En el epicentro del “caso Ábalos” no está únicamente el exministro de Transportes. La investigación y los testimonios señalan a un personaje menos conocido, pero decisivo: Koldo García Izaguirre, el hombre que pasó de chófer a guardián, de asistente personal a presunto recaudador.
Su nombre se repite como un eco en cada capítulo de la trama que amenaza con salpicar al Partido Socialista y al propio Gobierno.
Recomendado por Santos Cerdán, Koldo se convirtió en la sombra de José Luis Ábalos.
Según relató ayer Carolina Perles, exesposa del ministro, en el programa «El precio de… la corrupción», que emitió por la noche Tele 5, su irrupción fue un punto de inflexión en su existencia y en su matrimonio:
“Para mí, Koldo fue un antes y un después en mi vida. Su objetivo era tener controlado a José Luis en todo momento», declaró Perles. «Koldo manejaba todo el dinero. Pagaba todo».
Su presencia en la vida de su marido fue tan invasiva que llegó a interponerse en las conversaciones privadas de la pareja, a entrar en casa sin permiso y a decidir cuándo Perles podía o no hablar con su esposo. En palabras de ella, se comportaba como “un matón”.

El intermediario de las comisiones
El papel de Koldo no se limitaba a la vigilancia. Según la investigación judicial, fue él quien actuó como intermediario en el cobro de comisiones ilegales.
El empresario Víctor de Aldama, considerado “el conseguidor” de la trama, que también declaró en el programa, declaró que muchas de las entregas de dinero se hacían a través de García, con cantidades que llegaron a los 400.000 euros.
Aldama afirmó que había pagado entre 2 y 3 millones de euros a Ábalos y a Koldo, «entre unas cosas y otras». Ante la Justicia antes había declarado que las cantidades habían sido sensiblemente mayores, entre 3,5 y 4 millones de euros, por comisiones en obra pública. Pero aseguró que él no era el único en pagar de esa forma.
Esa función de “puerta de entrada al ministro” le otorgó a Koldo García un poder extraordinario, hasta el punto de convertirse en un filtro obligatorio para cualquier empresario que quisiera acceder a Ábalos.

Prostitución, control y chantaje
Según los testimonios recogidos, fue Koldo también quien introdujo en la vida del exministro catálogos de prostitutas y quien gestionaba las citas. En el entorno de Ábalos se hablaba de fiestas pagadas en metálico, viajes con mujeres y gastos desorbitados cubiertos por fajos de billetes que el propio García transportaba en mochilas.
En el programa también tuvo gran relevancia la figura de una de las prostitutas, Jesica Rodríguez García, de la que se enamoró Ábalos, a la que mantenía en un piso y a la que le consiguió un trabajo en Adif, empresa estatal en la que nunca trabajó. Jésica cobraba 1.500 euros por acompañar al ministro donde fuera.
En total, acompañó a Ábalos en 33 actos oficiales y del PSOE. Rodríguez cobraba 6.000 euros al mes que supuestamente le pagaba Koldo García con dinero de las comisiones. Perles relató que su marido reconoció su relación con la prostituta. «Me dijo que no significaba nada en su vida», contó.
Carolina Perles avisó al partido
Lo más revelador es que estas advertencias no quedaron en la intimidad de Carolina Perles. En 2020, durante un encuentro en casa de la entonces diputada y vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, y Maritza Ruiz Mateos, directora de Comunicación del partido socialista, Perles les contó todo lo que estaba viviendo: la sombra de Koldo, las prostitutas, los sobres con mucho dinero y las pastillas de viagra. Se desahogó.
Ambas dirigentes, alarmadas, trasladaron la información a Carmen Calvo, entonces vicepresidenta del Gobierno. Y esta, a su vez, informaría al presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Era noviembre de 2020.
La preocupación dentro del PSOE y del Gobierno no era solo la corrupción, sino especialmente el impacto electoral de las revelaciones sobre prostitución en el voto femenino. A partir de ahí, el partido impulsó un discurso público sobre la abolición de la prostitución como cortafuegos político.
Perles contó que poco después de hablar con Lastra y Ruiz Mateos, Begoña Gómez, esposa de Sánchez, le invitó a tomar un café, pero que ella no le contó nada.
Nadia Calviño, entonces vicepresidenta del Gobierno y ministra de Economía, vecina suya, por el contrario, no quiso saber nada.
Sin embargo, Sánchez todavía tardó en cesar a Ábalos 9 meses más. Lo destituyó, vía WhatsApp, en julio de 2021.

La pandemia y el negocio de las mascarillas
La crisis del COVID-19 multiplicó supuestamente el poder de Koldo. Desde el Ministerio de Transportes, impulsó junto a Aldama contratos millonarios para la compra de mascarillas. Según la investigación, utilizó su posición para recomendar proveedores a otras administraciones y cobrar comisiones extraordinarias en tiempo récord.
Lo que para el Gobierno era “gestión de emergencia”, para Koldo y su círculo se convirtió en un negocio redondo, con márgenes de beneficio de hasta un 400%.
El hombre que sabía demasiado
Hoy, Koldo García se ha convertido en la pieza central de un caso que combina corrupción, prostitución y degradación política. Es el hilo conductor que conecta las comisiones millonarias de Aldama, la caída en desgracia de Ábalos y el temor de que el escándalo salpique a las más altas esferas del PSOE.
La gran incógnita es si este hombre en la sombra actuaba por iniciativa propia, si obedecía órdenes directas del ministro o si era, como temen algunos en el partido, el engranaje de un entramado aún mayor.