El inspector de la Comisaría General de Policía Científica de la Policía Nacional, José Antonio Rodríguez Pascual, cuenta en su tesis doctoral la eficacia de la tecnología de espectroscopia de plasma en las investigaciones balísticas. Foto. Confilegal.

La Policía Nacional desarrolla una tecnología láser pionera para descifrar disparos con munición sin plomo

3 / 09 / 2025 05:43

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Una escena del crimen puede parecer un rompecabezas indescifrable: casquillos en el suelo, impactos en paredes o coches, huellas químicas invisibles que se disipan con el tiempo. Durante décadas, la balística forense ha dependido de técnicas laboriosas en laboratorio para reconstruir la historia de un disparo.

Pero la llegada de la munición ecológica sin plomo ha supuesto un giro inesperado: los métodos tradicionales habían quedado ciegos ante los nuevos cartuchos “verdes”.

Ante ese vacío, el inspector de la Sección de Balística Forense de la Comisaría General de Policía Científica de la Policía Nacional, José Antonio Rodríguez Pascual, ha dedicado su tesis doctoral a demostrar la eficacia de una herramienta que está cambiando las reglas del juego en las investigaciones: la espectroscopia de plasma inducido por láser (LIBS).

La tesis, titulada «La tecnología LIBS aplicada a la Balística Forense», que Rodríguez Pascual leyó recientemente en la Universidad de Alcalá, relata el desarrollo de esta novísima tecnología, desarrollada por la Policía Científica, que aportó la experiencia de campo y la necesidad operativa, e Indra.

La empresa tecnológica diseñó y fabricó el dispositivo portátil, con el que se puede conocer, en segundos, la composición química de cualquier tipo de residuos de disparo in situ y obtener información que hasta ahora requerían largas horas de laboratorio.

Cómo funciona el LIBS

Imaginemos un puntero láser… multiplicado en potencia. El dispositivo dispara pulsos ultracortos sobre la superficie que se quiere analizar. Cada pulso genera una microchispa, un plasma diminuto. Y ese plasma, al enfriarse, emite luz.

Al descomponer esa luz, aparecen líneas de colores que actúan como una huella dactilar de los elementos químicos presentes. El resultado: en cuestión de segundos, el investigador sabe qué metales hay en la superficie, sin necesidad de transportar muestras a un laboratorio.

El equipo LIBS cabe en una mochila y se maneja en la propia escena del crimen. Policías y peritos pueden aplicarlo sobre ropa, suelos, cristales o vehículos sin necesidad de raspar ni preparar nada. La marca que deja el láser es casi invisible.

En las pruebas realizadas, el sistema detectó residuos incluso en materiales atravesados por proyectiles y, sorprendentemente, siguió hallándolos hasta un mes después del disparo.

El inspector Rodríguez Pascual con un equipo LIBS hacia una lectura de restos químicos de armas de fuego, una tecnología que está revolucionando la investigación policial científica y que ha sido la base de su tesis doctoral por la que ha recibido una calificación de «summa cum laude». Foto: EP.

El cobre, el nuevo “plomo” de la ciencia forense

El hallazgo más revolucionario, según la tesis de Rodríguez Pascual, es que el cobre, presente en casi todos los cartuchos y balas, se ha convertido en el nuevo marcador universal.

Hasta ahora, la detección de residuos de disparo se apoyaba en tres elementos químicos muy característicos: plomo, bario y antimonio. Su presencia en manos, ropa o superficies era la señal inequívoca de que se había producido un disparo.

Sin embargo, la progresiva sustitución del plomo por motivos de salud pública y medioambientales dejó a la balística sin sus principales marcadores. Lo que equivalía a perder el ADN de los disparos. Con el LIBS el cobre pasa a ser el referente que hasta ahora cumplía el plomo.

Cuando se dispara, parte del cobre de la vaina o del blindaje se vaporiza y se mezcla con los residuos, incluso en la munición sin plomo.

Y hay más. Cada munición “ecológica” deja su firma propia: algunas contienen boro, otras zinc, otras aluminio. Así, el sistema puede llegar a asociar un disparo a una marca comercial concreta.

Otro de los grandes hallazgos ha sido la capacidad del LIBS para diferenciar patrones de residuos según la distancia de disparo. A corta distancia, el cobre se concentra en torno al orificio. A medida que la distancia aumenta, los residuos se dispersan más, pero mantienen un patrón reconocible.

Mediante algoritmos de comparación con bases de datos, el sistema clasificó disparos como de corta, media o larga distancia con notable precisión.

José Antonio Rodríguez Pascual, inspector de balística forense: si la munición sin plomo amenazaba con dejar a la ciencia forense sin herramientas, la espectroscopía láser devuelve la capacidad de leer la historia oculta de cada disparo”.

Leer la trayectoria de una bala

La tesis sobre “La tecnología LIBS aplicada a la Balística Forense. Herramienta iForenLIBS» del inspector –y ahora doctor– Rodríguez Pascual también explica que explora si los residuos podían dar pistas sobre el ángulo de entrada de una bala, clave para reconstruir trayectorias.

Usando un adhesivo especial para recoger partículas alrededor de los impactos, se observó que a 90 grados, los residuos forman un anillo simétrico y a 30 o 60 grados la distribución es asimétrica, en forma de media luna, con mayor densidad en el lado por el que la bala entró primero.

Esto aporta un método objetivo para calcular ángulos en materiales deformados o en casos en los que las varillas clásicas resultan imprecisas.

El análisis químico permite también diferenciar entre balas blindadas (que dejan más cobre en el impacto) y semiblindadas (con mayor rastro de plomo). Esta información puede ser decisiva en investigaciones donde se desconoce el arma o el proyectil utilizado.

Un cambio de paradigma

En conjunto, la tesis aporta cuatro grandes avances: El primero, el análisis portátil e inmediato de residuos de disparo en la escena del crimen; el segundo, la identificación de munición sin plomo, gracias al cobre y a otros elementos traza; el tercero, la estimación de distancias y trayectorias mediante la distribución de residuos; y el cuarto, la diferenciación de proyectiles en función de su huella química.

Los efectos prácticos son claros: investigaciones más rápidas, informes periciales más sólidos y una criminalística adaptada a los nuevos tiempos. El resultado es una herramienta que ya se está empleando en las investigaciones en España, lo que sitúa al país a la vanguardia de la balística forense.

Como concluye Rodríguez Pascual –uno de los policías científicos más reconocidos y reputados de su sector– en su investigación, si la munición sin plomo amenazaba con dejar a la ciencia forense sin herramientas, la espectroscopía láser devuelve la capacidad de leer la historia oculta de cada disparo”.

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