguridad, ni vida económica y social.” Así de rotundo se mostró Manuel Aragón Reyes, exmagistrado del Tribunal Constitucional, durante su intervención en el acto de presentación del libro «Los ángulos muertos del Estado de Derecho», una obra coral de 17 coautores que ha coordinado él y en la que también ha participado. La ocasión tuvo lugar ayer al mediodía en el Salón de Pasos Perdidos del Senado.
La ceremonia estuvo presidida por el presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, y contó con la participación de figuras como Miquel Roca Junyent, llegado expresamente de Barcelona para este evento –y regresado a su ciudad tras el acto– uno de los padres de la Constitución; Juan Pujol, presidente de Lefebvre; y Javier Tello, director general de CEU San Pablo.
Entre el público magistrados del Tribunal Constitucional, como Enrique Arnaldo, César Tolosa y José María Macías, el expresidente y la exvicepresidenta del TC, Pedro González-Trevijano y Encarnación Roca, el vicepresidente del Tribunal Supremo, Dimitry Berberoff, los magistrados Antonio del Moral y Carlos Lesmes, el exfiscal general del Estado y abogado de Garrigues, Eduardo Torres-Dulce, e Ignacio Astarloa, subsecretario de Justicia (2000-2002) y secretario de Estado de Seguridad (2002-2004), entre otros.
El lugar presentó un lleno completo.
Aragón explicó que el propósito del libro no es otro que “sanar los problemas actuales del Estado de Derecho” desde una visión constructiva.
“La idea era reunir a un grupo de juristas solventes y experimentados que, por su trayectoria institucional y académica, pudieran identificar esos ángulos muertos que afectan a nuestro sistema democrático y proponer medidas para enfrentarlos”, indicó.


No es un problema de Constitución, sino de aplicación
En su diagnóstico, el exmagistrado fue claro: “Los problemas que hoy sufre nuestra democracia no se deben tanto a fallos estructurales de la Constitución, cuya arquitectura institucional es sólida, sino a la ineficaz o desleal aplicación del propio sistema normativo”.
Denunció la existencia de una creciente desconexión entre lo que prescribe el marco legal y su cumplimiento efectivo, algo que socava la confianza ciudadana en las instituciones.
“El Estado de Derecho no es una condición suficiente por sí sola, pero sí absolutamente indispensable para que exista una democracia constitucional”, subrayó. Y añadió que no puede haber un Estado de Derecho sin independencia judicial, sin jueces solventes, sin controles jurisdiccionales auténticos ni sin un sistema normativo ordenado y coherente.

Concordia, lealtad institucional y decoro
Para Aragón, el mantenimiento de la democracia constitucional requiere, además de normas, de una ética institucional: “Hace falta lealtad constitucional por parte de las instituciones, decoro institucional y concordia como experimento espiritual que dé estabilidad al sistema. Y eso se está perdiendo”, lamentó.
También reclamó una revisión crítica del marco legislativo, con especial mención a los problemas derivados de una legislación educativa deficiente, y alertó sobre las consecuencias de un uso partidista de las leyes y del sistema judicial.

Una obra pensada para el ciudadano
El libro no está dirigido exclusivamente a juristas, explicó. “No es un análisis académico exhaustivo, sino una reflexión accesible que apela al ciudadano, a los estudiantes de Derecho y a todos los profesionales”, afirmó. El objetivo —insistió— es poner de relieve los desafíos que enfrenta nuestro Estado de Derecho y plantear soluciones que refuercen su integridad.
“Este es un libro necesario porque los problemas no solo existen, sino que pueden agravarse. Pero también es un libro esperanzador, porque demuestra que, con voluntad y responsabilidad, podemos afrontarlos”, concluyó Aragón, agradeciendo tanto a los autores como al Senado por acoger la presentación en un lugar tan simbólico como el Salón de Pasos Perdidos.

Miguel Roca: La Constitución no fue concebida como un texto sacralizado
Previamente a Manuel Aragón, intervino Miguel Roca, ponente de la Constitución, quien subrayó la importancia de una crítica libre y académicamente rigurosa para mantener vivo el espíritu del Estado de Derecho.
“El rigor académico acompaña todo ejercicio crítico que se precie”, afirmó, al tiempo que celebró que el libro refleje esa voluntad de contraste permanente con los ideales constitucionales.
Roca recordó que la Constitución de 1978 no fue concebida como un texto sacralizado, sino como un modelo abierto que debía ser continuamente interpretado y enriquecido por las distintas ideologías, siempre que estas no busquen “secuestrar las instituciones”.

“Con este libro me he reencontrado —perdón— conmigo mismo, con aquel joven que en mayo de 1978 advertía que la Constitución no iba a resolver todos nuestros problemas. Eso depende más de nosotros”, concluyó.
Roca, lejos de sentirse un «corredor en soledad», se mostró agradecido por la compañía de los juristas que firman la obra, a quienes felicitó por su contribución lúcida a la reflexión constitucional contemporánea.